“¡Todo lo presintió! Murió prosaicamente. No de un pistoletazo a quemarropa. No del puñal en la noche traidora. No frente al pelotón de sus verdugos. Ninguna ráfaga le cortó el aliento en el fragor de la batalla. Murió de cualquier cosa. Murió del pulmón” así expresó Ernesto Pérez Castillo en su artículo Rubén Martínez Villena: Luz plena de mediodía.
Y es que la muerte de este joven poeta y revolucionario, significó una pérdida irremediable para la historia cubana. Con frecuencia, la gran labor patriótica de Rubén ha hecho olvidar al poeta; por ello, hoy, a más de setenta años de su muerte, la radio cubana le dedica este merecido homenaje.
Demasiado en serio lo tomaron quienes lo escucharon decir que “no era poeta aunque escribiera versos”. Quizás por su espíritu rebelde e inquieto, y por los mismos males de la República y de una Cuba ávida de escuchar mucho más que elegías a la Patria, lo hicieron afirmarlo.
Pero no por exigua su obra literaria, es menos relevante. Su propia vida, es un poema constante a la Patria y al amor.
¡Oh mi ensueño, mi ensueño,
vanamente me exaltas!;
¡Oh mi inútil empeño
por subir donde subes!
Estas alas tan cortas
y esas nubes tan altas,
y estas alas queriendo
conquistar esas nubes!
Rubén Martínez Villena
De él expresó Cintio Vitier, ensayista cubano, que el "poeta, Rubén Martínez Villena fue sin duda uno de los temperamentos más penetrantes de este período" y señala, entre sus características "la ironía sentimental", un "lánguido y morboso pesimismo", cierta "agudeza lírica y metafísica" y "la inflexión y el fuego, de los Versos libres de José Martí".
Son entonces sus poemas la expresión más íntima y renovadora de su vida y su obra.
SONETO
Te vi de pie, desnuda y orgullosa,
y bebiendo en tus labios el aliento,
quise turbar con infantil intento
tu inexorable majestad de diosa.
Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus muslos de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.
Suspiró tu mutismo brevemente,
cuando la sed del vértigo ascendente
precipitó el final de mi delirio;
y del placer al huracán temiendo,
se doblegó tu cuerpo como un lirio
y sucumbió tu majestad gimiendo.
EL ENIGMA DE LA AMANTE HORRIBLE
Abrió la mano trágica; me tomó del cabello;
me suspendió a la altura de su boca entreabierta;
y todo el cuerpo flácido colgante de mi cuello,
se balanceó en su risa, como una cosa muerta.
Un coro de pavuras, en un grito reacio,
se me subió a los labios atropelladamente;
y Ella miró tan hondo, tan fijo, tan despacio
que su mirada horrible me barrenó la frente.
¿Cuál es la meta negra de sus designios rojos?
Aún hoy sufro en el puño férreo que no se encorva
sus mordeduras cálidas y sus ósculos fríos.
Yo la miro hasta el fondo lóbrego de los ojos,
y sólo hallo en sus ojos mi propia imagen torva
mirándose en el fondo lóbrego de los míos.




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