
La emisora de Pinar del Río cumple 80 años
Particularmente tuve la suerte de vivir una de las transformaciones más importantes ocurridas a lo largo de estas ocho décadas: la digitalización de todo el proceso radiofónico, algo a lo que quiero dedicarle algunas líneas.
Sin dudas, hoy el imperio de las nuevas tecnologías tiene conquistado el éter nacional. Se trata de una “colonización” bien recibida, que llegó en momentos donde la necesidad de estar a la par del mundo moderno se impuso como hecho irremediable y necesario.
Entonces los sistemas analógicos utilizados durante más de medio siglo quedaron atrás y le cedieron paso a la digitalización, a la multimedia, al sonido real, a la Internet ... y lo que parecía un sueño se hizo realidad. Y junto a este cambio ocurrió, sin dudas, otro aún más importante: la metamorfosis mental.
Hoy ya no basta el empirismo que históricamente caracterizó a la “gente de radio”, cuya formación recibían de los pasillos, del intercambio personal y de la permanencia casi enfermiza en los estudios de grabación y transmisión.
Ahora es imprescindible asirse a una base académica importante para franquear el umbral trazado por la última tecnología, sin renunciar, por supuesto, a todo lo bueno que nace de la vocación.
Vivimos una era de desarrollo, donde la calidad de la señal radiofónica es mejorada considerablemente, la agilidad en la transmisión de datos alcanza niveles insospechados, el destinatario de las emisoras se diversifica, la inmediatez -característica número uno de la radio- se logra con mayor facilidad y se humaniza y economiza la labor de técnicos y profesionales.
Y junto a esta revolución va la preparación constante del personal, pues a Cuba, como a todo país subdesarrollado, le urge saltar al parejo de las demás naciones en la presente evolución tecnológica que identifica al mundo.
17 de febrero de 2011




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