El XXXI Festival del Caribe, evento que contribuye a consolidar los procesos de formación cultural e integración de la región, comenzó hoy con un canto a la diversidad de sus pueblos, en esta ciudad.
En el Complejo Cultural Heredia, un estallido de ritmos y colores reveló la amplitud de los componentes étnicos, lingüísticos y políticos que a pesar de sus diferencias se reconocen en rasgos similares y anhelos comunes.
Agrupaciones folclóricas y portadoras de la cultura popular y las tradiciones en Santiago de Cuba, representaron ese abanico en una gala donde brillaron las Steel Bands de El Cobre y de Trinidad y Tobago -país invitado-, como una de sus expresiones más autóctonas.
Orlando Vergés, director de la Casa del Caribe -institución que convoca el encuentro- expresó en las palabras de apertura que promover la también llamada Fiesta del Fuego presupone reconocer que la cultura caribeña existe, y que es posible distinguirla como una unidad en sí.
La idiosincrasia de esa área geográfica e histórica ha llegado incluso a ser expresión de valores y destinos supranacionales -dijo Vergés- y cuando los pueblos los muestran en su totalidad, alcanza su plena vocación humanista y universal.
Durante la inauguración se entregó el Premio Internacional Casa del Caribe al creador del popular ritmo Pilón, Enrique Bonne, cuya vida es ejemplo de entrega a favor de la cultura nacional y sus más de 200 composiciones son testimonio de la identidad y la picaresca criollas.
El autor de populares sones y guarachas como Que me digan feo y Yo no quiero piedras en mi camino, dirigió su agrupación Los tambores de Bonne, que mantiene vivas complejas combinaciones rítmicas con instrumentos de la percusión cubana y la corneta china, de notable originalidad en el panorama sonoro nacional.




Twitter
Myspace
Digg
StumbleUpon
Netscape
Yahoo
Technorati
Folkd
Googlize this
Facebook
Wikio
Meneame
