Nuestra historia musical registra tres piezas que integran en la similitud de sus títulos el simbolismo de Bayamo, pueblo de la región oriental estrechamente vinculado a nuestra historia patria.
Dos de ellas son canciones de corte amoroso. La primera lleva la firma de tres autores Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo, y deviene uno de los grandes monumentos de nuestro patrimonio musical. La otra, igualmente de inspiración romántica, pertenece a Sindo Garay, quien se suma a la lista de compositores cuyos acentos melódicos y textos son representativos de la nacionalidad cubana.
Una tercera, que fue la segunda en componerse, es La Bayamesa de Pedro “Perucho” Figueredo, insigne abogado y patriota que desde los primeros momentos se sumó al intento emancipador encabezado por Céspedes.
Cuentan los anales que la primera de ellas, cuya letra tuvo al principio un contenido romántico, en cierto momento se cambió a otro de carácter patriótico, éste atribuido al poeta José Joaquín Palma, autor también de la letra del Himno Nacional de la hermana República de Guatemala.
Forma igualmente parte de nuestra historia, que La Bayamesa de Figueredo se tocó instrumentalmente – hasta entonces carecía de letra– a principios de 1868 en la parroquia de San Salvador de Bayamo. Desde aquella vez ya contenía el aire enardecido de himno rebelde, signo evidente de su inspiración patriótica, pero eso pasó inadvertido por no pocos. Comenzó la Guerra de los Diez Años con el Grito de la Demajagua el 10 de octubre de 1868 y diez días después, cuentan que sobre su caballo y en plena calle, Perucho Figueredo puso letra a lo que desde entonces constituye nuestro Himno Nacional.
Esa historia dio lugar a que cada 20 de octubre los cubanos celebremos el Día de la Cultura Nacional. Desde entonces transitamos un camino que, nunca salvado de obstáculos, ha servido para engrandecer y reafirmar los valores que nos dieron origen como nación. A la cultura cubana se incorpora todo, desde la música, literatura, pintura, artes populares y ese modo de ser, decir y hacer que nos caracteriza como pueblo. También como parte de ese patrimonio – y su reflejo fiel – cuentan nuestros medios de comunicación, principalmente la radio, que desde 1922 es el más persistente compañero de los hogares cubanos.
La Radio Cubana es parte de esa Cultura Nacional que celebramos orgullosos cada 20 de octubre. Es también portadora de los ideales patrios más elevados, pues al tiempo que difunde lo mejor del quehacer nacional en todos sus aspectos, refleja la voluntad de todo un pueblo por seguir siendo una nación independiente y soberana, marchar por el camino que decidan sus hijos, y nunca por el que se le quiera imponer desde afuera. En nuestro devenir histórico hemos transitado muchos caminos y hemos hecho camino al andar. Así es y será, el que sea, pero por nuestra voluntad soberana y sin condiciones de ninguna clase.
Fuimos, somos y seguiremos siendo cubanos desde la cuna a la tumba y, más allá de ella, nuestras obras, inspiraciones y sueños se mantendrán incólumes en las generaciones venideras. La Radio Cubana, voz de las voces de la Patria, es consecuente con ese principio sagrado.




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