
Ernesto
A ambos les caracterizó una voluntad a toda prueba, un valor extraordinario y un profundo sentido de la dignidad y el humanismo. Los dos se pusieron al servicio de una causa noble y su obra trascendió mucho más allá del día en que las balas segaron su existencia.
De Maceo dijo José Martí que hay tanta fuerza en su mente como en su brazo. Con la clarividencia del patriota, supo que la independencia de Cuba sólo podría consumarse con el valor del pueblo y advirtió temprano de los riesgos que podrían derivarse de la poderosa nación que se levantaba ya en el norte del continente.
En su carta escrita al coronel Federico Pérez el 14 de julio de 1896, señaló que “La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos”.
“Tampoco espero nada de los americanos; todos debemos fiarlo a nuestro esfuerzo: mejor es subir o caer sin su ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.
Hombre fiel y leal a los principios, en particular a la unidad indispensable en el ejército libertador, supo combatir cualquier ataque contra sus superiores y compañeros de armas. Sin ambages, reprochó a Enrique Trujillo las injurias proferidas a José Martí y el Partido Revolucionario Cubano, las que calificó como un “crimen de lesa patria” y desmintió tajantemente los rumores esparcidos sobre supuestas desavenencias con el generalísimo Máximo Gómez, de quien aseguró que “Todo el ejército confía implícitamente en su patriotismo y su habilidad militar”.
Del Guerrillero Heroico, el Comandante Che Guevara, afirmó el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, que “Solo en el mundo con el cual soñó, para el cual vivió y por el cual luchó hay espacio suficiente para él”.
Nacido en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, conoció de primera mano la miseria, la humillación y la injusticia en que estaba sumida la mayoría de la población en nuestro continente y dedicó su vida a combatirlas.
Fue testigo excepcional de la destrucción de la primavera democrática de Guatemala y aprendió allí que al enemigo de nuestros pueblos no se le puede hacer ninguna concesión.
Sus ideales le llevaron a sumarse a la epopeya del yate Granma donde bajo la guía de Fidel germinaron las semillas plantadas por Antonio Maceo y que fructificaron en la definitiva independencia de Cuba. Sólo esta acción heroica bastaría para que el Che pasara a la historia como uno de los próceres de la región, pero había demasiada opresión aún en el resto del mundo como para apaciguar su sed de justicia, que le llevó primero a tierras africanas y luego a Bolivia donde entró, finalmente, en la inmortalidad.
Cuando sus restos retornaron a Cuba y fueron depositados en la ciudad de Santa Clara, destacó Fidel que “Más resaltará su profundo sentido humanista cuantos más abusos, más egoísmo, más enajenación; más discriminación de indios, minorías étnicas, mujeres, inmigrantes; cuantos más niños sean objeto de comercio sexual u obligados a trabajar en cifras que ascienden a cientos de millones; cuanta más ignorancia, más insalubridad, más inseguridad, más desamparo”.
Maceo y Che no descansan, siguen velando y combatiendo en este convulso mundo, en ambos encarna exactamente la frase que expresó José Martí refiriéndose al Titán de Bronce, los dos son : “el guerrero que no durmió en toda la noche buscándole caminos a la Patria”.


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