Graduada de periodismo hace cuatro años, siempre encontró en la radio matices diversos para otra profesión futura: una depurada dicción, amplio vocabulario, improvisación amena; artilugios de un medio nada envejecido después de cumplir sus 87 años… Al decir de esta “chiflada por la radio”, la locución podría ser uno de los valores añadidos imprescindibles de su quehacer.
“Los profesionales que trabajen en los medios deben pensarlos como el camino más viable para hacer mejor nuestro trabajo. Por eso pensé en un curso de habilitación porque serían dos oficios en los que me podía desempeñar; y si un día decidía tomar un descanso en el periodismo, pues tendría entonces la posibilidad de trabajar en la conducción, aun cuando esta tiene sus propias singularidades”.
Pero la idea de sentarse ante un micrófono y probarse a sí misma surgió mucho antes del curso para radio y televisión que proponía Canal Habana. Radio Rebelde abrió un diapasón de oportunidades que su inexperiencia supo aprovechar al máximo.
Haciendo Radio, la estelar revista de la mañana de esta cincuentenaria emisora, incentivó las posibilidades de la recién egresada al proponerle la lectura de noticias internacionales, en vivo y casi a primera vista. Cumpliendo doble misión: redactora y locutora de las propias informaciones, Aneysi se creció ante el impresionante momento cuando el director anuncia: “al aire”.
“Después me extrañaba al no tener miedo. Llegaba a la emisora a las 4:00 de la madrugada y cuando estaba en la búsqueda de las noticias, ya tenía que subir a leerlas; era muy rápido y a veces no tenía tiempo ni de prepararme porque las internacionales tienen muchos nombres complicados de países, personas.
“Después de esa prueba me confiaron el móvil de Haciendo Radio, que aunque por corto tiempo, creó las bases para la improvisación, difícil pero esencial en la locución, sobre todo, para lograr la coherencia y dinamismo en las ideas”.
Temprano, de Radio Taino llega inesperadamente, justo cuando esta joven necesitaba escalar otro peldaño entre sus sueños profesionales. “La primera emisión fue la peor”, según nos cuenta. “Era sábado, día de más baja recepción en horas de la mañana (entre 7:00 a.m., y 9:00 a.m.), el director del espacio estaba muy calmado y yo, nerviosa.
“Ahora me siento muy cómoda. Disfruto muchísimo la transmisión, que me ha permitido tener una mejor expresión oral porque demanda preparación intelectual; debes ir enlazando ideas, contactar en vivo con periodistas, corresponsales y necesitas tener una gran habilidad en el lenguaje porque no puedes quedarte callada, tienes que hablar”.
Televisando desde la radio
Para Aneysi, en la locución de radio y televisión, todas las herramientas de una se complementa con la otra
Pero los atractivos de la televisión no la hicieron resistirse ante las tentativas de buscar nuevos derroteros. Esta joven radialista le encontró cierto encanto a la imagen, un medio de difusión masiva que seduce por lo complejo.
Los reportajes de la revista De Tarde en Casa fueron los primeros ante las cámaras, con apariciones cortas y la satisfacción de un cubículo de edición para evitar equivocaciones. Pronto llegó a sus manos un nuevo proyecto cuyas características transformaban la percepción de la televisión grabada.
Hacer la conducción del programa Excelencias, dedicado a entrevistar a grandes personalidades de la cultura cubana y con 27 minutos al aire, fue un reto diferente. Compartir preguntas, consejos y experiencias con José María Vitier, Eslinda Núñez, Verónica Lynn, Gerardo Alfonso, Pablo Menéndez y otros íconos de nuestro arte tuvo detrás un trabajo de preparación con el guión, búsqueda de información y la confianza de hacer cada programa mejor.
Para Aneysi, en la locución de radio y televisión, todas las herramientas de una se complementa con la otra, aun si los códigos de cada medio defienden sus particularidades. Pero algo es tácito, “la noción de tiempo aprendida en mis inicios radiales fue primordial para enfrentar la TV”, decir en el menor tiempo posible todo lo que las personas requieren saber, con una pronunciación y articulación depuradas le ayudó a trasmitir un discurso más convincente.
¿Qué encontraste en la televisión para hacer ese salto desde la radio?
“No encuentro nada en particular. Hay personas que piensan en la popularidad que brinda la televisión y, de hecho, el programa que conduzco sale por el canal Cubavisión Internacional, así que la mayoría de los cubanos no puede verme. Rechazo esa notoriedad, quisiera ser anónima la mayor parte del tiempo aunque, a veces, es bueno, porque es la única forma de asumir nuevas propuestas de trabajo.
“Los directores te contratan si conocen tu quehacer y como uno siempre quiere salir adelante y desarrollarse profesionalmente, pues entonces la televisión te abre los caminos en ese sentido.
“El desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías de la información han permitido adornar la televisión y hacerla más fascinante, restándole espacio y preferencia a las audiencias radiales -aunque no se lo van a quitar- por lo que lo audiovisual abre las posibilidades de darte a conocer”.
¿Cómo valoras el fenómeno de los jóvenes locutores que copan varios espacios en los medios?
“El locutor que tenga posibilidades de hacer la conducción de varios programas, ya sea una revista informativa o musical, y que además le quede bien, me parece acertado. Eso sí: no soy partidaria de que las personas enfrenten los proyectos porque piensan que los demás profesionales son incapaces. Esto sucede cuando el director se acomoda un poco y no busca, se niega al casting, y el joven locutor entra en un programa por sus recomendaciones.
“Por eso pienso que el “acaparamiento” en los mass media y las insatisfacciones del público con la imagen de los presentadores y conductores está dado porque los “encargados” se encasillan con las mismas personas, la misma estética y forma de hacer. Gracias a los cursos de formación de locutores, muchos son los nuevos que se acercan a los medios, por lo que cada vez es más diverso el proceso de selección.
“Los directores suelen sufrir de este acomodo porque les funciona una determinada persona, pero como máximos responsables deben contar también con la audiencia. En esta decisión mucho podrían influir las investigaciones de comunicación que realiza el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) para evaluar la aceptación de un programa tanto por los conductores como realizadores”.
Aneysi denuncia también un nuevo fenómeno en la locución de programas: “los jóvenes actores que hoy tienen alguna presencia en los espacios televisivos poseen deficiencias en su cultura general, pero piensan que al gozar de preparación en escena, se merecen un programa”. Y existen periodistas jóvenes que también buscan desarrollarse en los medios.
“A los profesionales de la noticia nos circunscriben nada más en eso y tenemos capacidad para asumir otros proyectos. Y no limito a los actores pero si existe una persona con formación periodística y, además, está habilitada como locutora, ofrecerle esos proyectos interesantes es una garantía.”
Brindar todas las opciones necesarias para que rostros nuevos puedan probar de qué madera están hechos es uno de los objetivos de los canales Habana y Educativo 2 con noveles espacios que les ofrecen oportunidades a los jóvenes y propician una competencia sana, donde los contrincantes explotan sus aptitudes al máximo nivel.
¿Qué pasa con la imagen de los espacios? ¿Cómo mantener un sello distintivo?
“Tener dos proyectos en la televisión y quizás en el mismo canal le resta identidad a los espacios. Eres la cara de un programa y del otro, y así sucesivamente. Como receptor puedes aburrirte de esa persona aunque la imagen sea fresca y lo haga muy bien. Además, como profesional, le restas oportunidades a los demás, esas que recibiste al llegar. Los medios necesitan eso, lo auténtico”.
La imposibilidad de un sello distintivo para diferenciar el carisma de un programa musical a otro informativo o simplemente, hacer un producto comunicativo con personalidad es algo que todavía golpea a los directores. Los locutores, siempre son la “cara” del programa por lo que al repetirse, solo se hace semejante la gran producción en serie que son objeto nuestros medios.
¿Por qué piensas que los jóvenes siempre buscan la televisión antes que la radio?
“En primer lugar, porque no entienden, las diferencias entre un medio y otro. La radio exige muchísimo, quizás más que la televisión en lo profesional y, por el contrario, te reporta menos monetariamente.
La radio y la televisión, dos medios de comunicación masiva que requieren un elevado rigor de realización; el primero trabaja con la presión de salir al aire en vivo, en cambio, los programas televisivos ganan su exquisitez al ser grabados. Con esas diferencias, el desbalance entre uno y otro se hace evidente.
“Los jóvenes desechan la radio al estereotiparla como añeja; sin embargo, ese pensamiento solo demuestra el poco conocimiento que tienen sobre el medio. La realidad es que muchas emisoras, incluso provinciales, le imprimen dinamismo a sus programaciones, mucho más logrado que en la pantalla chica”.




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