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Más allá de la muerte, él es el maestro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Samuel Orgado   
Sábado, 26 de Noviembre de 2011 07:53

altManuel Ascunce Domenech es la bandera de todos aquellos que desandan las aulas tanto en el valle como en las montañas. A pesar de su asesinato por enviados financiados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el gobierno de Estados Unidos en la serranía del Escambray villaclareño, 50 años después sigue siendo el maestro.

Noticiero Radio Trinidad: Remodelan sitio histórico de Limones Cantero

Las flores mustias del rosario en su lápida, de seguro, mantienen el aroma natural de las plantas. Están como para recordarlo, pero cartilla en mano, él aún ennoblece el espíritu de la verdadera educación cubana. La muerte le llegó vilmente impuesta y su espíritu se aferra a pervivir.

El campesino Pedro Lantigua, en su carácter de alumno, podría testimoniar la calidad docente y humana de este joven alfabetizador de dieciséis años. Pero su vida también fue tronchada la misma tarde-noche en que los bandidos asaltaron la casa en el campo de los Lantigua, erigida justo en Limones Cantero, en la finca Palmarito, en el Escambray de Trinidad.

Víctima del terrorismo desatado contra la entonces recién triunfadora Revolución cubana, el 26 de noviembre de 1961 Manuel Ascunce se convertía en un nuevo mártir de la educación y la Patria, como señaló el Comandante en Jefe Fidel Castro durante el sepelio.

- “Yo soy el maestro”, afirmó cuando los asesinos intentaban acorralar a la familia que lo había acogido.

Formaba parte de los cientos de jóvenes que habían dado el paso al frente ante la necesidad de llegar hasta los rincones más apartados de la geografía cubana para alumbrarles, hasta con quinqué en mano, el camino de quienes no habían aprendido a leer y a escribir.

Como dijera Fidel, “era apenas un niño que además había sacrificado sus vacaciones, que llegaba allí, igual que otros cien mil jóvenes, igual que otras decenas y decenas de miles de niños y de jóvenes, hijos, por supuesto, de decenas y decenas de miles de familias, muchos de ellos, la inmensa mayoría, hijos de la clase obrera".

El bandidismo en Cuba se extendió hasta aproximadamente finales del año 1965. Durante ese periodo se cometieron innumerables asesinatos. Perdieron la vida doscientos noventa y cinco revolucionarios ante tanta violencia. La horca con alambres de púas, luego de ser golpeados y punzoneados, del estudiante Pedro Lantigua y el alfabetizador Manuel Ascunce Domenech resultaron una muestra más de los crímenes perpetrados en suelo nacional por EE.UU.

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