El principio del fin de WhatsApp

Ninguno de los cambios planteados para el futuro de WhatsApp ha logrado la aprobación unánime de los usuarios. En vez de ganar en privacidad y seguridad, la compañía parece centrada en el rendimiento económico por encima de todo. ¿Está WhatsApp en un periodo de decadencia? Todo apunta a que sí.

Han pasado cinco años desde que Facebook compró WhatsApp por 16 000 millones de dólares. En todo este tiempo no ha cambiado demasiado la aplicación de mensajería a nivel de diseño; sin embargo, los usuarios tienen la sensación de que WhatsApp cada vez es más Facebook, pero la parte negativa de Facebook.

Muchos son los planes que tiene la compañía de Mark Zuckerberg con la aplicación: que se pueda navegar con ella, vender productos, incluir anuncios publicitarios, realizar pagos.

Pero a pesar de todas los posibles cambios que se anuncian como grandes novedades, quienes utilizan esta aplicación no muestran el mismo entusiasmo. En la perspectiva de los usuarios sigue estando el mismo concepto: quieren una aplicación de mensajería rápida, útil y que no sufra caídas.

Cada vez hay mayor migración de usuarios a Telegram, quizá no tanto en España, pero a nivel mundial una no deja de crecer mientras la otra pierde clientes. Su aplicación de escritorio y la sensación de seguridad priman sobre otras ventajas. Mientras una crece, WhatsApp cada vez parece degenerar, y no por la competencia, sino por sus propios fallos. ¿Ha empezado el final de WhatsApp?

Cuando Zuckerberg compró WhatsApp uno de los mensajes que más se repitieron fue que no tendría publicidad ni serviría para recopilar información de los usuarios, actividades indisolubles una de la otra.

Hace tres años se anunció el cifrado de los mensajes y aumentó la sensación de confianza en la aplicación. Eran tiempos anteriores a las polémicas que han sacudido tanto la compañía, desde Cambridge Analytica a la continua exposición de datos privados.

Pero la tensión ya estaba en el seno de la compañía. Brian Acton, cofundador de WhatsApp, atacó a Zuckerberg y otros directivos por sus deseos de sacar mayor beneficio económico a la aplicación.

Poco después abandonó la compañía, igual que los fundadores de otros productos que han sido comprados por Facebook, como Instagram.

De algún modo, los directivos acaban por abandonar sus puestos al tiempo de ser comprada la empresa. Uno de los motivos que se suelen alegar son los desacuerdos con los nuevos modelos de negocio.

Fuente: ComputerHoy / Editor: Conrado Vives Anias

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