Cuba en el Caribe y el Caribe en Cuba (III)

La emigración intercaribeña, entre una isla y otra, fue otro tipo de migración en el Caribe insular, motivada por las oportunidades que se ofrecen en las que mayor desarrollo presentan. Así sucedió con las industrias del petróleo, el turismo y la exportación de servicios en Trinidad y Tobago, Aruba, Curazao y Bahamas.

A esos elementos se suman, en cuanto a la selección de los distintos destinos caribeños, la proximidad geográfica, el idioma común y las características o tradiciones culturales parecidas o similares.

Con el transcurso de los años la migración de los territorios caribeños anglófonos y francófonos se dirigiría a Canadá debido a su auge económico, pero también como país atractivo por la cercanía y amplias posibilidades de trabajo. A esa preferencia antillana se sumó después Estados Unidos, durante la década de los años 1960-1970.

Muy objetiva resulta, con respecto a lo anterior, la precisión de Ramón Antonio Veras, en su libro “Migración caribeña”, cuando afirma que a partir del siglo XX “el Caribe, tradicionalmente receptor de inmigrantes, se vuelve un área de emigración”.

La experiencia migratoria caribeña nos indica, cada vez con más crudeza, que la mayor cantidad de los emigrados hacia los países en desarrollo no es precisamente la mano de obra excedente y los subempleados, sino la que comporta el capital humano, los profesionales, los más calificados.

Entre las islas del Caribe y los costas caribeñas tuvo lugar una intensa migraciónEntre las islas del Caribe y los costas caribeñas tuvo lugar una intensa migración

En las últimas décadas, la vida de los pueblos caribeños, en cuanto a sus historias, culturas y tradiciones, se nos va siendo más cercana a través de numerosas vías, y sobre todo, con los vínculos que se han establecido a través de mecanismos regionales como son: el CARICOM, fundado en 1973; la Asociación de Estados del Caribe (AEC), (1994); ALBA-TCP (2004), PETROCARIBE (2005) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) (2011), que contribuyeron al conocimiento mutuo, a la defensa de la identidad caribeña y a la integración.

No se debe perder de vista la diversidad existente en el nivel de desarrollo de distintos sectores productivos y sociales, así como de las políticas de protección del medio ambiente y las relacionadas con los desastres naturales. Todo ello debe enfocarse desde las bases de la complementariedad y la integración de sus economías y la cooperación, determinantes para la supervivencia de los pueblos de nuestra región.

La tendencia de las naciones que integran el Caribe debe centrarse en el impuso y fortalecimiento de los mayores vínculos entre nuestras islas, atrayentes crisoles de culturas, lenguas, costumbres, pero sin olvidar cuanto ha significado en sus vidas las consecuencias del paso depredador de las huellas coloniales provenientes de la vieja Europa, así como los aportes realizados secularmente, por distintas migraciones que las han habitado.

Coincidencias en cuanto a elevados valores culturales, que destacan a nuestro Caribe, resultan dignas de mencionar, y a lo cual se refiere la Doctora Nancy Morejón, Presidenta de la Academia Cubana de la Lengua, al comentar cómo en un mismo año, en 1992, la civilización caribeña fue reafirmada en su excelencia literaria cuando tres grandes figuras afincadas en las más influyentes lenguas metropolitanas como lo son el español, el francés y el inglés obtuvieron sobresalientes galardones.

Tales fueron los casos de Dulce María Loynaz, de Cuba, con el Premio Miguel de Cervantes, el más importante premio para el castellano; Patrick Chamoiseau, de Martinica, con el Premio Concourt, el más significativo premio para la lengua francesa, y Derek Walcott, de Santa Lucía, quien recibió el Premio Nobel por el conjunto de su obra. Otro premio Nobel alcanzó, en año diferente, el narrador y ensayista V.S. Naipaul, oriundo de Trinidad.

En el acercamiento cultural desde Cuba, la Casa de las Américas ha sido un ejemplo, a fin de eliminar barreras entre los pueblos caribeños. Como parte del Premio Literario Casa de las Américas, en el año 1976 se convocó, por primera vez, a autores que concursaron en literatura caribeña (kreyol), considerada híbrida, de expresión inglesa y en 1979 de expresión francesa. Otro paso significativo sucedió en 1983 cuando la institución sustituyó en las bases de dicho premio el término de “lengua nacional” por el de creole. Se considera el resultado de dichas convocatorias como altamente provechoso, conducente al estrechamiento de la amistad, el conocimiento y la interacción creativa entre intelectuales, investigadores y lectores caribeños.

Lo expuesto con anterioridad encierra contribuciones innegables para superar la política que otrora impusieron las potencias colonialistas a los pueblos caribeños, o sea, el respaldo a cualquier variante cultural y social que ocasionara grandes diferencias en el seno de los mismos, en especial a las migraciones.

Como parte de los puentes que se deben construir para un conocimiento pleno de los pueblos caribeños, subyace el principio inviolable a contemplar, o sea, la imposibilidad de comprender a un país si antes no se estudian sus raíces, sus culturas, y además, lo que ha representado el flujo migratorio para la vida y desarrollo de aquellos.

Nacida al mundo como un gran mosaico de nacionalidades, Cuba nunca ha desconocido la importancia que se debe atribuir a la migración de otros pueblos caribeños que tanto contribuyeron, con su trabajo y sacrificio a su desarrollo económico, e industrial, durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Por ello, y aplicando el concepto humanista de agradecimiento por el sacrificio realizado por la vida laboral de los inmigrantes caribeños en Cuba, el Gobierno Revolucionario determinó mediante la Resolución No. 202 del 28 de octubre de 1967, del Ministerio de Trabajo Seguridad Social, beneficiar a más de 7 mil braceros antillanos que ya no laboraban, por edad o estar enfermos, con “una prestación monetaria adicional a los beneficios que por atención médica, hospitalaria, de asilo u otros recibieran del Ministerio de Salud Pública”. Todo en igualdad de condiciones, como cualquier cubano, en cuanto a la seguridad social. Por entonces vivían en Cuba 28 000 braceros antillanos, radicados, fundamentalmente, en las provincias de Camagüey y del Oriente del país.

Conforme a como hace con otras naciones Cuba mantiene una activa colaboración con los países caribeños. Según datos recientes. En ellos prestan sus servicios más de un millar de colaboradores de la salud, mientras ha graduado varios miles de estudiantes, fundamentalmente en medicina. En los últimos años más de 100 mil pacientes del Caribe han recuperado la visión gracias a la Operación Milagro.

Como expresó el Presidente de la República de Cuba, General de Ejército, Raúl Castro Ruz, en la inauguración de la V Cumbre CARICOM-CUBA, el 8 de diciembre de 2014:

“Como pequeños estados insulares y naciones en desarrollo, enfrentamos el reto de sobrevivir y avanzar en medio de un mundo convulsionado por una crisis económica global, con todas sus manifestaciones en el orden financiero, energético, ambiental y alimentario, enfermedades mortales y guerras”

Actualmente es creciente la conciencia de la necesidad de trabajar de conjunto para alcanzar una sólida unidad dentro de la diversidad entre las islas caribeñas.

No existe duda alguna en que compartimos una historia común de colonialismo, esclavitud y de lucha por la independencia y el desarrollo. Por tanto, es estratégico ensartar islas y tejer redes entre ellas, como un intento fraternal contra el aislamiento, y poder concretar el sueño de integración de nuestros Próceres de la Independencia Latinoamericana y Caribeña postergado por más de 200 años.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

  • LIBRO DIGITAL: Del Caribe, de Cuba. Una aproximación.
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