Los imperialistas han demostrado fehacientemente creerse “que el mundo entero es su aldea, con tal que él quede de alcalde, o le notifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal” (1). Así ha impuesto un férreo bloqueo contra Cuba independientemente que la Organización de Naciones Unidas, en asamblea general, ha votado en diecinueve ocasiones por la eliminación de tan bochornoso acto unilateral de un gigante país contra una isla pequeña del Caribe por el sólo hecho de no seguir, desde 1959, siendo un aldeano sumiso y sometido a sus designios.
Cuando Fidel Castro declaró que José Martí era el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada, en Norte América pudieron pensar que era una frase utilizada al calor de un joven soñador pero pensando que no seria consecuente con ese pensamiento antimperialista que abonó la filosofía de revolucionario y luchador de Nuestro Apóstol.
En la trayectoria de una revolución amenazada antes de triunfar por las administraciones imperiales, desde Dwight D. Eisenhower, quien colaboró con la dictadura de Fulgencio Batista para evitar el triunfo del Ejército Rebelde cuando su victoria era inminente, hasta Barack Obama quien no anda muy lejos de sus antecesores y no ha resuelto nada de lo que prometió en su campaña política. Todos han colaborado, aúpan y protegen a la extrema derecha en su visceral campaña contra el país, donde algunos de estos cubanos americanos tienen un expediente que los hacen dignos de estar en prisión para toda su vida.
Todos los gobiernos norteamericanos en sus maniobras y acciones políticas, económicas y mediáticas han puesto en primera línea vender esa sociedad de consumo como el paradigma de la felicidad y el bienestar.
Para ello poseen todos los recursos para intentar destruir, tergiversar, falsear y eliminar ese faro que hoy alumbra con más fuerza, no sólo en la América Nuestra como la llamara nuestro Héroe Nacional, sino que se extiende a todos los rincones de este planeta donde es reclamado nuestro servicio profesional.
Herederos de esa filosofía revolucionaria martiana los cubanos son consecuentes con su legado y hacen suya estas palabras del maestro: “Nada piden los cubanos al mundo, sino el conocimiento y respeto de su sacrificio: irá al universo su sangre”
Para los incautos de este mundo el aspirado modo de vida es el de la banalidad, el etiquetismo y la superficialidad como principal meta. Sobre ello Martí advirtió: “el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril”.
Martí nunca abandonó el discurso político-social, el discurso conceptual, filosófico, de pensamiento sobre la realidad que analizaba, de la cual obtenía conclusiones a todas horas e hizo recomendaciones para los latinoamericanos.Nuestro Héroe Nacional no dudó que todo lo positivo y que ayudara a nuestros pueblos debía imitarse para alcanzar más ciencia, y más progreso. Pero también advirtió que es lo que se podía o no imitar del modelo norteamericano.
Martí nos aportó esa perspectiva visionaria sobre el peligro que se cernía sobre nuestros pueblos de Latinoamérica y Cuba con el interés desmedido de los Estados Unidos de inmiscuirse en los asuntos internos y de apoderarse de las riquezas de cada país.
He aquí la justeza de estas palabras con los hechos y acontecimientos durante más de 50 años bajo la agresividad más cruel impuesta por un país agresor contra otro, un país poderoso contra uno pequeño sin apenas recursos naturales, pero que en su pequeñez ha dado muestra de firmeza, gallardía, sabiduría y resistencia. Ello es algo que no está dentro de la lógica imperial.




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