
Juan Bacallao, destacado periodista de la radio cubana muerto en Angola
Esta es, de la historia, la parte que me tocó vivir junto a Juan Bacallao Padrón, un destacado periodista del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), que con inusual insistencia asediaba a la directora de Radio Reloj para que le facilitara su participación en la epopeya internacionalista que entonces tenía lugar en la República Popular de Angola. Con ese mismo propósito, también se había presentado en el Comité Militar, y según sus palabras, había sido objetado por usar espejuelos con demasiada graduación.
El 28 de agosto de 1985, un grupo de periodistas de diferentes órganos de prensa del país arribaron a Luanda, y del aeropuerto fueron directo al campamento de Viana. Uniforme de camuflaje y una foto en grupo quedaron como recuerdo.
La Agrupación de Tropas del Sur (ATS), en Huambo, epicentro del conflicto, en el altiplano central del vasto territorio de Angola, fue el lugar escogido por Bacallao para cumplir uno de sus anhelos más preciados, escribir sobre la heroicidad de sus compatriotas.
Un día nos cruzamos en el aeropuerto militar de Luanda. Abundaban los AN-12 y AN-26. Los helicópteros levantaban vuelo constantemente hacia el teatro de operaciones militares. De la barriga de un Veintiséis emergía una figura delgada, quijotesca, con mochila y fusil al hombro. En su uniforme, las huellas de la tierra de Jamba, roja como el tomate maduro. Regresamos a Huambo, junto a los colegas Alberto Gutiérrez Walón y Roberto Campos. Múltiples las anécdotas y planes futuros. Quería escribir de los caravaneros. Fue la última vez que lo vi con vida.
En octubre de 1985 se preparaba un abastecimiento a las tropas ubicadas en la zona de Menongue, la tierra del fin del mundo, según la calificó hace muchos años una de las reinas de Inglaterra cuando hizo por allí un safari de cacería.
La orden de partida llegó en la madrugada, apenas había salido el Sol y el Destacamento de Protección de la Columna Ernesto Che Guevara comenzó el movimiento de la gran columna de carros de carga y de combate. Bacallao no se perdonaría jamás no tener un puesto en esa misión. Cuando supo de ella, convenció a un oficial de la sección política de la ATS para que lo llevara al encuentro. Aún eran pocos los kilómetros recorridos. Quería escribir de los caravaneros y esa era la oportunidad.
Incertidumbre por el encuentro de las minas antitanques y las kleimont, permanente vigilancia ante el posible ataque enemigo, el tránsito por los pasos obligados, el ronronear de los vehículos, el olor a combustible recalentado, eran la constante diaria. Viajaba en la cabina de un camión Scania que transportaba una pipa de combustible. Atrás había quedado el entronque de la carretera de Cuito Vié. Se trataba de aprovechar al máximo el día para avanzar en el trayecto, si no había obstáculos, y al caer la tarde se paralizaba el movimiento. Aumentaba la vigilancia nocturna con exploración, el fuego y el frío arreciaban, en ocasiones los trajes cazacobras eran poco para soportar las bajas temperaturas. Ya la caravana de la Che Guevara estaba a 60 kilómetros de Menongue, capital de la provincia Cuando Cubango. La Unita de Jonás Savimbi había estudiado el terreno y tenía el propósito de evitar el abastecimiento de las tropas cubanas, y a su vez, tratar de reabastecerse ella de alimentos, armas y municiones.
La noche antes del 19 de octubre, los fantoches enemigos habían hecho los pozos de tiradores bien pegados a la carretera, para buscar el factor sorpresa cuando atacaran, y evitar así que la aviación de apoyo pudiera utilizar sus potencialidades, debido a la cercanía de nuestras tropas. Se produjo una emboscada. La bengala del pelotón de exploración no dejó lugar a duda. El combate se recrudeció. La caravana paró su movimiento.
Los más experimentados sabían que debían ocupar un lugar debajo de los vehículos y defender las posiciones. Bacallao quiso salir raudo y veloz, pero la correa de su fusil plegable AK 49 se trabó con la manigueta de la puerta. Fracciones de segundo bastaron para que un franco tirador enemigo hiciera blanco. El proyectil penetró por la axila izquierda. Sus pies pisaron la tierra sintiendo el dolor del impacto. Ocupó una posición detrás del neumático delantero derecho.
El enemigo estaba casi al alcance de la mano. Bacallao le dijo al compañero de viaje: “Me dieron”. Juan, quien escribiría el reportaje de los caravaneros, lo hacía con su propia sangre, el dedo no dejó de oprimir el disparador y, casi desfallecido, las últimas balas dejaron su huella a pocos centímetros de su posición. Sus grados de primer teniente quedaron ensangrentados. Horas después, una doctora del puesto médico de Menongue los puso en las manos de quien cuenta esta historia. El reportaje quedó inconcluso.
Perdimos a Bacallao combatiendo como un héroe. Un periodista que con su sangre escribió parte de esa historia del pueblo cubano. Nos dejó su ejemplo como persona, como compañero, como profesional, y allí, en la redacción donde tantas coberturas salieron de su pluma, sus grados ensangrentados están en celosa custodia, junto a su foto y su ejemplo, para que las nuevas generaciones de periodistas conozcan a este hijo de una familia humilde, oriunda del pueblo de Caraballo (provincia de La Habana).



Twitter
Myspace
Digg
Netscape
Yahoo
Technorati
Folkd
Googlize this
Facebook
Wikio
Meneame