Mucho han escuchado nuestros hijos sobre el crimen de Barbados, pero, por fortuna, no les tocó vivir aquellos días de dolor, en que Cuba quedó estremecida por tanta barbarie. 73 vidas arrancadas en segundos, en un crimen de odio, y cuya sangre aún clama por justicia.
En el avión viajaban varios jóvenes guyaneses para estudiar aquí, cinco funcionarios de Corea Democrática y 57 cubanos. Entre esos, la tripulación, directivos de la Flota Camaronera del Caribe, un joven del Ministerio del Interior y 16 atletas, algunos en edad juvenil, con sus entrenadores, técnicos y responsables.
Ellos representaban lo mejor de Cuba en sable, espada y florete, y venían llenos de júbilo, después de arrasar con las medallas de oro del cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, celebrado en Caracas, Venezuela.
Cuba exige justicia
Algunos años después del crimen de Barbados, visitábamos el Museo de la Marcha del Pueblo Combatiente, y allí estaba el trofeo ganado por nuestros esgrimistas en Caracas, rescatado del mar; una hermosa pieza que con honor conquistaron.
No pudieron compartir la alegría con los suyos, porque la bomba segó sus vidas. 35 años después, nuestro país sigue reclamando justicia. Fue un acto terrorista instigado por la CIA, y bajo cualquier ley y en cualquier nación, ese crimen es un grave delito.
Pero Luis Posada Carriles, autor del sabotaje al avión cubano aquel fatídico seis de octubre, aún no ha pagado por ello. Es más, en su total insensibilidad, ni siquiera expresa remordimiento; se jacta de los hechos. Se siente invulnerable y protegido, y se pasea por Miami, mientras el pueblo de Cuba exige justicia.




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