Antonio Guerrero, Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Fernando González y René González, cubanos injustamente encarcelados por el Imperio.
En la placidez del domingo, cuando aprovechamos la ocasión para disfrutar del descanso, la familia, amistades y oír la música que preferimos, esta vez me dio por sentarme en el patio de la casa y pensar en cinco cubanos que a miles de kilómetros de su patria y sus seres queridos permanecen confinados cumpliendo largas condenas de prisión.
Sé que muchas personas leen lo que escribo, y eso me satisface, mucho más si al concluir su lectura intuyen que les aporté algo nuevo o, por lo menos, provoqué en algunos de ellos el deseo de profundizar sobre el tema tratado. Esta vez no voy a plantear argumentaciones ya muy conocidas; ni siquiera aplicar un tono ideológico o político a lo que pretendo expresar. Permítanme ceñirme únicamente a lo estrictamente humano y lógico.
Mucho más de una década cinco hombres jóvenes tras las rejas acusados, ¿de qué? En las mismas calles de ciudades del país donde fueron condenados, otros individuos convictos de hechos de sangre se pasean por las calles como héroes y gozan de inmunidad e impunidad. Si el mismísimo Franz Kafka volviera a vivir, no encontraría material más valioso para sus novelas donde reflejar lo absurdo, contradictorio y antilógico.
Los que están presos hablan de literatura y filosofía, escriben poemas y cartas de amor a sus esposas, con ternura a sus madres, pintan cuadros, leen a Martí y añoran aspirar la fragancia de la campiña de su país.
Los que están libres, en cambio, vuelan aviones en pleno vuelo, fueron torturadores, aceptaron contratos para dar muerte a un ex canciller suramericano, se implican en el magnicidio de uno de los Presidentes de la nación que los abriga, organizan golpes de estado, mandan a poner bombas en hoteles, envían aviones a penetrar en el espacio aéreo de un país “enemigo” poniendo en riesgo las vidas de sus ciudadanos y de los mismos que embaucan, etc., etc., etc.
Los que están presos, cuando estaban libres, cuidaban para que quienes se mantienen impunes no pudieran hacer todas esas cosas que tanto daño, sangre y lágrimas han provocado. Velaban por la tranquilidad de la gente que vive en su país de origen y hasta por la de quienes viven en el país donde hoy permanecen encarcelados.
No digo más. Vuelvo a preguntarme: ¿Cuáles son sus delitos? En el juego de “ladrones y policías” los primeros van a la cárcel. Ahora se innovó el juego; la mutación genética hizo, al parecer, mutar la lógica. Los polos se derriten y en los trópicos hace frío… ¡Vaya lógica!




Twitter
Myspace
Digg
StumbleUpon
Netscape
Yahoo
Technorati
Folkd
Googlize this
Facebook
Wikio
Meneame
