Un 10 de marzo revolucionario

Novena PoliciaEn el insurrecto Marianao, dos combatientes clandestinos forjaron una gran amistad basada en principios revolucionarios de lucha contra la dictadura. Ellos fueron Arístides Viera, capitán de milicias del Movimiento 26 de Julio, y Francisco Guzmán (Chin). Ambos realizaron numerosas acciones de sabotaje.

Chin fue detenido el 5 de marzo de 1958 por los sicarios Calviño, Mirabal, Salgado y Alfaro, y fue sometido a fuertes interrogatorios y torturas en la Quinta Estación de Policía, durante cinco días. De allí fue trasladado para la Novena Estación, situada en Zapata y C en el Vedado, también perteneciente a la demarcación del asesino Esteban Ventura. 

Cuando Arístides conoció de la detención y tortura a la que era sometido Chin insistió en su rescate. Era tal la confianza que tenía en su compañero que no abandonó la casa del reparto Sevillano, muy bien conocida por Chin y  (refugio del Movimiento 26 de Julio). 

Por medidas de seguridad, el auto en que viajaba Arístides Viera, pasó en dos oportunidades frente a la estación de la policía para constatar la custodia policial que tenía la misma. De inmediato descargó una cantidad de disparos con su ametralladora. Estaba acompañado de  Rogelio Perea (Rogito), Pedro Gutiérrez y Lorenzo Munné. 

Con una entereza y gran valentía los jóvenes del Movimiento 26 de Julio se situaron frente a la citada guarida batistiana y emprendieron un fuerte tiroteo contra el edificio donde se hallaba preso Francisco Guzmán, alias Chin. 

Todo sucedió con una rapidez meridiana. Al ser sorprendidos los policías de la tiranía batistiana, ante la andanada de plomos, sólo atinaron a aferrarse al piso frío o a alguna pared buscando salvación. 

El policía que custodiaba el sótano se dirigió a la planta superior, momento que aprovechó Chin para forzar el candado defectuoso que cerraba la celda en la que se hallaba. Velozmente y bajo los disparos, Chin se introdujo por una ventana y saltó a un solar yermo contiguo, saltó una malla, pero y sin saberlo, cayó en el parqueo de la propia unidad policíaca. 

El combatiente clandestino esperó un tiempo prudencial y saltó la cerca de malla concretando así una fuga que se puede catalogar de espectacular, para después deambular por las calles habaneras hasta hacer contacto con otros clandestinos. 

La acción de Arístides Viera, además de lograr su objetivo también constituyó una respuesta revolucionaria a la fecha que festejaban los defensores del marzato. 

Era el 10 de marzo de 1958 a seis años del artero Golpe de Estado del dictador Fulgencio Batista.

 

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