Si te arrodillas te apoyo, si no lo haces te mato

Las palabras que titulan este artículo constituyen la verdadera esencia de la política yanqui desde el lejano 1776, la que, en el transcurso del tiempo se nos muestra hoy más desvergonzada y cínica.

Es, en suma, la guapería que utilizan elementos delincuenciales en cualquier barrio marginal, pero en este caso a escala internacional. Véase la situación de nuestra hermana Venezuela: Maduro y su gobierno legítimo, orientados por la digna bandera del chavismo, trabajan por el bienestar de su abnegado pueblo, y lo hacen apegados a todas y cada una de la reglas exigidas por la democracia, de lo que ya nadie puede tener ni la más mínima duda.

Su presidente no quiere injerencia yanqui para gobernar, no se considera lacayo del imperio, no admite insultos ni vejámenes a la dignidad de la patria bolivariana. Pero ese apego de lealtad a su patria se convierte, de hecho, en su gran error ante las miradas imperiales.

En medio de toda esta barbarie desatada hoy por las fuerzas más oscuras y retrógradas representada por el gobierno yanqui, la oposición venezolana, la OEA con  su grupo de Lima y los grandes medios de comunicación que han desatado una lluvia permanente de mentiras contra Venezuela, se aparece el emperador ya sin careta alguna para afirmar que ha designado a un oscuro personaje como presidente interino, lo que a todas luces es una acción no solo injerencista, sino también anticonstitucional.

Y surge la misma pregunta de siempre: ¿Quién le ha dicho a este señor del norte que tiene derecho para pronunciarse de ese modo, y además sin ninguna moral? Hay objetivos supremos que persiguen  y ya nadie en este mundo los duda:

  1. Crear un gobierno títere y dócil que les permita penetrar –o mejor robar- los grandes recursos naturales de Venezuela.
  2. Destruir un fuerte eslabón de la cadena progresista instaurada en Nuestra América, para evitar que continúe creciendo y, con ello, en contra de sus intereses hegemónicos.
  3. Demostrar que son los elegidos a los que hay que obedecer quieran o no los pueblos.

Hay que felicitar a Maduro por su decisión de romper relaciones con el imperio. Posiblemente él mismo haya llegado a la conclusión que los paños tibios para la herida tienen un límite, porque cuando en ella  se presenta la infección deben tomarse otras medidas, no importa que algunos piensen inadecuada, porque lo importante es hacerse respetar como lo ha hecho valientemente este digno presidente.

Los bárbaros actuales insisten en que las épocas se mantengan sin evolución, no conciben que el mundo rechace el intervencionismo, y toda forma de dominación; creen que hay que volver a los tiempos en que, con una simple llamada telefónica o fugaz visita a un país daban una orden que debía ser cumplida de inmediato; los mismos tiempos de pedir opinión y visto bueno de los yanquis para emitir una ley. Claro, comprendo que pretender hoy un cambio total  por medio de procederes diplomáticos sería algo así como pretender arrojar margaritas a los cerdos.



Han llegado a extremos inauditos, como hizo el secretario de Estados Mike Pompeo haciendo un llamado a los militares venezolanos para respaldar al tal Juan Guaidó, quien preside la Asamblea Nacional en desacato, un personaje oscuro y traidor a la patria de Bolívar que ahora, otro siniestro personaje, Jair Bolsonaro, se atreve a afirmar que “no quiere una América bolivariana”, en ofensa increíble al Libertador.

Y es que el actual presidente de Brasil se ha unido incondicionalmente al emperador para hacer el mal. Ya se escuchan comentarios que no dudo sean ciertos, por ejemplo que le place vestir parecido o igual que Trump. Pero bien, este fascista no es el asunto, ya tendrá su turno cuando lo sancione el tribunal de esta humanidad.

Ya es imprescindible la acción de los pueblos, unidos todos en un solo haz, para frenar tanta afrenta a la dignidad y el decoro de Venezuela; y ¿por qué no la participación también del propio pueblo norteamericano con sus hijos más dignos al frente?

No hay caminos alternativos. Al monstruo hay que descabezarlo. Nuestro maestro Martí en cierta ocasión afirmó algo brillante que también se ajusta perfectamente al pueblo de Chávez: “Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del sur al mar del norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

 

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

  • LIBRO DIGITAL: Del Caribe, de Cuba. Una aproximación.
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