Sin embargo, el camino indicado nos trajo una sorpresa que nos cautivó tanto como las trazas de la proeza heroica. Fue una enorme mole de hierro, que apareció rugiente sobre los rieles como si fuera su salida de prueba, allá por 1913, invitando a conocer también esta otra historia. De su diseño surgía la memoria de antaño, e invitaba a un viaje por las tradiciones, tan antiguas como el nombre de este pueblo y tan vibrantes con el andar de esta máquina de vapor.
José María y Antonio Máximo Mora idearon dar a sus fábricas de azúcar nombres de continentes, así crean en 1862 el Central Australia. Fue el administrador de este ingenio quien hacia 1869 inicia una conspiración en Jagüey Grande, que significó el comienzo de la Guerra de los 10 años en el occidente cubano. En esta etapa se promueve gradualmente la liberación de los esclavos, uno de los principales objetivos de esta lucha, además de la liberación del yugo colonial. Para el término de la llamada Guerra Grande la industria azucarera, renglón principal del que se sustentaba el país y de gran importancia hasta nuestros días, se ve obligada por sus cambios tecnológicos a buscar mano de obra calificada.

Central Australia
Cada época que ha vivido la isla ha estado marcada por altas y bajas en la industria azucarera. Desde la colonia, la república, hasta la actual Revolución, la fluctuación del precio del azúcar en el mercado ha sido un factor importante para el desarrollo de esta rama, a lo que se suman los cambios de orden económico. En la actualidad el reordenamiento de la economía cubana abre horizontes hacia sectores de mayor fuerza por lo que se han cerrado temporal o definitivamente algunos ingenios.
Este es el caso del central Australia, que funciona hoy como una especie de museo, con su taller de locomotoras antiguas y una atrayente travesía por la historia en una de estas máquinas de vapor. La joya ferroviaria que ha llevado a centenares de turistas en este recorrido es mantenida por un grupo de 8 compañeros, antes trabajadores del central y hoy reorientados en la nueva actividad de turismo azucarero.
Este equipo de la Radio Cubana se unió a la tripulación de la locomotora Australia para disfrutar de su razón de ser: mostrar al visitante las tradiciones de un batey azucarero, agrario y sobre todo muy cubano. Tan sólo bastó una hora de recorrido, cañaveral adentro, para conocer y degustar de las frutas que estos hombres cultivan con sus manos. La primera parada la propone la rumba, ritmo nacido en Cuba de la mezcla de raíces africanas y cubanas, y llegó con su sensualidad desde las manos de los propios tripulantes para animar el baile. Así Roger Rodríguez, consultor de la tripulación del tren, nos comenta: “Tenemos aquí un grupito, no somos profesionales, pero al turismo que viene le gusta así, es algo natural, el campo, música buena la tienen ellos en todas partes, pero aquí interpretan piezas con nuestros instrumentos clásicos: bongó, tumbadora, clave, maracas y güiro, lo pasan muy bien.
Otra experiencia la tenemos al asistir a la escalada de una palma real en busca de palmiche y extraer el jugo de la caña, conocido como el sabroso guarapo, a partir de un trapiche improvisado con dos clavos de línea férrea que atraviesan la palma. Así fue en nuestra segunda parada, donde Clara Guerra, una de las guías del recorrido nos comenta: “Los visitantes hacen suyas las tradiciones cubanas, por ejemplo de extraer el guarapo, con uno de los métodos más viejos que existen, además aprecian el árbol nacional de Cuba, la Palma Real, admiran la destreza de un guajiro, quien con no poco riesgo sube a coger el palmiche, comparten con la tripulación del tren los ritmos que identifican nuestra cultura, nuestra idiosincrasia”.
Cubanos de pura cepa hacen de este lugar un espacio al conocimiento de las raíces de los cenagueros y entregan tradiciones que agradecen quienes les visitan, fundidos entre la historia y la cultura de esta tierra.
Fuentes: Ecured




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