La actividad es el único camino que lleva al conocimiento, escribió Bernard Shaw hace muchos años y sigue siendo una verdad ineludible. En ese concepto, aparentemente tan simple y a la vez complejísimo, pensé cuando tuve ante mí a este actor y director de teatro que ha dejado su huella en ese océano profundo y telúrico que es la cultura cubana. La actividad de toda su vida lo llevó al conocimiento que posee sobre la actuación y la forma inequívoca que ha sabido transmitir, a los que han estado cerca de él en lo fundamental, los conocimientos esenciales de la actuación.
Será acaso por todo esto (y por otras cosas que siempre subyacen) .En el momento oportuno de su lucidez, fui a buscarle. No me hizo todas las confesiones pero las que me hizo retratan, sin atisbos de tonterías, al ser humano que es.
Como un actor es muchas personas a un mismo tiempo no me aventuré a definir, desde el primer instante, si en verdad era José Antonio Rodríguez el que, vestido con pulóver y short-pantalón negros y calzando unas chancletas de cuero, se movía, como una hormiga cautelosa, en el breve espacio de su apartamento mientras yo le aguardaba en la sala coronada por un enorme ventilador de techo.
- En un momento estoy contigo- me dijo con el tono de voz de quien dicta un Decreto-Ley. Pero no tomaron cuerpo de forma inmediata ni la letra ni el espíritu lo que me permitió comprender que, este afamado actor cubano, estaba montando un personaje... ¿cuál?...
Cuando un actor se está concentrando es preferible el silencio aunque este haga pagar cuotas a quien espera. Por ello, sospechando lo sospechable, me entretuve en hacer observaciones de lo que me rodeaba. Nada rebuscado en el entorno de lo que vi si nos atenemos a la ubicación de los objetos y la ornamentación en general.
La espera me permitió llegar a una verdad cuasi definitiva: los actores no son sólo muchas personas sino, y además, muchos escenarios, por lo que pueden acostarse a dormir en una humilde choza y despertar en la corte del Faraón. Así de sencilla y complicada es la cotidianidad de sus vidas.
Por fin, ajustado y vencido su tiempo de preparación, José Antonio se sentó junto a mi
- Cuando quieras- me dijo. Sentí la ligera brisa de la cortina que se descorre, tras la tercera campanada al tiempo que una suave luz rojiza puso maquillaje en ambos que, aprendida la obra, salimos al ruedo para jugarnos el todo por el todo.
Recuerdo la seriedad del rostro de José Antonio cuando indagué por los recuerdos de su infancia.
- Ahora de pronto me veo acostado en una cama grande. Hay una puerta y a través de ella veo a mi madre, joven, cosiendo a máquina.. Esa imagen me viene a menudo y debe ser el recuerdo más remoto de mi mismo. De mi infancia también recuerdo cuando en la esquina de mi casa esperaba la guagua para trasladarme a la escuela. Por entonces vivía en la calle Llinás 24 esquina a Nueva del Pilar. Para mi era muy agradable ese momento en que mi madre me despedía y yo montaba en la guagua
- ¿Dónde estudiaba?.
- En los Hermanos Maristas, un colegio de curas... pero te repito: me encantaba ese viaje.
- ¿Razones?.
- Como el viaje era largo y ciertamente aburrido me hice popular relatando historias inventadas por mi a los niños... y algo interesante y es que siempre dejaba la historia en suspenso... claro, también podía ocurrir que no me fluían las ideas...
- ¿Desde niño le gustó ser actor?.
- Sí, y hacía películas.
- ¿Cómo?.
- Llegaba a mi casa y más que realizar las tareas que me costaban cierto trabajo, en la sala de mi casa, que era grande, yo solo interpretaba papeles en películas de pistoleros y a veces en inglés... Era un juego.
- ¿En solitario?.
- En solitario. Nadie entendía ese juego. Me decían que yo estaba loco.
- ¿Y podía ser el director de la película y regañarse a usted mismo?.
- Sí y lo de la dirección se manifestaba cuando yo coleccionaba palitos de popsicle y les dibujaba caritas y cada uno era un personaje. En el fondo lo que a mi me gustaba era dramatizar. Mi abuela me seguía en el juego e interpretaba los personajes que yo le pidiera y mientras me disfrazaba, me ponía sombreros de mi papá, sacos...
- ¿Qué otros recuerdos de la infancia le persisten?.
- Los paseos con mis padres.
- ¿Qué recuerda del triunfo de la Revolución?.
- Se me ocurre algo teatral, cinematográfico... una verdad que se transformó de rumor en certeza... el pueblo en las calles para expresar su alegría, las campanas de las iglesias sonando, gritos, cantos… una estructura interesante, perfecta, una emoción que duró semanas. Todo comenzó cuando mi madre me llamó por teléfono sobre las tres de la madrugada y me dijo que la gente comentaba que Batista se había ido...
- ¿Dónde trabajaba usted al triunfo de la Revolución?.
- En Radio Progreso. Tenía allí un contrato como actor. Por ahí comencé como actor.
- Hábleme de esa etapa.
Di clases con Pedro Boquet, un actor catalán que vivía en la calle Monte. Luego practiqué más y él se fijó en mi voz grave y me recomendó a un cuadro de comedias que trabajaba en la emisora El Arca de las Medias. Eran aficionados y no ganábamos ningún dinero. Este grupo se llamaba Voces Amigas y ahí debuté como actor radial.
- ¿Y de ahí en lo adelante?.
- Empecé a estudiar en el Teatro Universitario pero nunca tuvo coherencia para mi. Andaba solo, dando bandazos y mi única escuela fue la vida y mi empeño en trabajar. Soy autodidacta aunque he pasado por distintas escuelas.
- ¿Su nombre real es José Antonio Rodríguez?.
- Ese es mi verdadero nombre.
- Le propongo un tópico: el actor de Radio.
- Para un actor la Radio no es totalmente formadora. Hay otras potencialidades que deben desarrollarse a través de la técnica de actuación. Si el actor sólo hace radio corre el riesgo de mutilar sus capacidades expresivas. El actor es una integridad que utiliza cuerpo, siquis y voz. Por eso el actor tiene que acudir a la fuente fundamental de su formación que es el teatro. El actor que no actúa en teatro y se pasa años trabajando en la radio puede atrofiar sus capacidades expresivas, incluso vocales. Digo esto porque el micrófono te obliga a un recogimiento, a una intimidad en la expresión de la voz. Y la voz de un actor debe estar suelta y emitirla al máximo de sus capacidades... necesita correr, tener fuerza, proyectarse, interpretar, matizar, no atrofiarse.
- ¿Qué dejó de positivo en su vida profesional la Radio?.
- Una flexibilidad tremenda para captar sicologías y formas de decir un personaje.
- ¿Y cómo sería el proceso en un actor que sólo hiciera teatro y se viera de pronto incorporado a la Radio?.
- En el teatro el actor necesita más tiempo para asimilar la forma de decir un texto determinado, necesita procesarlo, lo que casi no necesita un actor de Radio. Claro, en todos los medios hay buenos y malos actores. La gente habla de vicios de Teatro y Radio, pero yo no creo en eso. Lo importante es el talento en el actor. Cuando regresé a la Radio, después de una ausencia de veintisiete años, me encontré que había actores que tenían esas voces como inhibidas y sin embargo sentí que podía adaptarme al medio y que las experiencias del teatro las iba a incorporar a la Radio sin grandes dificultades.
-¿ La Radio tiene de Teatro?.
Ante esta pregunta José Antonio guarda silencio. Me mira y sonríe. Parece un gato asustado. Sin tener la certeza de que los gatos sonríen me
quedo esperando la respuesta de este profesional. Cruza una pierna sobre la otra y me dice:
-Se las trae la pregunta.
-Bueno, piense….puedo esperar….los lectores de esta entrevista también. A fin de cuentas nos quedan muchas cosas por hablar.
-Te propongo dividir la entrevista en dos partes y mientras hago café…¿de acuerdo?.
Y le dejo ir hacia la breve cocina mientras me entretengo en pasear con la mirada atenta los contrastes de colores que tiene su apartamento. En verdad la respuesta a mi pregunta amerita un buen café. ¿Hará un buen café?. Por lo pronto la segunda parte de esta entrevista promete. Vale la espera




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