Portada Radialistas Artistas Héctor Alomá: ¡Vivito y coleando a los 80!
Héctor Alomá: ¡Vivito y coleando a los 80! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Osvaldo Rojas Garay y Luis Salabarría Ramírez, para Vanguardia y CMHW   
Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 19:00
Héctor Alomá, experimentado narrador deportivo de la radio en Villa Clara y emisoras del centro de Cuba

Héctor Alomá, experimentado narrador deportivo de la radio en Villa Clara y emisoras del centro de Cuba

Hace un par de meses a Héctor Lino Alomá Fontanills lo enviaron para el otro mundo. En algún programa de Radio Ciudad del Mar dijeron que había fallecido.

Su esposa Aleida se encargó de aclararlo todo con una llamada telefónica a la hermana emisora cienfueguera, porque para alegría de los que lo queremos, el destacado narrador y comentarista sigue vivito y coleando, feliz por el homenaje que este miércoles 23 le ofrecieron sus colegas con motivo de su cumpleaños 80.

A esta altura de la vida, Héctor conserva el carácter agradable, jocoso, que siempre le admiramos. Todavía se fuma su tabaquito, bebe una copita de vino, juega alguna que otra vez al dominó, lee diariamente el periódico “porque hay que mantenerse informado” y disfruta de las transmisiones de pelota en estos días de efervescencia beisbolera producto de la celebración de la Copa del Mundo.

Dice que ya no goza de buena memoria, sin embargo es capaz de recordar gran parte del último discurso de Eduardo Chibás.

“Narrar fue mi vocación desde muchacho”, afirma cuando indagamos sobre sus inicios en la profesión que lo convirtió en una de las voces deportivas más reconocidas en el centro del país.

“Allá en mi natal Cruces yo acostumbraba a treparme en un árbol y desde allí con un palito de escoba y una lata describía los pitenes que se organizaban en el barrio. Me tenían que llevar hasta la merienda, porque no quería ir a merendar a la casa.

“Ya en los años 50 comienzo a hacer turnos de noche como locutor de cabina en la CMHK, mientras que por el día trabajaba en una farmacia.

“Después tuve la oportunidad de superarme en una escuela privada de locución en La Habana, donde pasé un curso de 3 meses.

“Recuerdo que una vez me citaron del Ministerio de Comunicaciones para un examen y lo desaprobé. Me señalaron que no mantenía el ritmo y que tenía dificultades al leer en los puntos y aparte.

“No me dejé abatir. Me presenté en una segunda convocatoria. Fui más confiado. Hubo un momento en que me dijeron basta. No pude contener la emoción al escuchar esa expresión, porque significaba que ya estaba aprobado.”

-¿Cómo llegas a la Doblevé?

En los primeros años de la Revolución conozco a Juan Varela Pérez, quien era jefe de divulgación y propaganda del INDER en la antigua provincia de Las Villas.

“Varela, muy conocido luego por sus escritos sobre la zafra azucarera en el periódico Granma, me trajo para su departamento.

“Ya en esa época habían surgido las series nacionales de béisbol y como en la Doblevé no había narradores deportivos empecé a simultanear esa actividad con mi labor en el INDER.

“Varela comentaba y yo describía los juegos. Tuvimos el honor de llevarle a la afición las incidencias del encuentro entre Centrales e Industriales que dejó inaugurado el estadio Sandino, el 8 de enero de 1966.

“Aquel día me motivé muchísimo porque al fin íbamos a transmitir en un parque beisbolero con todas las de la ley.

“Llegó el momento en que no pude continuar simultaneando los dos trabajos, o me quedaba en el INDER o me trasladaba definitivamente para la CMHW. Finalmente me fui para la Doblevé, que era lo que más me gustaba.

“Durante mi vida profesional en la reina radial del centro compartí micrófonos con Ramón Piti Rivera, Rafael González Reyes y Normando Hernández, que fue con quien más tiempo realicé esta hermosa labor de llevarle al pueblo lo que ocurría en los estadios donde actuaban los equipos de casa”.

-¿Influencias desde el punto de vista profesional?

Mi figura inspiradora siempre fue Buck Canell. Era muy técnico y un gran conocedor de la pelota. En mis años mozos escuchaba sus narraciones en las llamadas series mundiales de Grandes Ligas.

“Después tuve la satisfacción de conocerlo en ocasión de una visita que en la década del 60 realizó a la entonces provincia de Las Villas. Incluso estuvo en la redacción del periódico Vanguardia.

“Vino a conocer a Martín Dihigo que, como sabemos, era matancero, pero residió varios años en Cruces.

“De Buck Canell recreé algunas frases que pegaron en los oyentes de nuestras transmisiones como “le tira y abanica” y “no se vaya nadie que esto se pone bueno”.

“Les hablo de Canell, pero creo justo recordar que los cubanos tuvimos en Eddy Martin y Bobby Salamanca una pareja de narradores inolvidables.

“Eddy era muy profesional, se preparaba rigurosamente para hacer su trabajo. Bobby, con su manera genial de decir las cosas y su sentido humorístico marcó pautas. Fue un renovador cuando en 1970 llevó términos de la zafra azucarera al léxico beisbolero”.

-Vivir en Cruces debe haberte ofrecido la posibilidad de conversar varias veces con Martín Dihigo.

Sí, como no. Lo veía a menudo en el parque. Era un lector infatigable. Siempre me impresionó lo mucho que leía a Martí.

-Con frecuencia cuentas viejas historias de los Cardenales de San Luis, ¿por qué tanta simpatía por ese equipo?

El problema es que yo era habanista y Miguel Ángel (Mike) González, el hombre que los condujo 14 veces a la conquista del banderín en los campeonatos cubanos y más tarde se convirtió en el dueño absoluto del equipo, fue también en diferentes épocas, jugador, manager interino y coach de los Cardenales de San Luis.

“Así que en la figura de Mike mis simpatías por el Habana las extendí a los Cardenales”.

-¿Jugadores de nuestras series nacionales que más te impresionaron?

Me encantaba ver a Pedro Jova, poseedor de un tremendo sistema de bateo, y a Víctor Mesa, todo un espectáculo en el terreno.

“Antonio Muñoz y Pedro José Rodríguez conformaron un impresionante binomio de toleteros. Y si sigo mencionando peloteros no podría dejar de citar a Omar Linares, Luis Giraldo Casanova, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, José Antonio Huelga, Braudilio Vinent y Manuel Alarcón, entre otros.

-¿Es cierto que conociste a Eduardo Chibás?

A Chibás me correspondió presentarlo en un acto en Cruces. Era una tarde lluviosa, el público comenzó a protegerse, pero él no se movió de la tribuna, con el agua chorreándole por todo el cuerpo, se dirigió a la multitud que allí se congregó. Luego participé junto a él en el recorrido que realizó por el pueblo.

- Benny Moré durmió en tu casa. También trabaste una excelente amistad con Tito Gómez, sin dudas dos excepcionales intérpretes de nuestra música.

Benny visitaba mi casa por mi hermano, quien era un gran aficionado a la música. Recuerdo que cuando se sentaba lo primero que hacía era quitarse los tirantes.

“De Tito les puedo decir que siempre tenía una permanente sonrisa. Nunca se ponía bravo.

“A mi me fascinaba la Riverside, donde quiera que se presentaba la orquesta, iba detrás de ella. Así nació una sincera amistad con Tito, hasta tal punto que en varias ocasiones le gestioné contratos para que actuara en Ranchuelo, San Juan de los Yeras y San Fernando de Camarones.

“Cada vez que escucho su versión de Vereda Tropical, o Santa Isabel de Las Lajas por el Benny, me erizo. No sabría decirles cuál de las dos me gusta más.

-¿Algún momento difícil que hayas tenido que enfrentar en tu larga trayectoria?

Imagínense en tantos juegos de pelota que narré en mi vida, cuántas cosas pueden haberme ocurrido, pero bueno, quizá una de las situaciones más incómodas que podía sucederme era que una conexión me confundiera y yo narrara, “se va, se va, se va” y la pelota no se iba.

-¿Cualidades que deben caracterizar a un buen narrador y comentarista?

Tener amplios conocimientos deportivos, mantener un buen ritmo en la narración. Aunque llevemos al equipo de la provincia por dentro debemos ser imparciales a la hora de analizar o criticar una jugada, una decisión.

-¿Qué le agradeces a tu profesión?

La posibilidad de haber conocido todo mi país y disfrutar de su belleza.

“Le agradezco también el cariño del pueblo. Siento un enorme placer cuando voy por las calles o atravieso el parque y la gente me dice Alomá.”

NOTAS

Fuente Osvaldo Rojas Garay y Luis Salabarría Ramírez, para Vanguardia y CMHW.
Foto de Manuel de Feria

 

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