Hace por estos días de Julio dos años de la desaparición física de uno de nuestros más importantes estudiosos de la Historia patria: José Cantón Navarro. Aún dudo de haber escrito desaparición pues (y es la verdad) casi continuamente voy a sus libros en busca de un dato preciso, de una opinión esclarecedora sobre momentos excepcionales o no de nuestra Historia. Y con toda intención digo “o no” pues Cantón Navarro es (con leal intención lo escribo así) de esos estudiosos que olfateaban con precisión matemática un simple hecho, un comentario al vuelo, un dato perdido entre líneas o quizá entre recuerdos orales.
De toda la obra, y no menor, desarrollada en libros, artículos, folletos, conferencias, resalta con fortaleza cristalina el pensamiento martiano en todo el aporte que significó y significa para la lucha del pueblo cubano desde el intenso siglo XIX hasta el presente donde es arma definitorio para el combate mediático que estos tiempos impone
Durante los años de amistad que nos unió fueron muchas las oportunidades en las que mi sincero amigo me habló de la Radio con admiración y respeto. Gustaba de interiorizar en el mundo intenso y especial que la Radio ha convocado en Cuba en lo político, en lo histórico, en lo cultural en el sentido más amplio. En particular, prestaba atención esmerada cuando le contaba anécdotas de mis investigaciones en torno a personajes o épocas de nuestro acontecer nacional que de alguna manera u otra llevé a radionovelas a lo largo de más de cuarenta años de trabajo como escritor en el medio radiofónico.
Apasionado de la Historia cubana, en sus múltiples vertientes, parecía un muchacho en la manera de escucharme desde su mirada inteligente. Me hacía preguntas sobre cómo hacer de un personaje histórico un personaje radial y como luego desarrollarlo dramatúrgicamente en decenas de capítulos que mantuvieran la atención del oyente. Ese era para él casi un misterio insondable. Quien nos viera desde lejos conversando sobre estos temas no habría podido apreciar el encanto de un hombre como Cantón que poseía la fiera ternura de un sabio investigador. Tal vez por ello, hablamos, además, de la importancia que tuviera para nuestra cultura la publicación en libros de las mejores radionovelas escuchadas en nuestro país sobre todo tras el triunfo de la Revolución.
Y (lo inevitable) en una ocasión en la que coincidimos ambos como Jurado en un certamen literario en el género de Poesía llegamos a soñar que José Martí hubiese sido un excelente escritor de radionovelas de corte histórico. Hasta ese punto llevamos la Radio en nuestra amistad.
No obstante, me parece indispensable apuntar datos esenciales sobre la vida de José Cantón Navarro, ilustre hijo de Pinar del Río, nacido un 18 de julio de 1925: Maestro Normalista, Doctor en Ciencias Históricas, Investigador Titular. Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana y de la Escuela Superior del PCC “Ñico López”, ejerció la docencia, consecutivamente, en enseñanza Primaria, Secundaria Básica, Preuniversitaria y Superior, y en los campos de las Ciencias Sociales, la Filosofía, la Literatura, y otras ramas de la ciencia, durante más de 55 años, a lo que se agregó una labor continuada de investigación en las Ciencias Sociales, particularmente en la Historia y las Ciencias Políticas, durante más de 50 años y al propio tiempo periodista y Fundador del Centro de Estudios Martianos, y, por supuesto, miembro de la Sección de Historia de la UNEAC y militante y cuadro del primer partido marxista-leninista desde 1940. Corresponsal del periódico Hoy y de la emisora Mil Diez en la década de los 40; dirigente estudiantil en la Escuela Normal de Pinar del Río; dirigente del Comité Provincial Antifascista. A lo anterior habría que sumar sus publicaciones: poco más de 15 libros y folletos como autor; otros tantos como coautor o recopilador; además de unos 20 prólogos, decenas de artículos en revistas especializadas, y cientos de ellos en otras publicaciones nacionales y extranjeras.
Inmensa obra la que nos legó José Cantón Navarro en su recorrido entre nosotros, conmovedor, si tenemos entendida su vida sencilla de hombre sincero, como lo quería nuestro Apóstol.
Quien le conoció de cerca apreció en este historiador revolucionario su pasión por la investigación de la obra martiana y sobre todo y quizá a ese acercamiento a los pasajes de su vida que están aún por ser estudiados con cuidadosa lupa, tan necesaria, para no cometer imprecisiones que lastren momentos de intensidad humana, patriótica y de luz.
A decir verdad, Cantón era del sólido criterio de encontrar siempre, costara el tiempo que costara, la información más útil para adentrarse en momentos mayores del apóstol donde, justamente, la vida lo puso a prueba en lo personal (humano), lo patriótico (la lucha) y de modo bien particular para adentrarse en su monumental obra poética, impregnada en discursos de luz, en la profundidad de sus artículos para diversos periódicos de su tiempo.
Para Cantón Navarro el ideario martiano fue decisivo, primero, para organizar y llevar a cabo la guerra necesaria por la independencia de Cuba, y después de la frustración del 98, para sustentar la lucha por la patria verdaderamente libre, soberana, democrática y justa por la que él entregó su vida. El genio político de José Martí y su calidad humana –le escuché decir varias veces- hicieron posible la unión, en un solo partido, de todos los hombres amantes de la libertad. Fundó ese partido sobre bases que le daban un carácter eminentemente popular y avanzado. Además, fue Martí el ideólogo de la Revolución.
Leer la intensidad de los libros escritos por Cantón Navarro desentrañando a José Martí es ratificar como el ideario de hombre se fusionó admirablemente con la prédica del socialismo, hasta la victoria de una revolución que emprendió la difícil solución de aquellos problemas que enfrentó Martí y a la vez ha hecho frente a nuevos y graves problemas que no se planteaban todavía a fines del Siglo XIX.
Por éstas e infinidad de razones más fue que Fidel Castro consideró a Martí como Autor Intelectual de la gesta heroica protagonizada por jóvenes revolucionarios aquel glorioso 26 de julio de 1953 cuando realizaron los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo.
Admiraba en este ilustre historiador cubano su valentía de análisis por muy difícil que fuera hurgar en hechos complicados y con poca luz de información. El insistía que la Revolución había llevado a cabo una inmensa labor dirigida a estudiar y divulgar el pensamiento de Martí, su vida y su obra, pero consideraba que algunos temas requieren de un estudio más profundo y de una difusión mayor. Entre esos temas estaban: los campesinos y el problema agrario; la juventud; la cultura; la defensa de la Naturaleza; los principios ético-morales; el trabajo; la religión, y la amistad entre todos los pueblos del mundo.
Cuando la muerte nos cambió su presencia, Cantón Navarro estaba trabajando intensamente en varias propuestas: Cuba: una revolución martiana y marxista. Es un libro al que le daba los últimos toques. En el trataba de demostrar que no hay contradicciones al afirmar que nuestra revolución es marxista y a la vez martiana. Entre los aspectos que se analizan en este libro están: objetivos que se trazó Martí y que sólo una revolución socialista podía cumplir; concepciones de nuestra Revolución que se articulan con el ideario martiano, y otras que se fusionan o identifican con dicho ideario; criterios de Martí sobre el socialismo y sobre socialistas destacados (Marx, Baliño, etc.); presencia de Martí en los comunistas cubanos de todas las épocas, hasta hoy.
Varias propuestas de investigación histórica se le quedaron en el tintero a José Cantón Navarro sobre la vida y la obra del apóstol. El hombre que para él era el todo más racional de nuestra historia.
Dos años de no verle es duro. Pero le sigo leyendo y es mi homenaje de amigo, también hasta siempre martiano.




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