
Héctor Quintero, dramaturgo cubano
En homenaje a este dramaturgo que deja profunda huella en nuestra cultura entrego mi tributo de admiración a quien creyó en mi propuesta de entrevista.
Actor, director, dramaturgo, compositor musical, cantante, declamador de altos quilates. Asuntos todos que se incluyen en la biografía de Héctor Quintero. Desde el estreno de sus primeras piezas teatrales (Contigo pan y cebolla, 1964 o El Premio flaco, 1966), hasta las más recientes (Te sigo esperando, 1996, o El lugar ideal, 1998), y las más recientes en su inspiración, se afirma que sus obras son una suerte de crónicas (fragmentadas) de la vida cubana (cotidiana) llevadas al teatro. Durante varias décadas la calidad artística de sus textos ha sido admirada por varias generaciones.
Quintero es una referencia inevitable en la historia de nuestro teatro que ya mostró su perdurable misterio inicial cuando, enraizado en los areítos, punta y luz del larguísimo despegue hacia lo insondable de nosotros, la primera página fue escrita de un género popular que aún va a la zaga de lo artístico en nuestro país sin que obviemos sus logros y potenciales, sus triunfos y sus provocaciones fallidas.
Cuando a mis alumnos de Teatro de la Escuela de Instructores de Arte “Eduardo García Delgado”, en La Habana, les entrego el amplio panorama del desarrollo teatral en Cuba, tan lleno de altas y bajas, cosas buenas y cosas malas, como es la vida misma, y llegado el punto donde incursionamos en la obra de Héctor Quintero, un brillo especial advierto en los que me escuchan decididos a saborear la dramaturgia de un autor, si no prolífico, sí profundo y sugerente.
Admiran el donaire de sus diálogos, para mí, una de las virtudes en la obra de este autor. Y tal vez sea porque pienso que sin un excelente diálogo el sol se oscurece tras los telones de fondo. Bien que he admirado, gustoso, los buenos diálogos de autores españoles y argentinos, los más precisos para mí. Y vuelvo a detenerme en otro peldaño de la escalera para comentar que el texto de ciertos autores teatrales cubanos a veces cae en vacíos frondosos, donde el trinar de los pájaros agota el oído humano y se menosprecia el bolsillo de los que (incluyan aquí las distancias que tienen que andar por la ciudad para llegar a una sala teatral) desean entretenerse, cultivarse, pagan y se marchan en medio de la función o resisten vendavales hasta el final (que de todo hay en nuestras ciudades) atacados por la desilusión.
La entrevista que leerán es fruto de un error. Sucede que hace unas semanas llegó a mi correo cierta propaganda de pastillitas de moda para acrecentar la vitalidad masculina en menesteres sagrados y entre los nombres a quienes se les enviaba estaba el de Quintero. Por ahí supe su correo y le escribí para confirmar el personaje. Me respondió que nada tenía que ver con esa propaganda mal enviada y que efectivamente era el autor teatral por el cual yo preguntaba. Días después le enviaba un cuestionario que respondió sin demoras.
Disfruten lectores algunas de sus respuestas.
-Hábleme de su infancia, su entorno geográfico y la huella que dejaron en usted como ser humano.
-La recuerdo como feliz gracias a la maravillosa madre que tuve sobre todas las demás cosas. Mi entorno fue hermoso pues se refiere a la vieja Habana donde nací y viví mis primeros años. Fui un niño pobre y eso, aunque parezca contradictorio, me sirvió para valorar muchas cosas en lo sucesivo.
- Precisemos su formación profesional.
-Cuando terminé mi enseñanza secundaria no tenía suficiente edad para ingresar en un centro de enseñanza media y en ese tiempo estudié inglés, taquigrafía y mecanografía. Luego ingresé en una Escuela de Comercio que había en Guanabacoa, en las afueras de la capital y yo para esas fechas vivía en el centro de la Habana, pero la ruta 5 tenía un servicio de transportación de primera. Durante 2 años estudié Teneduría de Libros y coincidiendo con esos tiempos fui alumno de la Academia Municipal de Artes Dramáticas. Mucho después ingresé en la Universidad. de La Habana como estudiante-trabajador. Hice la licenciatura en Letras Hispánicas, especialidad Estudios Cubanos. En lo que al teatro se refiere, siempre hago justicia señalando a Adolfo de Luís como mi mejor maestro. Fui su discípulo mientras integré el colectivo teatral “Milanés”, creado por él y que existió entre los años 1962 y 65.
-¿Cómo definiría el género teatro?
-Es la literatura diferente. Depende absoluta o casi absolutamente de su realización sobre la escena, pero es también literatura. Y esto es algo que casi nunca han querido reconocer los literatos.
- En su trabajo formal de autor de piezas teatrales qué lo provoca primero ¿el personaje o el claroscuro de la idea temática central? ¿Cómo ha funcionado este mecanismo de creación en sus obras?
-Primero llegan las ideas. Vienen y se posesionan de mí.
-¿La inspiración decide en un autor teatral? ¿Cree en ella o le parece más importante sudar la camisa y que brote tras la búsqueda en el trabajo mismo?
-En mi caso soy un auténtico resultado de la inspiración. Ella me guía.
-Desde su formación personal y su desarrollo en el medio teatral ¿qué elementos valora para calificar de buena una puesta en escena?
-Son muchos esos elementos, ya que el teatro, como el cine, depende de un colectivo donde todas las partes son importantes e imprescindibles.
- Sus más importantes obras de teatro ¿qué tiempo físico le llevó redactarlas?
-No recuerdo. Pero en general soy rápido en la primera versión.
- ¿Qué dos obras de su autoría prefiere? Y en todo caso ¿ por qué?
-En mi caso resulta inevitable referirme a Contigo pan y cebolla y El premio flaco. Ambas me han dado muchas satisfacciones y reconocimientos, pero por la primera siento una atracción especial, un amor casi sublime. La segunda ya ha sido llevada al cine y eso me ha hecho feliz por lo que significa de perdurabilidad. Confío en que también pueda suceder lo mismo con la primera.
- Del Teatro Musical que dirigía, ¿Observa un regreso a él?
-Yo creo mucho en la importancia de las cabezas, en el liderazgo, así como en la alta cuota de entrega que requiere una labor como esa de crear y mantener un colectivo artístico de gran complejidad. Mi entrega a ese trabajo fue absoluta, desgastadora. Hoy día admiro a los teatristas que contra viento y marea se mantienen al frente de teatros y colectivos artísticos enfrentando todo tipo de obstáculos y poniendo en riesgo incluso su salud. Yo ya no puedo hacerlo. No podría volver a entregarme del modo en que lo hice. Y en cuanto a que exista o no un regreso, de momento no lo creo. No existen las condiciones ni los recursos. Puede que haya títulos aislados, pero no la posibilidad de una compañía especializada en el género y con una sede propia como tuvimos. La formación de un colectivo de teatro musical requiere, entre otras cosas, de tiempo, de constancia, de real sacrificio.
- ¿Cómo es la cultura cubana?
- Rica, amplia, abarcadora, sorprendente, como para que todos nos sintamos orgullosos, muy orgullosos de tenerla y de pertenecer a ella...
-Premio Nacional de Teatro. ¿Trajo luces o misterios a su vida profesional?
- En realidad, mi vida no cambió nada a partir de él. Todo sigue igual. Y me parece lógico.
- ¿Qué opina sobre el teatro cubano que ahora mismo se ve?
- Soy de la opinión que en los tiempos más recientes el teatro no es lo que fue. Antes de la política de los proyectos artísticos que se implantó hace ya unos cuantos años había más de una compañía con solidez de repertorio y actores y actrices de primera. Hoy, salvo contadas excepciones, el teatro se ha ido convirtiendo en la plaza de los principiantes, de los recién egresados de las escuelas de arte, de los inexpertos, lo cual es para ellos una oportunidad de lujo y como en Cuba hay tanto talento, siempre uno puede hablar de algo que resulta un verdadero logro artístico.




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