
Un superviviente del terremoto con un bebé pequeño. FOTO: AIN / Matthew Marek / AMERICAN RED CROSS / HO/AFP/sdl
Mientras la Unión Europea anuncia desde Bruselas que el próximo lunes reunirá a sus 27 ministros de Desarrollo para “evaluar la ayuda y multiplicar los esfuerzos a Haití”, devastado el pasado martes por un sismo de más de 7, 3 grados en la escala Richter, el Comandante en Jefe Fidel Castro ha informado hoy en sus Reflexiones que 400 médicos y personal de la salud de Cuba prestan ya su ayuda humanitaria en un hospital de campaña Anexo al Hospital Militar de Puerto Príncipe.
Las imágenes que publican los medios de prensa y sitios en internet de todo el mundo, así como los testimonios de blogueros, periodistas y cooperantes, reflejan los trágicos días que vive esta isla del Caribe, donde la desolación y desesperanza constituyen el diario bregar de los pobladores damnificados, cuyas cifras se especula superan los 3 millones.
El evento de Haití en los albores del año 2010 ha provocado una fuerte polémica en las redes sociales como Twitter, Sonico, MySpace, Facebook, por una parte, los comentarios de personeros como Pat Robertson, quien declaró en la cadena Christian Broadcasting que Haití recibió una maldición por un “pacto con el diablo” en 1804, y al otro extremo un músico del país caribeño y personas de buena voluntad que se preocupan y ocupan por el destino del pueblo más pobre de nuestra región.
El líder de la Revolución, compañero Fidel Castro hoy en sus reflexiones tituladas: La lección de Haití, nos alerta, cuando expresa: Haití es producto neto del colonialismo y el imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus riquezas.
Concuerdo con Fidel cuando afirma que Haití constituye una vergüenza de nuestra época, por los acontecimientos histórico- sociales que le rigen. Este país de 10 millones de habitantes, donde están desplegados unos 9 000 miembros de las Misiones de Paz de la ONU, MINUSTAH, es uno de los últimos en la lista de países con desfavorables índices del desarrollo humano, su esperanza de vida no rebasa los 52 años y solo 1 de cada 150 haitianos percibe un salario, al tiempo que la deforestación de sus bosques supera el 95%.
Sus gobernantes históricos han estado signados por la extorsión, el mandato dictatorial, la corrupción y crisis de gobernabilidad, sin omitir la intervención imperial que en todo momento ha sido una constante, pues jamás le han perdonado a Haití, su mérito histórico de haberse revelado contra el coloniaje procedente de Francia y ser la primera nación en vencer a las huestes del imperio de Napoleón Bonaparte.
El emporio del colonialismo, el imperialismo y el racismo mundial no pueden aceptarle a Haití su existencia. Hasta la naturaleza hoy le ha virado la espalda. Sin embargo, las fuerzas progresistas y de paz que son cada vez más en el mundo, las poderosas fuerzas del bienestar humano, también giran la mirada a los hijos de François Dominique Toussaint-Louverture y Jean Jacques Dessalines, a los hablantes de la primera nación del Caribe en institucionalizar su lengua criolla (Creole) como idioma oficial.
Ahora recuerdo además un magnífico escrito de Eduardo Galeano cuando el mundo celebrara el Bicentenario de la Revolución Haitiana. En ese artículo titulado: La historia silenciada: Haití, el escritor afirma:
"Desde la Revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. (cuando los poderosos no quieren, que se lo digan a Nicaragua y toda Latinoamérica). Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló…"
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente, concluye Galeano.
Así es, profesor Galeano: Haití hoy es noticia en todo el mundo, y sólo espera “LAS MANOS DE LA GENTE”.




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