Quiere proteger sus costas, pero el bloqueo y la mafia anticubana se lo impiden

Un operario trabaja en la planta de lodos de la torre de perforación Guanabo
A medida que se acerca más al Golfo de México una plataforma de perforación china conocida como Scarabeo 9, para ser empleada por la compañía española Repsol-YPF y sus socios extranjeros en la búsqueda de petróleo en aguas muy profundas, entre las autoridades norteamericanas, en particular en el seno de la mafia anticubana, aumentan las preocupaciones y pesadillas.
En previsión de cualquier desastre, “expertos que han estudiado las corrientes plantean que un derrame en las aguas de Cuba reportaría un 90 por ciento del petróleo en los cayos y hasta la costa este de la Florida. Pero el embargo deja sensibles recursos costeros de la Florida indefensos”.
Así afirman Sarah Stephens, directora ejecutiva del Centro para la Democracia en las Américas, y Jake Colvin, vicepresidente para Asuntos Globales de Comercio en el Consejo Nacional de Comercio Exterior, autores de un artículo titulado “La política de EE.UU. hacia Cuba y la carrera por la perforación petrolera”, publicado a finales de septiembre en la versión digital de The Hill (Estados Unidos).
“Debido a que Cuba está implicada en las perforaciones, señalan, las compañías y trabajadores norteamericanos no pueden proporcionar su pericia en lo que pudiera ser una operación riesgosa. Las sanciones económicas impiden a nuestro sector privado ayudar a Cuba a llevar a cabo perforaciones con seguridad y paralizan al Gobierno de EE.UU., que tendría que convocar discusiones bilaterales sobre las mejores prácticas y respuestas coordinadas ante un desastre”.
“De hecho, recuerdan ambos expertos, EE.UU. no cuenta con un acuerdo para una respuesta de emergencia con Cuba en caso de derrames petroleros”.
“Como ya hemos hecho con México y Canadá, sugieren Sarah Stephens y Jake Covin, EE.UU. debe unirse a Cuba para idear un acuerdo de respuesta a una crisis que incluya coordinadores en el lugar, un equipo de respuesta conjunta, centros de coordinación de respuesta, protocolos de notificación rápida, aduanas y procedimientos de inmigración y comunicaciones. El plan debe ser escrito, firmado, aprobado y puesto en práctica tan pronto como sea posible”.
Pero ¿qué pasa en el Congreso, mejor dicho, en el seno de la mafia cubano-americana?
En el Congreso la representante Ileana Ros-Lehtinen (republicana por Florida), criticó y consideró la reciente visita a La Habana por William Reilly, ex jefe de la Agencia de Protección Ambiental y copresidente de la Comisión que investigaba el desastre de la Deepwater Horizon, al frente de otros expertos, como “una concesión de credibilidad al peligroso esquema de perforación petrolera del régimen”.
Ella, junto al representante republicano por la Florida, Vern Buchanan, y otros 32 miembros de ambos partidos también han amenazado por escrito a la Repsol-YPS directamente, para que la compañía no perfore en Cuba, de lo contrario “se verían afectados sus intereses comerciales con EE.UU”, afirman despachos de varias agencias.
A finales de septiembre representantes de la petrolera española reiteraron en Madrid que sus proyectos de exploración, en aguas de la mayor de las Antillas, cumplen con las leyes norteamericanas, tanto en materia de bloqueo como en temas de seguridad.
Hace apenas unos días, Michael Bromwich, jefe de la Oficina de Seguridad de Medio Ambiente de Estados Unidos, declaró que su gobierno está evaluando los planes de seguridad y emergencia de Repsol-YPF, que pretende buscar petróleo a cinco mil 600 pies (mil 706 metros) bajo las aguas del Golfo de México cuando reciba una plataforma, a fines del 2011, según un cable de la agencia Reuters fechado el 18 de octubre en Washington.
Como refiere el propio despacho noticioso “el plan de exploración de Repsol-YPF es delicado por cuestiones políticas y ambientales para Estados Unidos, que quiere proteger a la costa del estado de la Florida de derrames petroleros y a la vez cumplir con el embargo contra Cuba”.
Sí es cierto que el gobierno de Barack Obama no desearía que se repitiera ningún accidente catastrófico, como el ocurrido a la raíz de la explosión de la British Petroleum (en las costas de Luisiana el año pasado que causó la muerte de 11 personas, tomó 85 días para controlar el desastre, el derrame de cinco millones de barriles de petróleo hizo desaparecer especies marinas, y manchó las playas a lo largo de la costa estadounidense del Golfo de México.
“Pero no se ha hecho mucho porque los congresistas de Florida, y en particular los poderosos líderes cubano-estadounidenses, se aferran a su sueño de décadas de derrocar al Gobierno comunista de Cuba”, dijo hace poco el abogado de Washington Robert Muse, especialista en temas cubanos.
Pero no nos llamemos a engaño tampoco. El temor principal de los enemigos de la Revolución es que en caso de que fructifiquen las operaciones en el Golfo de México, donde se estima que la capacidad del yacimiento petrolífero en las aguas profundas oscila entre cinco y 20 millones de barriles, ello podría convertir a Cuba de país importador a exportador.
Como escribió a finales de mayo pasado el experto ruso Volkhonsky Boris, en la versión digital de The voice of Rusia, tal resultado impregnaría “un enorme impulso a su economía y se dificultaría más aún el fin de lo que Washington llama “tiranía”.
El asunto es espinoso para Obama, pues la Florida es un estado clave en las elecciones presidenciales del 2012, y muchos de sus legisladores se oponen a las medidas de flexibilización adoptadas por el gobierno cubano.
En fin, Estados Unidos quiere proteger sus costas, pero el bloqueo y la mafia anticubana se lo impiden.




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