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Ecuador: la intentona de un zarpazo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Alfonso Cadalzo Ruiz   
Sábado, 02 de Octubre de 2010 12:59
La fuerza de la razón, el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano, el apego de las Fuerzas Armadas a la Constitución, la condena mundial al golpe y la postura valiente del presidente Rafael Correa, dieron al traste con el nuevo gorilazo que se avecinaba.

La fuerza de la razón, el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano, el apego de las Fuerzas Armadas a la Constitución, la condena mundial al golpe y la postura valiente del presidente Rafael Correa, dieron al traste con el nuevo gorilazo que se avecinaba.

Lo acaecido en Ecuador el 30 de septiembre fue un intento de golpe de Estado; de eso no existe la menor duda, aunque algunas entes mediáticas pretendieron minimizar la magnitud de los hechos. Detrás de la aparentemente simple “insubordinación” de un limitado sector policial quedan evidentes dos primeros aspectos: la presencia de uno o varios cerebros instigadores y la colaboración de unos cuantos “comprometidos” que arrastraron consigo a varios tontos útiles.

Cada vez que se produce un acontecimiento en cualquier lugar del mundo, lo primero que hay que preguntase, con el propósito de analizar sus causas y consecuencias, es: “a quién o a quiénes conviene que eso ocurra”. En la pesquisa hace falta buen olfato y conocimiento de causa porque en ocasiones las apariencias engañan al producirse de manera que ocultan sus verdaderos móviles. Lo de Ecuador no fue simplemente la insubordinación por el descontento ante una ley salarial; esa fue la coartada. Lo otro, lo cierto, fue que hubo un “amago” para sacar del poder al presidente de la República constitucionalmente electo con amplio apoyo popular. Se repite la historia, aunque con otros matices, pero es esencialmente el mismo recurso empleado por las fuerzas de la oligarquía interna en coordinación con grandes intereses transnacionales y el Gran Gobierno Mundial. La historia del golpe en Honduras es muy reciente y evidencia lo mismo.

La política independiente del gobierno del presidente Rafael Correa se encamina a consolidar la soberanía nacional – mal visto por el Gran Gobierno Mundial – y la justicia social que beneficia a los mayoritarios sectores de la ciudadanía – mal visto por la oligarquía nacional – que se siente afectada ante semejantes medidas.

En la historia de América Latina, primero Europa y luego los Estados Unidos, no permitieron a los pueblos al sur del río Bravo implementar modelos de desarrollo capitalista como ellos mismos ya tenían establecidos, algo al parecer contradictorio, pero evidente a las claras. Las grandes economías necesitan hoy, lo mismo que hace más de un siglo, fuentes seguras de materias primas y mercados donde poner sus productos; por esa razón es que se trata de impedir a nuestros pueblos diseñar modelos de desarrollo independiente, ni siquiera semejantes al de las propias naciones altamente industrializadas.

La división internacional del trabajo fue impuesta por los más fuertes en un mundo dividido entre naciones industriales y naciones suministradoras a bajo precio, luego consumidoras de manufacturas hechas con sus propias materias primas. Súmese a esa realidad los pagos de aranceles de los productos exportados desde el Sur y la libre entrada de mercaderías del Norte.

En ese intercambio desigual todo empeño de industrialización y diversificación económica huele a herejía. El surgimiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, el UNASUR y otras formaciones económicas encaminadas a la integración latinoamericana son un peligro para los intereses globales de las transnacionales.

Sabemos que la globalización tiende a la formación de grandes bloques regionales, pero al parecer eso es únicamente lícito para el mundo altamente desarrollado y no permitido a regiones empobrecidas a pesar de sus grandes reservas naturales y capital humano, como el caso de América Latina. La integración latinoamericana se encamina a la complementariedad económica, el desarrollo industrial de acuerdo a las particularidades de cada país, la redistribución de la riqueza y una menor dependencia de las importaciones de las manufacturas del mundo altamente desarrollado.

Las encanecidas oligarquías latinoamericanas, que por su mala memoria olvidan que son meras atrofias económicas, gracias precisamente a que las potencias imperiales les conculcaron sus intentos – en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX - de establecer un modelo de desarrollo a su imagen y semejanza. Esa oligarquía flota en su inercia y prefiere sacrificar la soberanía nacional a cambio de mantener un modelo acomodaticio que la sustente con migajas, tercamente resignada a su “misión” de exportadora de materias primas y algunos productos pre-elaborados.

La fallida intentona del zarpazo contra la constitucionalidad y la democracia ecuatoriana tiene sus raíces en esa realidad. Recordemos que la aparente inocuidad de una protesta policial indignada por una medida salarial, se diferencia muy poco de la instigada huelga de transportistas en Chile en 1973, pretexto para la consumación del golpe militar del 11 de septiembre que derrocó y asesinó al presidente Salvador Allende. Son historias muy parecidas como otras ya vividas y padecidas, que sólo confunden a quienes ignoran la historia o a quienes ocultan las evidencias de manera premeditada.

Fue un intento de golpe contra la constitucionalidad democrática ecuatoriana, y más allá de eso, por mantener el control sobre los recursos naturales del país suramericano – en especial el petróleo – y el intento de abortar la integración latinoamericana, ya que se les hace más fácil negociar con países divididos y enfrentados entre sí, mendigando mercados, que con una región unida en su diversidad con un proyecto de desarrollo independiente.

La fuerza de la razón, el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo ecuatoriano, el apego de las Fuerzas Armadas a la Constitución, la condena mundial al golpe y la postura valiente del presidente Rafael Correa, dieron al traste con el nuevo gorilazo que se avecinaba.

"Salgo de aquí como presidente o como cadáver (…). "Señores, si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo, pero seguiremos con una sola política de justicia, de equidad (…). Si quieren destruir la Patria, destrúyanla, aquí está, pero este presidente no dará ni un paso atrás".

Las palabras de Correa durante su secuestro a riesgo de perder la vida, son también la expresión tácita de los países latinoamericanos que, celebrando el bicentenario del comienzo de sus luchas por la emancipación, hoy deciden consumar el tantas veces truncado sueño libertario.
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