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Una misma Revolución del 68 al 59

Fidel siempre tuvo la razón. La Revolución que triunfó en enero de 1959 y cuyo proyecto continúa vigente en su dinámica, es la misma que iniciaron los próceres de 1868 liderados por Carlos Manuel de Céspedes.

Cuba comenzó relativamente tarde su proceso emancipador, si se le compara con el de las excolonias de la América Latina continental.

La demora resultó fecunda; sirvió para madurar los ideales definitivos de nación y república que hasta hoy nos inspiran. Cuba llegó a su crisol de lucha con los ya vencidos escollos de regionalismo y caudillismo, así como de pretensiones neoimperiales endógenas que mancillaron la pureza del ideal independentista.

El 10 de octubre de 1868 Cuba llegó madura al convite republicano. Cierto que los regionalismos la acecharon y abortaron sus primeros intentos libertadores mas, por encima de todo, primó el sentimiento de unidad y propósito. En primer lugar contamos con la decisión de convertirnos en un país independiente y soberano, libre de tutelas foráneas.

El ideal republicano de la Guerra del 68 llevó implícito, a su vez, el ideal constitucional. La Asamblea de Guáimarofue nuestra primera Carta Magna y raíz de la que hoy toda nuestra ciudadanía debate para pensar la Cuba de hoy y la de mañana.

Céspedes, patriota de hidalguía a toda prueba, comprendió la necesidad de Cuba de abrirse al concierto de naciones libres de América Latina, hermanas por naturaleza; abrazó el ideal bolivariano de unidad y conoció de la política anticubana de los Estados Unidos cuando, en fecha temprana, apoyaban el dominio hispano sobre la isla para con él impedir la independencia hasta que estuvieran creadas las condiciones para una intervención y consecuente anexión de Cuba.

No demoraron los patriotas cubanos en advertir que su admiración inicial hacia el gran país del norte, carecía de sentido. Prueba de ellolas órdenes del entonces presidente norteamericano Hiram Ulysses Grant para impedir que los patriotas cubanos adquirieran armas de su país, y a su vez la venta de éstas a España para usarlas contra ellos; hecho amparado en una neutralidad hipócrita y malintencionada.

Durante la preparación de la Guerra del 95, nuestro Apóstol de la Independencia José Martí aprendió las lecciones de la Revolución de Yara, ypadeció en carne propia la persecución de las autoridades norteamericanas en contubernio con España; acoso que hizo abortar el Plan de la Fernandina donde los emigrados perdieron hasta el último centavo invertido en armas, reunido con una elevada cuota de sacrificio para armar a los libertadores.

Sufrimos después, en 1898, la intervención que nos escamoteó la libertad ganada con la sangre de los mejores hijos de la Patria; hecho al que siguieron humillaciones y vejámenes que jamás olvidaremos.

En plena seudorrepública fue conculcada la Revolución del 30, antimperialista y de rescate de la dignidad nacional, luego seguida por una fauna de personeros y títeres que culminaron en 1952 con el golpe militar proimperialista de Fulgencio Batista.

Fue así como llegó hasta Fidel y la Generación del Centenario de Martí la antorcha que dio continuidad a nuestra lucha por la independencia.

Con el triunfo en enero de 1959 la Revolución que comenzó en Yara culminó definitivamente; su victoria se hizo irreversible y el pueblo cubano emprendió, al fin, su camino de vida nacional independiente y soberana, con un proyecto político-social incluyente y plenamente participativo.

Celebramos siglo y medio del Grito de la Demajagua. A 150 años de aquel gran minuto histórico de la Patria, Céspedes y los patriotas que junto a él iniciaron el nacimiento patrio viven como nunca antes en todos y cada uno de nosotros. Somos los mismos portadores de un ideal eterno. Somos, en resumen, una misma Revolución del 68 al 59.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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