En cualquier lugar del dial y en diversos horarios, la mayoría de las emisoras cubanas tradicionalmente ha incluido en su programación espacios dedicados a los jóvenes. En pleno siglo XXI esta pudiera ser una gratísima idea, si no tuviera que pasar por la interrogante de cuántos de esos programas son realmente escuchados por el público para el cual fueron concebidos.
Para nadie es noticia que los niveles de radioaudiencia han disminuido con respecto a otros años. Perdura la competencia desventajosa con la televisión. Además, la irrupción de Internet, junto con una riada de dispositivos móviles, han transformado de manera insospechada el universo comunicacional en el cual se mueven las personas, fundamentalmente los más jóvenes.
Según Marcia Vera, especialista del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) del Instituto Cubano de Radio y Televisión, por lo general los jóvenes no se exponen mucho a la radio. “Eso está condicionado por algunos aspectos, entre ellos, los hábitos de vida de la población. La radio se consume más en el hogar por la mañana y las dinámicas juveniles no se corresponden con esos horarios potenciales.
“Además, los bisoños tienen diversidad de expectativas y gustos, inclinados, sobre todo, hacia el consumo de música. Actualmente, dichas necesidades pueden satisfacerlas a partir de medios alternativos, sin que medie un realizador o guionista”, explica.
Andar con los tiempos que corren
Diversas investigaciones indican que a la radio le tomó 38 años conseguir 50 millones de oyentes. A Internet le bastaron solo cuatro para agenciarse igual cantidad de usuarios.
Asimismo, los procesos comunicativos al interior y a través de las redes digitales se han transformado a partir una horizontalización de las relaciones y el flujo de información.
Los internautas han ganado mayor empoderamiento. En buena medida ha quedado obsoleta la relación desigual entre productores de contenido y consumidores. Antes los primeros decían: “silencio, escuche, consuma” y a los segundos solo les quedaba consumir y preguntar: “¿Hay alguien ahí?”.
En muchas partes del mundo los medios de comunicación tradicionales necesariamente tuvieron que transformar sus prácticas productivas para prevalecer. De ahí que comenzaran a asumir de una manera mucho más interactiva, cooperativa o colaborativa su relación con los públicos.
En opinión del guionista Ahmed Otero, la radio para jóvenes debe ser participativa. “El joven, más aún los adolescentes cubanos, no quieren que le digan qué hacer. Por lo general, los programas juveniles de orientación hacen lo contrario. A veces dan órdenes cada cinco minutos, cuando existen otras formas de seducir a la audiencia, disímiles recursos como dramatizados, juegos de sonido...
“Si además puede participar en el programa, no solo llamando sino saliendo al aire, ello lo convierte en un receptor participativo, un realizador más del programa, lo cual propicia un sentido de pertenencia”, añade.
La radio dispone de recursos que pueden implementarse inteligente y creativamente para captar oyentes. En caso opuesto se desperdician esfuerzos: las investigaciones señalan que la juventud prefiere programas de corte general y no precisamente los dedicados a ellos.
Marcia Vera señala que existen requisitos imprescindibles para atraer a los jóvenes. Uno de ellos es lograr una interacción con la radio en tiempo real, mediante programas de participación donde sean protagonistas, con espacios para contar sus historias, vivencias, necesidades, algo muy importante en la radio joven.
“En este punto la relación emisor receptor se difumina y es al medio a quien corresponde adoptar diversas transformaciones para lograr una sintonía mayor y más eficaz con los públicos, a partir de un conocimiento real de quiénes son y qué necesitan.
“Resulta esencial estudiar a los públicos, incluso hacer un trabajo de relaciones públicas para atraerlos. Las investigaciones sociales no solo buscan qué quieren los jóvenes, sino también las necesidades que desconocen todavía. Serán los adultos de mañana; por tanto, hay que garantizar desde hoy esas audiencias”, alerta la especialista del CIS.
¿Necesitamos un baile de neuronas?
Las audiencias demandan otra manera de interactuar con ellas. Las prácticas comunicativas implantadas por las nuevas tecnologías de la información, sin ser todas equitativas ni eficientes, obligan a reajustar el funcionamiento de los medios tradicionales y los diseños de sus programas. Sin embargo, todavía hay quienes se mantienen reacios al cambio y se anquilosan en la mediocridad, tal como plantea Ahmed Otero.
“Creo que la radio ha bajado la guardia respecto a la creatividad, hay mucho facilismo. Nos hemos acomodado a patrones y esquemas que funcionaron en determinado momento y queremos seguir usándolos”.
Y agrega: “Específicamente en los programas juveniles hay mucho esquematismo. La inmensa mayoría en el país tienen un esquema muy similar: un tema central, si es un programa de orientación, un especialista en cabina, música, voz, música, voz… En eso se resume todo”.
A pesar de este panorama poco halagüeño encontramos espacios dedicados a chicos y chicas cuyos realizadores insisten en revertir la situación. Algunas emisoras nacionales y territoriales han pensado en las necesidades de los jóvenes, sin concesiones ni paternalismos.
La joven realizadora Nathalie Llizo, comenta al respecto: “Tengo algo muy claro: hacer radio con jóvenes y para jóvenes. Lo principal es hacer hincapié en la locución, en la manera de llegar al público. Me gusta ofrecer una locución carismática, natural, familiar, sin vulgarismos ni obscenidades.
“Por otro lado está la variedad temática. Tratábamos los temas desde una perspectiva novedosa, curiosa, para interesar a la gente. No queríamos hacer más de lo mismo, sino algo diferente”.
En ese sentido, Vera añade: “En los territorios, la radio provincial es más escuchada que la nacional. Existen programas provinciales dedicados a los jóvenes que cumplen las expectativas y tienen buena audiencia”.
Los jóvenes se parecen más a su tiempo que a sus padres, reza una máxima que puede sonar socorrida, pero no deja de ser cierta y los realizadores de espacios para este grupo etario no pueden perderla de vista.
La radio debe ofrecer a las nuevas generaciones productos atractivos y útiles, acorde a sus códigos y entorno comunicacional. Así, los mensajes tendrán más oportunidades de ser priorizados entre la avalancha de información que reciben a diario.




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