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El triángulo del terror

El triángulo del título era equilátero, es decir, de lados iguales, como aprendí en aquella época en que todavía me asomaba a la vida. Y cuando llevamos esa figura geométrica al pasado de aquello que llamaban República en Cuba, se podían definir perfectamente sus tres puntas: mafia, gobiernos de turno con énfasis en la dictadura del sanguinario Batista, y Estados Unidos, el que no podía faltar cuando de males se trate.

Existió entonces, ya desde principios del siglo XX, una verdadera y casi amistad fraternal entre las partes señaladas, forjada en el gran negocio de las drogas.

Mafiosos de talla internacional llegaban y se hospedaban en los mejores hoteles habaneros, con  impunidad total, conscientes de estar en una tierra que, en buena parte, "les correspondía".

Estos tipejos del submundo de nombres muy conocidos como Lucky Luciano, Meyer Lansky y otros quisieron convertir a mi Cuba en un gran garito, el negocio de la prostitución, y la meca de la droga.

Querían hacer de  la isla  un cómodo puente para el tráfico de éstas entre América Latina y EE.UU. Y asómbrese, hasta llegaron a crear una gran empresa en  que importaba desde Colombia morfina, cocaína y heroína.

Y todo esto bajo la anuencia del señor Fulgencio Batista, el mismo que enlutó a los cubanos por causar  tanta muerte de jóvenes que entregaron sus preciosas vidas por la libertad y dignidad de la patria.

Era el mismo gorila apoyado incondicionalmente por el país del norte, el que dice ser paladín y ejemplo de la democracia y los derechos humanos.

Pero no les bastaba al triángulo siniestro causar tanto daño a un pueblo tratado con absoluto desprecio, como si no importara su bienestar, porque lo único real y verdadero era las fabulosas ganancias que reportaba  los negocios de hombres "emprendedores" como gusta decir a  los defensores del sueño americano.

Pero a este maridaje entre leones y serpientes, no les bastaba con sus sucios negocios, porque las fauces siempre estaban hambrientas. Había que inventar algo más sucio para complacer al gringo insolente: llegaron a pretender cortar la isla en dos partes mediante lo que denominaron  Canal Vía Cuba para permitir a los yates lujosos de la Florida atravesar nuestro archipiélago en viaje directo de norte a sur.

Naturalmente causó gran rechazo, sobre todo de los estudiantes que, como siempre ha sido, hicieron posible que no se consumara tal pretensión. Naturalmente, tanto el gobierno cubano como su amo yanqui incurrieron en uno de sus lados más débiles, la subestimación.

Por eso los derrotamos en Playa Girón y acá estamos transitando las seis décadas.

La Revolución se sacudió para siempre de los dañinos insectos. Los traficantes de la droga se fueron con sus millones para la casa del imperio protector, entre los que se encontraban esbirros, delincuentes de categoría, torturadores, pistoleros y cuanta escoria social le fue posible huir en desbandada.

Todos fueron amparados y tratados como luchadores contra el castrismo en los Estados Unidos. Y claro, no se conformaron a perder sus negocios; se juntaron las bestias para fraguar de inmediato todo tipo de plan con el fin de  destruir a la revolución cubana, y hasta asesinar a nuestro líder Fidel.

“Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor”, José Martí


   

 

    

  

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