Portada Radialistas Locutores Luis Alarcón Santana: No siempre las palabras se las lleva el viento
Luis Alarcón Santana: No siempre las palabras se las lleva el viento PDF Imprimir E-mail
Escrito por Oneidys Hernández Vidal   
Viernes, 23 de Septiembre de 2011 14:33

alarcon_santana Durante varios días pasaba por mi cabeza el asunto. Sería ese mi primer trabajo periodístico como profesional. Desde el medio me encargaban realizarle una entrevista. Enorme compromiso. Pasé jornadas enteras investigando.

A los doce años fue brigadista; más tarde internacionalista; guarda con regocijo la réplica del machete de Máximo Gómez; mantiene dentro de su aval la Orden Félix Elmuza de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC); la Distinción Majadahonda de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); Sello de Laureado del Sindicato de la Cultura; entre muchos otros. Figura imponente, temple apacible, inteligencia admirada, y voz… ¿qué decir de la voz?,  si es Luis Alarcón Santana, voz insignia de la Radio y la Televisión cubanas.

¿Cómo llegó a la locución?

A la locución llegué por un feliz accidente. Siempre tuve interés en el uso correcto de la lengua y sabía leer y escribir muy bien, participé en la campaña de alfabetización en la Sierra Maestra. Por esa época me encantaba cualquier tipo de literatura, hablar correctamente, saber qué estaba bien dicho y qué no, con el significado y el uso correcto, porque el cómo se debe decir lo aprendí después. Luego estudié en un tecnológico, con aspiraciones de llegar a la Universidad y estudiar Ingeniería Mecánica, pues es importante resaltar que en ese tiempo, como acababa de triunfar la Revolución, se precisaba en gran medida de ingenieros,  técnicos, médicos, maestros. Cuando concluí los estudios en el tecnológico, impartí clases de Gramática y en ocasiones también fui profesor de Física para la Educación Obrero- Campesina, en cursos nocturnos. Aunque no tenía ninguna formación como maestro, me sentía capaz de enseñar a los demás lo que sabía.

Cierto día fui a la Isla de la Juventud para buscar a un primo mío que por esa época era operador de audio en la emisora provincial. Estando en el estudio, los compañeros que trabajaban ahí comenzaron a hacerme todo tipo de preguntas que en un primer momento no entendía el porqué, y creo que no reaccioné de la mejor manera pues me parecía una tomadura de pelos. Indagaron sobre mi edad, nivel escolar, dónde trabajaba, y aunque yo me molesté, ellos siguieron insistiendo, y les agradezco infinitamente porque fue por ellos que conocí el medio y la profesión, fueron quienes me iniciaron en este camino y fue en esos estudios donde hice mis primeras grabaciones de voz.

Después, mi interés por la profesión creció gracias a la magia de los medios de comunicación. Aunque por un tiempo continué mi trabajo como profesor, me enteré que en mi pueblo natal Manzanillo, Granma, hacía falta un locutor en la emisora y alguien me recomendó. Me citaron para las cinco de la mañana que era la hora que abría la planta, casualmente el locutor de turno falló y me pidieron que asumiera la responsabilidad. Ahí comenzaron los primeros “nervios”, de tantos otros que les sucedieron.

A partir de entonces, aunque ya tenía conocimientos adquiridos empíricamente, comencé a participar en cursos y talleres. Tuve la dicha de contar con profesores de lingüística tan ejemplares como Víctor Montejo, en Bayamo, quien posteriormente fue Premio Nacional de la Radio. Luego el Instituto de Literatura y Lingüística en coordinación con el ICRT hizo unas plenarias de lingüística aplicada, ahí coincidí con profesores como Viterio Ruíz, Eloína Villares, entre otros tantos de ese nivel que se encargaron de que nos enamoráramos más de la locución. Y así sucesivamente seguí estudiando de una manera sistemática, lo que me ha proporcionado ahora la posibilidad de impartir los pocos conocimientos que poseo a quienes les pueden ser útiles.

Durante 43 años de experiencia ha tenido la oportunidad de incursionar en diferentes medios de comunicación, sin embargo denota gran admiración por la radio, ¿a qué se debe esto?

alarcon_santana01 La radio tiene una magia que encanta, es un misterio que aunque revelado continúa siéndolo, además tiene un encanto especial que cuando entras en él es muy difícil sustraerse a esa posibilidad de hacer radio. Desde ese comienzo que te conté hasta hoy solo he tratado de no apartarme nunca del medio.

En la radio todo lo que seas capaz de transmitir depende de la voz, tanto es así que en los programas dramatizados de televisión existen actores que llegan a alcanzar determinado rango de profesionalización, sin embargo la radio les cuesta mucho trabajo, porque depende solo de la voz.

En el caso más específico de nosotros los narradores, el trabajo se hace mucho más complicado, porque no es como en la televisión, por ejemplo, donde los realizadores se pueden valer de la imagen para llevar el mensaje. Un narrador debe ser capaz de expresar sentimientos, formas de pensar, llevar ideas de los protagonistas y de los personajes de la obra que trabaja, y es fabuloso sentir que uno puede trasladar esas impresiones al oyente.

En los espacios informativos, por citar otro ejemplo, hay muchos locutores que tienen el criterio de que la información es plana e impersonal. En mi caso pienso que siempre se responde a un interés determinado, aun cuando el interés lleve noticias, por cuanto uno es un ente social, un portador de ideas, tiene una ideología definida de la que no podemos desprendernos aunque estemos haciendo un espacio informativo. Es por ello que recomendamos que todos los profesionales que hablen por los medios estén permeados de estas ideas, creo que no hay nada que hacer aquí cuando se cree que el trabajo es fácil, por el contrario, es muy difícil ser un profesional de estos medios con alguna dignidad.

Dentro de los medios ha trabajado en diferentes programas, dígase dramatizados, culturales, informativos ¿cuáles prefiere? 

Trabajar me hace feliz, lo prefiero TODO, en cada uno de los lugares que he ejercido la profesión me he sentido enteramente feliz,- sin que esto signifique que en algún momento no me haya desagradado la forma en que me ha quedado determinado programa-, porque siento que es muy bueno hacer el trabajo que a uno le gusta y disfrute realizar, creo que la diferencia está marcada, principalmente, por la calidad de lo que se vaya a hacer. Y lo que se haga ha de ser con la mayor dedicación e interés.

Cuando se realizan trabajos en vivo, es muy fácil cometer errores, ¿de qué manera soluciona Luis Alarcón los errores que puede cometer al aire?

En cualquier tipo de programas se cometen errores, pero hay que estar preparados para subsanar ese error y reconocerlo, nunca dejarlo pasar con la esperanza de que el público no se dio cuenta, porque esto es incierto, el público se percata menos cuando se rectifica un error que cuando se deja pasar sin corregirse, porque cuando lo rectificas no te lo toman en cuenta y cuando no lo rectificas pareces un ignorante. Tengo anécdotas de cuando trabajaba en el espacio matutino de Radio Reloj, de personas que me preguntaban cómo hacía para no equivocarme, y yo para mis adentros me preguntaba, cómo era posible que no hubieran escuchado que me confundí, y es que es mejor ofrecer disculpas, o rectificar en el acto, que dejar la falla por olvidada.

Todos los espacios informativos, por ejemplo, que se hacen en la radio y la televisión cubanas son en vivo, y para hacerlos hay que estar muy bien preparados. Es necesario ser acuciosos, estudiosos, tener recursos a los que apelar por cualquier problema que se pueda presentar, ya sean cuestiones educativas, saber de qué estamos hablando con total profundidad, pues como el trabajo es en equipo el guionista o el escritor, pueden equivocarse, y es entonces el locutor quien tiene que tener la sapiencia de darse cuenta donde está el error para ayudar a rectificar. Los buenos locutores se dan cuenta del fallo, porque aunque no lo haya cometido él, para el público ya es parte de la falta por llevarla al aire.

A partir de su experiencia, ¿cuáles considera que son los valores principales que debe tener un locutor?

Considero que es muy importante mantener un alto respeto hacia las personas a quienes va dirigido el trabajo que uno hace, y para que esto sea válido hay que preocuparse porque el producto final tenga la calidad suficiente para ser valorado como bien hecho. Un buen locutor debe tener un elevado nivel de franqueza necesario para expresarse, pues es importante que no quede dudas de la veracidad de lo que estás diciendo y para convencer hay que estar convencido, saber que el público a quien se le habla es un verdadero sabio, pues es capaz de detectar cualquier estado de ánimo, falta de sinceridad, desconocimiento.

Hay una frase que dice que el papel aguanta todo lo que se le ponga, pero con el micrófono no es así, este no aguanta todo lo que se le dice. Al contrario el defecto lo hace público, notorio. Cuando uno habla actúa sobre una parte del oyente, sobre su conciencia, su percepción. Un locutor tiene que conocer fundamentalmente lo relacionado con el uso correcto de la lengua, la expresión correcta, disponer de las herramientas que te permitan resolver  las diferentes situaciones en las que se puede encontrar al aire, y eso se gana estudiando, preparándose. Hay un valor añadido a cualquier profesión y es que nunca se puede dejar de aprender, porque nunca se sabe lo suficiente, no se es culto porque sepamos mucho sobre un tema: pintura, cine, danza, porque realmente pienso que la palabra cultura engloba mucho más, es muy general, muy abarcadora. Hay que aprender todos los días, porque el conocimiento es infinito.

¿Cuál es su opinión sobre el reconocimiento social que reciben los locutores en nuestro país?

No creo que desde el punto de vista oficial seamos siempre reconocidos. Nosotros estamos considerados como artistas, porque en definitiva somos intérpretes, pero para algunos no es así y se hace la distinción entre artistas y locutores. Pero afortunadamente hay otro reconocimiento social que sí es importante y es el del oyente, esa dicha de llegar a un lugar y que las personas te reconozcan porque admiran tu trabajo es incomparable con cualquier reconocimiento. Te puedo contar una anécdota de un día que caminaba por la calle Tulipán, aquí en La Habana, y hablé cerca de un señor ciego, inmediatamente el  individuo dijo: ¿usted es Alarcón Santana?, no hay palabras para expresar la complacencia que se siente en ese momento, es un regalo que nos hace la vida. Este trabajo tiene la dicha de que hay que esforzarse, tener empeño, dedicación, la aspiración siempre debe ser al perfeccionamiento, pero tiene momentos reconfortantes como este en los que sientes que los mensajes que tratas de transmitir llegan al público. 

¿Cuáles son los principales sueños o metas profesionales que le quedan por cumplir?

Siempre quiero seguir trabajando, he tenido varias posibilidades que han copado mis sueños profesionales, pero quiero seguir haciendo más y creo que todavía tengo muchos ánimos, porque vivo soñando con espectáculos y dramatizaciones que no he hecho. Cada vez que hago un trabajo y siento que le llega al público, me da fuerzas para querer seguir haciendo más, no quiero perder el contacto con el público por cualquier tipo de canal: radio, televisión, cara a cara. No quiero nunca dejar de trabajar, ya sea enseñando o haciendo locución, y aunque algún día, por ley de la vida, tendré que callarme, ese será el silencio total, porque mientras tanto, nunca dejaré de hablar.

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