Países desarrollados. ¿A costa de qué?

Ya desde hace mucho tiempo, cuando se habla de divisiones entre naciones, se califican como países desarrollados, en desarrollo y pobres. A partir de tales denominaciones me parece conveniente invitar a considerar algunas apreciaciones, que pueden o no coincidir con su opinión, pero que, al menos, sirvan para la reflexión.  

Veamos:  si el desarrollo, en su concepto más abarcador, se refiere solo a gigantescos rascacielos y millones de automóviles que enrarecen y dañan el medio ambiente, e incluso, al elevado por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) …¿podemos asegurar que esos países disfrutan de desarrollo? Parece que la respuesta es un NO rotundo, porque un país desarrollado no debe serlo solo por el espejismo de sus grandes posesiones de vidriera y tampoco por un PIB elevado, sino por el grado de bienestar de todo su pueblo y no del 1% de él.

Por otra parte, en desarrollo no deben catalogarse a países que siguen sufriendo cruelmente los zarpazos imperiales y el neoliberalismo despiadado que no reconoce derechos de los pueblos, y sí los del Fondo Monetario Internacional, el “garrotero mayor” que solo concibe el patrón dólar en sus “concesiones”, pero nunca jamás el pavoroso sufrimiento de los pueblos.

Si no es así, entonces cómo se explica, por ejemplo, la reacción del noble pueblo ecuatoriano o el chileno cuyos gobiernos se han vendido dócilmente al proxeneta mayor y combate a su propia gente que reclama derechos muy justos, y sin embargo, el tratamiento no puede ser más cruel, es decir,  atacar a los que exigen respeto con chorros de agua a presión, balas de goma, tanques de guerra, guardias dispuestos a matar si les es preciso. 

Y lo curioso de tanta maldad es que sus presidentes se presentan en las Naciones Unidas con un cínico discurso pidiendo respeto a los derechos humanos y dando vivas a la democracia.

Y después viene el otro grupo de pueblos, donde se exhibe la injusticia en su forma más cruel. Seres sencillamente olvidados, que no conocen a un médico, o una escuela, viviendo en pleno siglo XXI en casuchas extremadamente humildes, niños que en número enorme no llegan a los 5 años de vida; mujeres que deben parir en los caminos para traer al mundo otro ser para sufrir, y tantos otros males que hasta llegan a empañar nuestros ojos; y no es patetismo vulgar, son tristes realidades de las que poco o casi nada se habla en los grandes salones internacionales, donde se dialoga sobre las metas para el 2030 y de llamados a las partes beligerantes a la cordura para la paz.

Y uno se pregunta ¿cómo es posible hablar de paz y desarrollo con hambre, miseria, analfabetismo, incultura, insalubridad? Es un verdadero insulto a nuestra humanidad. Lo que sí hace falta es ayuda concreta y efectiva para lograr que los pobres dejen de serlo.

Y que no sea con limosnas ni dádivas insultantes. Oscar Wilde decía que: “…la caridad degrada y desmoraliza”. “Es inmoral usar la propiedad privada a fin de aliviar los terribles males que resultan de la misma institución de la propiedad privada. Es a la vez inmoral e injusto”.   

Tiene que ser con total desinterés, teniendo presente que tal ayuda deben prestarla, precisamente, los grandes del “desarrollo” culpables de tanta barbarie. Hay que luchar contra las ambiguas  divisiones que establecen un mundo simple donde sólo existen “buenos” y “malos” o “ganadores y perdedores”.

Fíjese usted en datos que ya tienen un tanto más de 5 años; entonces se aseguraba que las 300 mayores fortunas del mundo acumulan más riquezas que los 3 mil millones de pobres. Además, en la actualidad miles de seres humanos, mujeres, niños, ancianos en todo el mundo han perdido la vida; ciudades han sido arrasadas, los conflictos bélicos han destruido servicios básicos de países enteros, las carreteras, y la infraestructura tecnológica, llevándoles a la Edad Media.

¿Quiénes han provocado tanto daño? ¿Es cierta la división? ¿Qué están haciendo la ONU y otras instituciones internacionales para evitar tanta maldad?  Las respuestas las dejo a su inteligencia.

“El egoísmo es la mancha del mundo, y el desinterés su sol.”  José Martí

 

 

        

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