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El honor de bordar los grados de Comandante en Jefe (+Audio y Fotos)

“Y de pronto vino un militar, un día de 1960 que yo estaba de vacaciones y me pregunta si podía hacer ese trabajo. Enseguida dije, sí claro, es para el Jefe. Y me trajeron los grados de Comandante, todavía sin las ramitas de laurel y olivo. Acepté y tuve el honor, el privilegio de que me buscaran por la referencia que tenían acerca de cómo yo trabajaba. Y yo con el amor de mi vida puse todo mi corazón para darle lo mejor al Jefe”.

Lucía Lucinda Betancourt Montenegro es el nombre en su identificación de nacimiento; pero para su familia, sus amigos y El Jefe, ella es Dinorah, la bordadora de los grados en el uniforme del Comandante Fidel Castro.

“Después fue para toda la vida, y cuando me retiré del taller donde trabajaba, me llevaban el trabajo a la casa, porque prometí que mientras tuviera vista seguiría bordando para El Jefe. Tengo el honor de haber estado simbólicamente a su lado, porque cuando él viajaba e iba a todas partes, yo iba con él”.

Durante cincuenta años, Dinorah bordó con respeto y lealtad absoluta el rombo rojo y negro, la estrella a relieve, y las ramas de olivo y laurel que el líder de la Revolución cubana llevó sobre sus hombros.

“Me traían la charretera marcada, pero dibujarlo cuesta mucho trabajo, las estrellas hay que medirle bien el tamaño, así como al rombo. Entonces yo lo perfeccionaba con la máquina, pues yo tenía tanto amor que tenía que hacerlo todo derechito. Los compañeros me traían todo dibujado, y casi siempre me decían: Dinorah, esto era para ayer”.

Cuenta Dinorah, esa humilde cubana, que tardaba varias horas para concluir su anónima tarea: bordar el rombo rojo y negro, con la estrella blanca en el centro, que comenzó a llevar Fidel al Triunfo de la Revolución. Años después, al dibujo original se le incorporaron las ramas de olivo y laurel.

“A la camisa que usaba debajo había que hacerle el mismo bordado, exacto, igual, con todos sus atributos. Cuando empezó a usar el laurel y el olivo me vinieron a buscar u me preguntaron si podía agregarle las ramitas a los grados y se lo hice. Eso para mí fue un honor, ese trabajo era mi vida”.

Rememora Dinorah que durante todas estas décadas, en una ocasión se enfermó y buscó, con total discreción, que otra persona hiciera el trabajo por ella. Suponía, que El Jefe no sabía quién era ella. Pero como siempre, Fidel es Fidel, y no deja de sorprender por su sencillez y su grandeza.

“Una compañera me dice que no lo repitiera pero que escuchó en una reunión que cuando Fidel vio los grados dijo: esto no lo bordó Dinorah. Él sabía observar y tuvo ese detalle conmigo, y yo estuve muy orgullosa por eso”.

Sobre sus hombros, bordados en las charreteras de camisas y chaquetas, Fidel portaba sus grados de Comandante en Jefe: el rombo rojo y negro, con la estrella blanca en el centro. Y alrededor del rombo bicolor, una rama de olivo y otra de laurel, con cinco hojas cada una de color amarillo.

“A él se le estaban haciendo constantemente uniformes para que tuviera reserva, después que se enfermó le quedaban uniformes bordados. A él no se le podían hacer en el momento, porque él tenía que cumplir sus horarios, yo estaba trabajando hasta la madrugada, y lo hacía con amor y respeto”.

Dinorah trabajó durante décadas en el anonimato, y estuvo frente a Fidel en una sola oportunidad. Fue en 1994, cuando varios trabajadores recibieron un diploma de reconocimiento por sus más de treinta años trabajando junto a Fidel.

“Un día me dijeron que me arreglara con lo más bonito que tuviera que iba a una actividad y me llevaron al Palacio de la Revolución. Resulta que de pronto llega el Jefe y me tocó que me entregara la distinción. Con un afecto grande me agarró la mano y le pedí una foto con él, y me dijo: la foto va. Y aquí está esa foto”.

Lucía Lucinda Betancourt Montenegro, conocida por Dinorah, bordó durante cinco décadas los Grados de Comandante en Jefe de Fidel. Más que un dibujo, bordó un símbolo para Cuba y el mundo.

“Siento una satisfacción tan grande que me llevaré a la tumba, entonces, cuando veo los grados me emociono de haber estado en el anonimato, pero fiel a él. Eso lo llevo en el corazón, como lleva mi hermana en el suyo el orgullo de haber tenido una hermana fiel”.

Entonces, su inseparable hermana Raquel, ejemplo también de fidelidad y entrega, muestra el orgullo por haber tenido la oportunidad de ser también leal a Fidel.

“Yo era buena bordadora también, pero lo que hizo mi hermana para El Jefe yo nunca hubiera podido hacerlo. Creo que Fidel es el hombre más importante de Cuba, y seguiremos sintiendo siempre por él un cariño especial”.

Tanto para Raquel, como para Dinorah, Cuba debe hoy, más que nunca, garantizar la continuidad de la Revolución.

“A Raúl hay que apoyarlo, nuestro General de Ejército fue fiel a su hermano y a la Revolución, y tenemos que ser fieles con él como lo fuimos con El Jefe. Debemos ser leales a la Patria y trasmitirle a la juventud que hay que luchar, porque Fidel no está físicamente, pero están sus principios, sus ideas, sus logros. Nosotras con 85 años queremos luchar hasta el final. Fidel logró irse de este mundo, aunque no para siempre pues se quedaron sus ideas, dejándolo todo hecho”.

Con fidelidad absoluta y un inmenso amor Lucía Lucinda Betancourt Montenegro, conocida como Dinorah, bordó los grados de Comandante en Jefe en el uniforme verde olivo de Fidel. Ese ha sido el mayor orgullo en su humilde vida.

“Bordar para él fue el honor más grande en toda mi vida, ser quien le hizo sus bordados, y conmigo, en mi corazón, iban los grados de él a todas partes. Fidel tiene de todo: humanidad, valor y como decía un pelotero, Fidel tiene las tres C: corazón, coraje y la tercera c…...(puntos suspensivos)”.

Y Dinorah me sorprende cuando pone ante mis ojos, aunque solo sea por unos minutos, un símbolo nacional y universal: la charretera de Fidel, con sus grados de Comandante en Jefe.

Y entonces, al estrechar en mis manos el rombo rojo y negro, con la estrella al centro, y las ramas de olivo y laurel, siento bien de cerca lo que conoce su pueblo: Fidel es Fidel, paradigma de sencillez y de grandeza.

Escuche en audio la entrevista realizada por la periodista Angélica Paredes López, de Radio Rebelde:

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