“Ama la vida, afróntala, porque buena o mala no tenemos otra.”

Manolo Ortega junto a Josefa Bracero y Antonio Pera (locutores cubanos)
Así escribió en una oportunidad el gran Nietzsche. Y precisamente con esa máxima presente en mí busqué momento y sitio para entrevistar a una de las figuras más emblemáticas de la historia de la Radio y la Televisión en Cuba. Fue una tarde de lujo que propició la poeta y actriz de Teatro Yolanda Ulloa justamente en su casa, entonces en la calla Reina, en Centro Habana. Entre tazas y pastelillos preparados por esta mujer resuelta en luna, como diría el poeta, transcurrió esta entrevista que ahora pongo a disposición de los cibernautas en un acercamiento, en primer plano, a un hombre generoso, revolucionario y posible.
Conversar con Manolo Ortega es recorrer una considerable parte de la historia de la Radio y la Televisión en nuestro país; pero es, además, la posibilidad de acercarse a un revolucionario, a un comunista que ha sido testigo, a través de su oficio, de importantes momentos históricos de la Revolución cubana.
Sin otro preámbulo, prefiero ir a las preguntas y las respuestas de una entrevista que Ortega había calculado para menos tiempo pero que las palabras que a veces no se parecen a ellas mismas suelen jugar malas pasadas y complicar el tiempo del tiempo, quizás por ello y por otras razones, más enrevesadas de explicar, siempre he soñado con escribir un libro de cuentos que se titule “Los tiempos del tiempo tiempo”:
- Manolo ¿cuándo comenzaste a trabajar en la emisora Mil Diez?.
- Entré allí en 1944, simultaneando en la emisora Radio García Serra.
- Hablemos de tu labor en la Mil Diez...
- Yo la considero mi verdadera escuela, y en realidad, en ella hice todo lo posible por tener una programación sumamente variada y política. Recuerdo que allí escribía un programa cómico titulado “Radio Locura” . Era nocturno, en el cual el humorismo se salía de lo trillado, y que terminó escribiendo Marcos Behemaras.
- ¿Por entonces tuviste relación con el deporte?.
- Pues sí. Narré pelota en la temporada 1946-47; se trasmitía de noche, entre semana, y de día, el domingo, precisamente desde el Stadium del Cerro, recién inaugurado.
-¿Te gustaba narrar pelota?.
- Bueno... de pelota yo sabía lo que cualquiera. La idea de que lo hiciera fue de Ibrahin Urbino, director de la emisora. Las narraciones las compartía con otro locutor, Humberto de Díos. El tenía un estilo muy jocoso y el fanático no entendía bien. Al final me quedé yo solo, y lo realicé con mi propio estilo. Parece que salió bien, porque los cronistas deportivos de la época me declararon el Novato del año.
- ¿A qué personalidades históricas de nuestro país tuviste ocasión de conocer y presentar a través de Mil Diez?.
- Entre ellos pudiera señalarte a Blas Roca, Lázaro Peña, Jesús Menéndez, y a García Agüero.
- ¿Cómo se realizaban en la Mil Diez las transmisiones del Primero de Mayo?.
- Déjame decirte que se logró radiar los primeros de mayo del año 1946 al año 1948, y se hacían de una forma muy combativa, como correspondía a una emisora que era trinchera de la clase obrera. Cuando el desfile pasaba frente al local, en la calle Reina, se reflejaba lo mejor posible. También apoyaban la transmisión varios reporteros..
- Cuando clausuraron la Mil Diez en 1948 ¿qué hiciste?.
- Pasé a laborar en la emisora de Guido García Inclán, la COCO. Allí estuve durante unos meses, haciendo un programa de mucha audiencia que se llamó Cuba en llamas. Tiempo después pasaría a la CMBF, controlada por Mestre.
- ¿Cómo llegaste a ser el locutor exclusivo de la cerveza Hatuey?.
- Cuando estaba en CMBF surgió la televisión, y Mestre estaba buscando locutores que trabajaran en sus plantas y tuvieran poco sueldo para incorporarlos a ella. Me hicieron la prueba y comencé en el nuevo medio. Por entonces hice la locución comercial, y era conversando con la gente para venderle lo mismo un televisor que una cajetilla de cigarros. La gente se habituó a reconocerme como un tipo campechano, respetuoso, y fue cuando la firma Bacardí-Hatuey dijo que me quería como su locutor exclusivo. Mestre me cedió, como a un pelotero profesional.
- ¿Te gustaba trabajar más en la Televisión que en la Radio?.
- Puedo decirte que me sentía bien en ambos medios, aunque, desde luego, capté bien el sentido de la Televisión, y me convertí en una figura de la pequeña pantalla.
- ¿Qué valoración haces de la televisión como medio de comunicación masiva?.
- Pienso que es directa, muy fuerte, y que en estos momentos, sin lugar a dudas, constituye un vehículo de primera clase para la Revolución.
- ¿Cuándo presentaste públicamente, por primera vez, a Fidel?.
- A principios de 1960. Por entonces, cada quince días, nuestro Comandante en Jefe comparecía ante las cámaras y los micrófonos de la televisión para tener informado a nuestro pueblo del acontecer nacional e internacional. Esto se hacía en un estudio del Canal 2. Y en aquellas intervenciones, yo era el moderador. Duraban tres o cuatro horas, y recuerdo cómo los periodistas que participaban en aquel encuentro se rifaban la primera pregunta al Comandante en Jefe, porque luego de realizada él tomaba impulso y no eran necesarias otras, pues abarcaba todo en sus respuestas.
- Ser el presentador de nuestro máximo líder, durante tantos años,¿qué ha significado en tu vida profesional?.
- Para mi ha sido un privilegio el haber estado presentando a Fidel todos estos años, en momentos históricos. Ha significado una emoción constante a través del tiempo, que se acrecentó con mi jubilación. El pensar en esa etapa de mi vida me hace sentir rejuvenecido para iniciar nuevas tareas revolucionarias, y por ello yo no hablo de retiro, sino de jubilación, porque suena a júbilo: el júbilo de haberme entregado enteramente al trabajo.
- ¿Cómo fueron tus relaciones de trabajo con nuestra heroína Celia Sánchez Manduley?.
- Fue una compañera con quien, durante años, tuve frecuentes conversaciones relacionadas con actividades revolucionarias donde íbamos a participar, y que debían coordinarse. Ella se destacaba como organizadora de los actos donde tendría participación Fidel y me decía: Manolo, fíjate que debes decir tal cosa, de esta manera, para que nadie se hiera ni nadie se pueda equivocar. Era gentil, exquisita, cuidadosa con cada uno de los detalles que tuvieran que ver con el sentido humano.
- Manolo ¿qué recuerdas del Che?.
- Sobre todo, su estricto cumplimiento de los horarios. Recuerdo un acto en el que se iba a hablar, cuyo comienzo sería a las ocho de la noche. El Che llegó quince minutos antes de la hora señalada, y había tres personas en la presidencia, y un reducido público. Esta situación se mantuvo hasta que a las ocho, el Che dijo: Va a empezar el acto, pero aquello estaba vacío, y exactamente dos minutos después agregó: Bueno, el acto era a las ocho. Yo tengo mucho que hacer en mi trabajo de la Revolución para estar esperando el inicio de un acto que no sé a qué hora va a empezar. Y se fue. Me dije: “Bueno, yo vine para presentar al Che, así que me voy también”.
- ¿Qué te hizo participar en la guerra civil española?.
- Lo que me impulsó a tomar las armas fue un bombardeo, con un saldo de trescientos muertos y casas destruidas por todas partes. Allí rescaté heridos, reconocí cadáveres, como el de la tía de un compañero mío. Y ahí mismo me alisté. Luego en el transcurso de la guerra me hicieron militante de la Juventud Socialista Unificada. Todo eso ayudó a mi formación, porque aquella fue una guerra fuerte, tremenda. Esa preparación la ejercí en la práctica, a mi regreso a Cuba.
- ¿En qué año regresaste?.
- Llegué exactamente el 27 de mayo de 1939.
- Y a partir de entonces ¿qué?...
- Calcula: mi familia se había quedado en España. En aquel momento estaba solo, pero tenía ideas revolucionarias y juventud. Me incorporé a la organización juvenil del Partido. Fueron tiempos duros, cuando el hambre golpeaba. Antes de realizar mi primer trabajo radial, limpié pisos, fui mensajero, cobrador a comisión, y no sé cuántas cosas más hasta que me contrataron en Radio García Serra.
- ¿Qué día te despediste de los televidentes?.
- Oficialmente, el último de julio de 1987, al finalizar el Noticiero Nacional de Televisión. Cuarenta segundos en la emisión de las ocho de la noche fue lo único que pedí para esa despedida. Era un elemental deber para con el pueblo, que me vio realizar esa tarea durante tantos años.

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