¿Hasta cuándo se mantendrán la ilógica y el disparate en la política exterior norteamericana hacia Cuba? Es una pregunta que se hace todo individuo dotado de una mínima sensatez. ¿Es posible que la inercia sobre un viejo esquema de política exterior continúe gravitando en la nación más poderosa del planeta? ¿Pueden desoírse indefinidamente los continuos reclamos de la amplia mayoría de la comunidad mundial? ¿Es posible hacer oídos sordos a las propias exigencias dentro de la comunidad norteamericana?
Estamos convencidos de que la inmensa mayoría del pueblo de los Estados Unidos – y con ella empresarios agrícolas, industriales, de comercio y turismo – coinciden en lo mutuamente provechoso que resultaría levantar las ominosas sanciones que por casi medio siglo penden desde el Norte como un puñal sobre el pueblo cubano. ¿No sería mejor restablecer un diálogo de mutuas ventajas y cimentar relaciones abiertas y francas sobre bases constructivas y de respeto mutuo?
Este veintiséis de octubre se suma a las fechas históricas. Por decimonovena vez consecutiva, la Asamblea General de Naciones Unidas votó abrumadoramente – 187 votos a favor, 2 en contra y 3 abstenciones – el texto íntegro de la Resolución propuesta por Cuba Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba. Se alzaron una vez más las voces de la comunidad mundial para exigir el término de una medida que, además de ilegal y cruel, lacera la soberanía, no sólo de Cuba, sino de otros Estados que bajo amenaza de sanciones, confiscaciones y multas se ven impedidos de ejercer su soberanía en el comercio y relaciones con la nación bloqueada.
Una vez más, junto a Cuba, triunfan la sensatez y la justicia; la empatía y la verdad. Lo que Cuba y su pueblo padecen desde la imposición del bloqueo es una bofetada a cualquier país, por constituir un mecanismo coercitivo ante el derecho de cualquier nación a construir un proyecto social propio e independiente. Por eso junto al apoyo a la moción presentada por Cuba se condenó la Ley Helms-Burton, que enfatiza la extraterritorialidad del viejo engendro injerencista.
Entre los muchos oradores que argumentaron la irracionalidad de la ley, el representante permanente de Sudáfrica ante la ONU, Baso Sangqu, expresó el punto de vista de su país ante el bloqueo cuando textualmente dijo que "constituye una violación a la ley internacional y su imposición muestra desprecio por los nobles y obligatorios principios concebidos en la Carta de las Naciones Unidas".
Se sabe lo duro que resulta romper la inercia. Por una ley de la física, todo cuerpo tiende a mantener el estado de quietud o movimiento en el cual se encuentra, y parece que esa ley natural también puede aplicarse a la historia.
Sin argumentos, el bloqueo es un fósil de la Guerra Fría. Persiste en Washington el desabrido eco del memorando del 6 de abril de 1960, suscrito por el subsecretario asistente de Estado Lester Mallory, donde reconocía el apoyo del pueblo de Cuba a su Revolución y recomendaba el bloqueo como procedimiento para – con el hambre, las penurias económicas y el desaliento - revertir la situación. El viejo consejo, al parecer, se sigue atendiendo sin darse cuenta de su total inefectividad.
A pesar de los pesares el mundo está del lado de Cuba, de su pueblo, del lado de la justicia y la verdad. Como expresara el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York ayer 26 de octubre: “Estamos en una nueva época y, en nuestra opinión, corresponde a esta Asamblea General, con toda urgencia, como incesantemente pide Fidel Castro, liderar una movilización mundial para exigir el respeto al derecho de los seres humanos y al derecho de los pueblos a vivir.”
Convencidos estamos: más temprano que tarde se impondrá la sensatez. El mundo en pleno ayer, como en 18 veces anteriores, proclamó y apoyó la verdad enarbolada por Cuba. No demorará el día cuando, honrando a George Washington, Abraham Lincoln, Martin Luther King, Lucius Walker y tantos brillantes hacedores de la nación del Norte, se sustituya la daga asesina por el brazo amigo. Que la mano se abra sinceramente extendida para cimentar la amistad y la concordia que sugieren la sensatez, la cercanía geográfica y el profundo deseo de nuestros pueblos.




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