“Todo el mundo decía que yo era una mujer hermosa, tenía el pelo largo, en verdad yo no me encontraba tan bonita, pero todos lo decían y él también lo decía. Entonces había cumplido 20 años y vivía en un bohío con mi familia en un campo total, en lo que es hoy el municipio de Yaguajay.
"Estudié hasta el tercer grado, enseguida me vinculé a la Juventud Socialista Popular, a principios de marzo de 1958 me seleccionaron para la lucha clandestina, bajo las órdenes de Arnaldo Milián, a quien entonces sólo conocía por Alfredo. Yo hacía de mensajera, me mantuve en esa actividad hasta finales de diciembre.
"Un día mi papá me llamó con mucho misterio, Camilo iba a llegar, enseguida me cayó la inquietud por ver cómo era. Lo conocí el 11 de octubre, esa fecha nunca se olvida, en el campamento de Vergara. Entonces lo vi, delgado, ojeroso, con aspecto de cansancio, dinámico como nervioso. La dentadura parejita, muy linda y unos ojos bastante claros, vivarachos, que hablaban solos. Tenía la barba dispareja y tupida y el pelo largo, medio rubio al parecer por el Sol.
"Llevaba la camisa por fuera y la faja arriba, los bolsillos siempre llenos de papeles y otras cosas. No era alto ni bajito y de voz fuerte, no tenía precio para locutor. Allí estuve toda la mañana, Camilo le dictaba varios mensajes a Sergio del Valle y hacía sus chistes también, lo primero que dijo fue que Sergio era casado, que allí el único soltero era él.
"Nosotros nos flechamos, nos enamoramos desde ese primer encuentro, me ilusioné mucho, esa noche pensé en él, soñé con casarme y tener hijos, Camilo siempre decía que íbamos a tener cinco o seis hijos.
Camilo Cienfuegos, uno de los héroes más populares de la Revolución cubana, que desapareció trágicamente en un accidente de avión hace 51 años, también era un hombre de carne y hueso. Camilo, conocido con el hombre de mil anécdotas murió muy joven, pero tuvo tiempo de amar y ser correspondido.
"De él me gustaba todo, era muy apasionado, si lo hubieran dejado, por favor, habría acabado. Una noche, los guerrilleros dormían en la sala y yo en el cuarto, se coló allí, desperté cuando me estaba besando, di un salto, caí en el medio del cuarto y me desaparecí con tremendo susto, yo no le daba chance.
"Aprendí cosas de la vida guerrillera, nos ponía en el patio de atrás, en la hierba fina, fue la primera vez que cogí un arma en la mano, me hablaba de la Sierra. Se llevaba bien con los campesinos de la zona, muy atento con los viejitos. Para la tropa era bueno, pero exigente, le importaban mucho sus hombres, que se sintieran bien.
"De mí se comentaron muchas cosas, en aquella época también había chismes, me decían que tenía otras, que estaba casado, yo sólo fui la novia de Camilo y aunque él quiso, nunca estuvimos. Mantuvimos una relación bastante formal de acuerdo con la época, le pidió permiso a mi papá y una noche Sergio del Valle levantó un acta como si nos estuviera casando en el monte, al estilo de la guerra del '95.
"Después vino la Batalla de Yaguajay, nosotras íbamos a ir como enfermeras, finalmente se decidió que permaneciéramos en el hospital de la Comandancia. El no volvió a Juan Francisco, yo debía haber ido con la Columna para La Habana, entonces todo hubiera sido distinto, no lo hice y me arrepiento, eso me ha angustiado siempre. No lo seguí por ese carácter que yo tengo, por miedo, prejuicios.
"Al triunfo de la Revolución las cosas cambiaron, me propuso que fuera a vivir con él a una casita en Ciudad Libertad, no acepté, yo con aquel ariscamiento. "Traté de verlo unas cuantas veces, nunca estaba, llamaba por teléfono y tampoco, parecían evasivas. No me gustaba como se iban proyectando las cosas hasta que me llené de amor propio y decidí terminar con el noviazgo.
"Un día estaba en la Academia, estudiando, cuando dan la noticia de la desaparición, las muchachitas salieron corriendo, yo no pude porque me dio como un desmayo, allí nadie sabía nada, nadie sabía lo que estaba sintiendo, todavía lo amaba y fue un impacto muy fuerte. Acudí con el pueblo, con todo el mundo, a averiguar, a buscarlo, nunca apareció.
Rosalía Álvarez siguió adelante con su vida como el destino mandaba: trabajó en Salud, aprendió mecanografía, taquigrafía, pasó escuelas de milicias, fue telefonista del Ministerio de Industrias y después del Ministerio del Interior hasta jubilarse. Nunca se desvinculó de la Revolución, militó en la Asociación de Jóvenes Rebeldes y es fundadora del Partido.
"Conservé por mucho tiempo su Diario, cuando la campaña de Yaguajay me dio la mochila para que la guardara con aquellos papeles dentro. Decidí entregárselo a William Gálvez, nadie concibe que no haya guardado un solo recuerdo de él. Mis hijos viven orgullosos de esta historia, la cuentan e incluso el menor, que le puse Camilo, hasta intenta parecérsele.
"Trato de no pensar mucho en él, a veces lloro y me deprimo, principalmente cuando llega esta jornada que lo ponen tanto por la televisión. Algunos días le llevo flores, cuando nadie me ve porque eso pone mal a una. Creo que ya me conformé con la idea de su muerte, aunque no hace tanto soñé que yo había ido allá a Las Villas, a Juan Francisco, y él venía y me abrazaba, lo veía clarito, así con la barba y todo, me abrazaba y me decía: Yo quise venir, yo quise venir, pero no pude, no pude."




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