San Cristóbal, la última de las siete villas fundadas en tiempos del Adelantado y primer Gobernador de la isla de Cuba, Diego Velázquez, se engalanó ante la llegada de un nuevo cumpleaños.
Bautizada con justicia como saltarina, la antigua urbe fue primero aldea, luego villa y más tarde ciudad; se asentó inicialmente en el sur, cercana a la zona del Surgidero de Batabanó, y después sus pobladores se trasladaron en busca de mejores terrenos. Historiadores aluden a establecimientos en el área de Puentes Grandes –en la desembocadura del río Almendáriz (actual Almendares) –, hasta su ubicación definitiva en 1519, muy cerca de la bahía.
Los 492 años de fundación de la ciudad –16 de noviembre– son motivo de numerosos festejos, que arrastran a moradores y visitantes en plazas, parques y atractivos entornos en los que se combinan armoniosamente edificaciones de diversos estilos y épocas. Se aprecia por doquier un febril jubileo, que tuvo su momento crucial este martes, a partir de las 6 de la tarde, cuando comenzó la tradicional peregrinación desde el antiguo Palacio de los Capitanes Generales hasta el Templete, donde fueran celebrados la primera misa y el primer Cabildo de la villa.
En ese escenario, a la sombra del árbol más venerado de Cuba, el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, dedicó emotivas palabras a La Habana, que según ha expresado es para todos nosotros, y también para él “un espacio muy grande en la memoria”.
El Templete, monumento neoclásico, erigido en 1828 en el lugar donde el 16 de noviembre de 1519 los colonizadores españoles crearon la quinta villa en la Isla, fue testigo -cómo aseguró Eusebio Leal- de la fidelidad y la grandeza de La Habana. Su esplendor que el tiempo no podrá herir ni dañar. Si se ven en la ciudad los símbolos de decadencia, si se ven en ella las quebraduras y los daños del tiempo, nosotros no lloraremos sobre el pasado y las estatuas caídas. No me conformaré nunca con eso... No hay un solo día en que con cólera o alegría luchemos por levantar una piedra, volver a erigir un techo, enderezar un tejado y predicar una causa que a veces parece perdida…”
“Me complace pensar –continuó- que soplamos sobre la ciudad vida. No tratamos de embalsamarla, ni de matarla, al contrario. Los niños de las escuelas representan una continuidad promisoria”.
En el sitio fundacional el Historiador de la Ciudad confirmó que “celebramos el aniversario 492 con cosas acumuladas en el tiempo: fruto de la obra de incontables generaciones y acontecimientos que tienen que ver con cultura, las artes, la ciencia, la música, arquitectura, el urbanismo, hechos políticos, de armas y de insurgencia civil, acontecimientos memorables…”
Momentos después cientos de habaneros y visitantes protagonizaron una de las más arraigadas tradiciones de la ciudad al rondar tres veces, en silencio, la legendaria ceiba y abrazados a ella, pedir igual cantidad de deseos a San Cristóbal, santo patrón de La Habana.
La región donde en tiempos pasados gobernara el cacique Habaguanex, es hoy un espacio vivo que se renueva y cautiva por su majestuosidad, donde a cada paso habita la poesía, que atrapa a todo aquel que la visita. A recuperar el máximo atildamiento de La Habana, nos convoca el Historiador de la Ciudad en cada nuevo aniversario: “Me interesa esa Habana en la dignidad de sus años, con la belleza del tiempo, con el encanto del orgullo de sí misma”.




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