
Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba
Como informó en la reciente sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros, en el 2010 hubo una mejoría en la correlación entre el crecimiento de la productividad del trabajo (4,4 por ciento), que alcanza 448 pesos, y el de la productividad (4,2 por ciento), prácticamente igual a la unidad.
El también titular de Economía y Planificación vaticinó para el venidero año una relación más favorable, lo cual está asociado al proceso de reducción de las plantillas infladas y la disponibilidad laboral en las entidades del Estado.
Precisamente uno de los propósitos de la actualización del modelo de gestión económica es poner fin a ese negativo fenómeno, que solo se podrá revertir cuando el ritmo de crecimiento de la productividad, a los niveles que requiere Cuba, supere el del salario medio.
Lo cierto es que la mencionada desproporción conlleva a que la sociedad “reparte bienes de consumo más rápido de los que crea”, como advirtió el propio Murillo en una reunión con dirigentes obreros, en la que alertó la existencia de más población ocupada en el sector de los servicios que en el de la producción de bienes, una estructura “que no permite el buen funcionamiento de ninguna economía”.
Para el Doctor en Ciencias Lázaro González Rodríguez, Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana, el problema de la no favorable correlación entre la productividad y el salario medio es complejo y tiene muchas aristas.
En su opinión “su solución pasa por la participación activa, seria y responsable de todos los trabajadores —dirigentes y dirigidos— a todos los niveles del país, la cual requiere de una estrategia bien estudiada y de una actividad sistemática debidamente institucionalizada, pero sin centralismos innecesarios y libre de todo tecno-burocratismo”.
En una investigación científica sobre el tema, el experto subraya que hay que educar a esas personas en cuanto a producir con alta productividad, con el propósito de elevar la calidad de vida del pueblo y no en búsqueda de ganancias.
Por su parte, el Master en Ciencias Roberto Almarales considera que el problema no está en la elevación de los salarios sino en su revalorización.
“Lo que debe hacerse, agrega, es aumentar la productividad para que al existir los productos y servicios disminuyan los precios como resultado de la ley de oferta y demanda”.
Como bien se dijo en las recientes sesiones del Parlamento cubano, la Agricultura y la Construcción son los sectores que concentran un mayor número de entidades cuya productividad del trabajo crece menos proporcionalmente que los salarios que pagan en el periodo, aunque un análisis similar de los últimos cinco años arrojó dificultades también en las industrias Básica y Alimentaria, y en el Transporte.
Varios dirigentes obreros han mencionado como deficiencias que inciden en esta situación los sistemas de pago por resultados sobre la base de indicadores indirectos a la producción, los planes económicos complacientes y las insuficiencias en la organización del trabajo.
Hace unos días el colega Oscar Sánchez, del periódico Granma, escribió que a la población cubana le preocupa, por ejemplo, el tema precio.
“Su único regulador es el aumento de bienes y servicios. ¿Qué pasaría si bajaran por decreto? Aumentaríamos la capacidad adquisitiva de los que hoy tienen mucho más dinero; no estimularíamos la productividad, y el pago con arreglo al resultado caería en un precipicio, pues el salario no jugaría un papel determinante en la aspiración personal; en consecuencia, un golpe mortal a todas nuestras aspiraciones. Cuba seguiría siendo el único país en el mundo donde no hace falta trabajar”.
De manera que como afirman algunos especialistas, el salario ha dejado de ser un factor promotor del crecimiento de la productividad y la eficiencia en Cuba, y la aspiración es que sea el principal estímulo, a partir del principio del Socialismo “de cada quien según su trabajo, a cada quien según su capacidad''.
Pero factores extralaborales hasta ahora han torpedeado este anhelo, como las remesas y los ingresos no provenientes del trabajo honrado, y de manera indirecta los subsidios excesivos y gratuidades indebidas por el Estado, todo lo cual comienza a ponerse ya en orden con las medidas contempladas dentro de la actualización del modelo económico cubano.
Por estos días, y hasta febrero próximo, el análisis en toda la Isla del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, ha sido caldo de cultivo para el más sincero y abierto debate popular y obrero en torno a la trilogía productividad, salario y precios, un asunto bastante complejo pero solucionable sobre el cual empieza a haber conciencia.




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