El Neoliberalismo agoniza

Hay una verdad incuestionable: Los movimientos, gobiernos, instituciones y cualquier corriente de pensamiento que niegue el derecho supremo de los pueblos a vivir decorosamente, siempre e inexorablemente, fenecerá más tarde o más temprano ante los ojos de los pueblos que luchan por sus derechos inalienables.

Esto se está demostrando durante los últimos años. Hay un evidente desgaste del neoliberalismo, cada día más pueblos se rebelan porque han llegado al límite de su padecimiento histórico de hambre, miseria, insalubridad, carencia de educación, marginalidad, analfabetismo, y ser tratados como bestias para satisfacer el apetito, siempre creciente, del gran capital.

Se ha creado una ecuación interesante: a) la clase dominante interviene, sojuzga y explota, b) el pueblo atropellado se levanta y logra un gobierno de izquierda, con significativos logros, c) el imperio y sus secuaces arremeten con saña para destruir todo lo alcanzado y retrotraer la historia y d) pero ya es tarde, el pueblo afronta el peligro, lucha y vence.

Pero no logran –ni lograrán- que se mantenga la villanía para que muchos sigan padeciendo y pocos disfruten a costa del dolor ajeno. A Venezuela no pueden arrodillarla, como no  pueden tampoco  con Cuba,  Nicaragua, Bolivia, entre otros.

Y es que desde hace mucho ellos mismos están conscientes del despertar de los pueblos y adoptan las decisiones más erráticas, es decir, poner en marcha una siniestra maquinaria para destruir a toda costa lo ya edificado, dígase golpes blandos, apoyo a paramilitares asesinos, sobornos a instituciones de justicia, amenazas, robo descarado de dinero,  bloqueos criminales, sanciones y todo tipo de maniobra que haga morir cualquier intento de libertad. Es decir, algo parecido con la odiosa esclavitud cuando a un negro cimarrón lo capturaban y lo hacían padecer hasta el infinito con el odioso cepo para escarmentarlo.

Pero desde hace unos años está sucediendo algo verdaderamente sorprendente que anuncian la debacle del neoliberalismo. ¿Por qué? Porque muchos gobiernos nefastos  de nuestra América están en capilla ardiente y sus pueblos sin duda  lograrán zafar el nudo de la injusticia.

Dígase, como ejemplos, Perú, donde sus gobernantes corruptos pueden caer en el abismo en cualquier momento; Argentina, preparando las condiciones para marcharse porque el pueblo lo aborrece; Honduras, donde su máximo dirigente está acusado de narcotraficante; Chile, en una situación de caos y el pueblo volcado a las calles; Brasil, con un presidente racista, destructor del medio ambiente, homofóbico, ignorante y otras “virtudes” como lacayo al servicio incondicional de Trump; y también sumisos al mandato imperial como los gobernantes de Colombia, Costa Rica, Guatemala, y Paraguay.

Y qué decir del emperador. Su accionar es tan negativo para esta humanidad que ya resulta casi imposible describirlo. En poco tiempo se ha ganado el rechazo de pueblos, gobiernos decentes, instituciones de derechos humanos, brillantes figuras de la intelectualidad. Su talante de arrogancia, bravuconería, lenguaje soez y amenazante, mentiroso, enemigo de los negros, los emigrantes y  las mujeres, ignorante de profesión, y enemigo a ultranza de todo lo que signifique bienestar para esta humanidad, lo sitúa en el papel de un verdadero bochorno  del orbe. 

Y ya ve usted, ¡es el Presidente del país más rico del mundo con el arsenal nuclear más poderoso que pueda concebirse! Pero a pesar de todo hay una lógica que se impondrá, dada a su vez por una verdad histórica: el mal tiene sus límites, pero no las ansias de los pueblos por vivir en paz y armonía, disfrutando de todos los derechos que le son indispensables. Morirá este imperio como otros, porque como dijo nuestro Martí:

“La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo, y no naufraga jamás”.  

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