Horriblemente angustiosos debieron ser los últimos instantes en el avión cubano que acababa de despegar aquel 6 de octubre del aeropuerto de Barbados.
Terriblemente angustiosa ha sido desde entonces la existencia de familiares y amigos de aquellos cuyas voces y esperanzas fueron acalladas para siempre en el océano.
La justicia que reclamamos no entraña odio vengativo ni afán de desquite que nos iguale a sus asesinos, pues nada nos devolverá a las víctimas, ni nos resarcirá por el llanto y por el dolor de la impotencia. Lo que demandamos es un acto civilizado de justicia, que admita las penas ocasionadas a nuestro país durante tantos años.
Alguna vez la Casa Blanca tendrá que pedir perdón a los cubanos, que si nunca olvidamos las afrentas que a nuestros padres y abuelos les causaron, tampoco olvidaremos los oprobios con que nos han seguido despreciando. ¡Hasta entonces, la injusticia seguirá temblando!




Twitter
Myspace
Digg
StumbleUpon
Netscape
Yahoo
Technorati
Folkd
Googlize this
Facebook
Wikio
Meneame
