La vida da tantas vueltas que muchas veces vivimos experiencias, que por más que hayamos intentado imaginar, jamás pasó por la mente algo que ahora es real. Eso fue lo que me pasó aquella tarde, en la que mirando caer la lluvia a través de las persianas del aula en la que daba clases, decidí darle otro rumbo a mi vida. Algún tiempo después, tras haber vivido de forma honda mi paso por el periódico Granma, me vi dentro de una cabina de radio, y a decir verdad, esa primera vez tuve la sensación de que había equivocado el camino; paradójicamente descubrí que allí una sola persona podía con palabras contar cómo era el mundo y recrearlo.
Admirando el arte de poner palabras, silencios y efectos en el aire, vi por primera vez, a Gladys Goizueta Simal. Aún la recuerdo en la escuela que fue Radio Liberación luciendo a todo esplendor sus histrionismos en compañía de un elegante y pausado Manolo Riveiro durante aquellos fugaces 27 minutos en que mantenía despierta la moda de estar al día en eso de la música más popular del momento. Poseía una increíble intuición para saber dónde encontrar la arrolladora fuerza de la lengua española cuando se le utiliza bien.
Era ejemplarmente profesional, perfeccionista, artista extrema, amiga gentil, sabiamente tolerante y, para mí lo mejor que tuvo, era saber a qué hora calculada y precisa debía decidir, y hacerlo correctamente. Cuando se habla de los grandes de la locución y de la interpretación en la historia de la Radio Cubana, Gladys es párrafo aparte.
Párrafo aparte
La conocí un día durante la extinción de la querida Radio Liberación; me llamó poderosamente la atención la explicación lingüística que le daba a lo que en algunas ocasiones —no en todas— constituían los “disparatillos”, en el escribir, que un principiante como yo padecía; incluso viví junto a ella la experiencia de desmontar un texto con cierto contenido “oscuro” o poco inteligible para convertirlo en “otra cosa” sin despreciar la esencia de lo que quiso decir el autor.
Pero mis asombros no pararon ahí; con el tiempo aprecié que Gladys se desenvolvía con virtuosismo. “Es que yo estoy evaluada como actriz”, me dijo una vez cuando al parecer vio en mi rostro la expresión de quien nunca había estado en presencia del arte de dominar la palabra.
Hablábamos de casi todos los temas, de sueños cubanos, del oficio del diario, de vivir en Cuba; conversaciones a veces matizadas por algún regaño de mi parte (y de otros que la quisieron bien) relacionado con su inquebrantable porfía por el cigarro.
El magisterio de su profesión y la cubanía en su manera de actuar la convirtieron, ante todos, en un referente profesional para los iniciados y para los que necesitábamos garantizar la calidad de nuestro trabajo.
Gladys fue una creativa mixtura entre el deber, la broma, el buen rato, y la exigencia. Era, para quienes trabajamos con ella, referencia para saber cómo debían hacerse las cosas en la radio; la profesionalidad y la ética debidas y exhibidas a la hora que hace falta y su sentido de la amistad y el compañerismo, son indudables dones que avalan su nombre.
A su puesto de trabajo como locutora, en el programa Visión, de Radio Rebelde, dirigido por Luis Ríos Vega, acudieron en infinidad de ocasiones personas con las más disímiles dudas a evacuar, otras iban en busca de su saludo personal o de un consejo.
Gladys Goizueta se nos fue hacia otros ámbitos de la existencia con solo 55 años de edad y con más de 30 dedicados a la radio.
Las tantas clases magistrales que le vimos impartir ante los micrófonos y de conjunto todas sus virtudes humanas, ameritan quizás que algún día exista un Premio a la Maestría Artística que lleve el nombre de Gladys Goizueta in Memoriam.
Cuando comencé estas memorias dije: La vida da tantas vueltas que muchas veces vivimos experiencias, que por más que hayamos intentado imaginar, jamás pasó por la mente algo que ahora es real. Y es verdad. Me es muy difícil hablar sobre una persona que me enseñó cómo vibran las palabras en las grandes y pequeñas batallas.
Recuerdo que su última orden profesional fue muy estimulante para mí: “Negro, te mandé a buscar para pedirte que dirijas Haciendo Radio; quiero que seas tú y no me puedes decir que no, así es que tú me dirás”. Y en la actualidad, cada vez que espero a mis compañeros de trabajo en la esquina de mi casa mucho antes de que salga el sol, en mis madrugones de Haciendo Radio, recuerdo la vez que entre las risas y sus llamados al deber, le dije: “Oye Gorda, no sé… quizás por ahí nos veremos”. ¡Y lo mejor de todo es que estoy seguro de eso!
Un simple repaso por los méritos profesionales de Gladys basta para otorgarle a esta siempre joven (¿por qué no?) creadora de la Radio, al decir de Nicolás Guillén, todas las flores de Abril:
— Medalla Cuba/Etiopía
— Múltiples Premios Caracol, de la UNEAC
— Medalla 23 de Agosto
— Réplica del Machete de Máximo Gómez, otorgado por las FAR
— Micrófono de la Radio Cubana
— Distinción por la Cultura Cubana
— Profesora Auxiliar de la Facultad de Comunicación, de la Universidad de La Habana
— Premio Majadahonda, otorgado por la UNEAC
— Directora de Programación de Radio Rebelde
— Conductora Titular del espacio radial Visión, de Rebelde




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