Salvador Wood. La ejemplaridad de una vida

Salvador Wood Fonseca, uno de esos seres humanos que dejan una huella imborrable en la vida, acaba de fallecer.  Hombre sincero, honesto, valiente y eminentemente familiar, con su sonrisa amplia, con su boina miliciana verde olivo y su blanca guayabera, pero también su indeclinable cubanía, fue una figura emblemática, querida y admirada por su pueblo.

Nunca hubo para él obstáculo alguno. Desde muy joven y en su querido Santiago de Cuba, convertirse desde un aprendiz simple en la emisora CMKW hasta desarrollarse, a golpe de sacrificios y disciplina, en un artista integral en el orden de la actuación.

Vendrían años de duro bregar para abrirse camino en las principales emisoras de la capital del país, lo que coincidiría con su activa participación en la lucha contra la dictadura batistiana, lo cual realiza junto a su gran amigo y compañero de la actuación Wilfredo Rodríguez Cárdenas, ambos participantes en la histórica Marcha de las Antorchas, del 27 de enero de 1953.

Fue en los trajines clandestinos cuando coincidí con Salvador.  Con más edad y experiencia lo admiré desde un principio por sus firmes convicciones. En medio de la lucha hicimos una sólida amistad, viéndolo  siempre como un hermano mayor.

Durante su exilio político en Venezuela después del revés de la huelga revolucionaria del 9 de abril de 1958, convirtió su humilde hogar no solamente en una continuación de su militancia revolucionaria, sino en un punto de refugio natural para otros exiliados del sector de la radio y la televisión.

Vendría el triunfo del 1ro. de enero de 1959, y ya asentado en su querido Cojímar, su segundo terruño, comenzaría para Salvador otra etapa en que se destacaría como dirigente sindical de gran prestigio en el sector artístico, director de programas y como primera figura en la radio y la televisión y el cine, lo cual se produce junto a su inseparable y amorosa Yolanda Pujols, excelente actriz y locutora.

Al mismo tiempo, con su dinámica cultural y reconocidos valores artísticos, aparecerá otro aspecto sumamente interesante en la vida de Salvador: su participación en la fundación de instituciones culturales como la UNEAC, el ICAIC y el ICRT.

Salvador Wood Fonseca, primero con el nombre de Leonardo Robles en su vida artística, nos deja un legado como trabajador incansable en el campo de la cultura, y sobre todo un punto obligado de referencia para las jóvenes generaciones de artistas que hoy desean transitar por los caminos de quien supo dar a su pueblo lo mejor de su arte con sus valiosas y memorables interpretaciones.

Con su humildad y característica no pocas veces refirió que había aprendido el arte de la actuación leyendo y estudiando sólo, y en particular preguntando a aquellos con mayor experiencia.

Salvador, junto con su esposa Yolanda, fueron forjadores de una bella familia de artistas reconocidos integrada por sus hijos Yolandita y Patricio, hombre de gran sensibilidad humana y artística, y Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba, nos deja un legado digno de imitar al haber sido una personalidad que abarcaba con su amplísima cultura el dominio de la prosa, la poesía y la décima.

Sobre ese gran hombre que fue Salvador a lo largo de sus 90 años de vida cabe recordar las palabras del compañero Abel Prieto en su prólogo al libro: “Salvador Wood, una vida llena de recuerdos”, al escribir sobre éste:

“Porque pertenece, es obvio, como diría Brecht, a la raza de los imprescindibles que no dejarán de luchar nunca por lo que creen”

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