Un verdadero genocidio

El bloqueo que sufre Cuba por parte de Estados Unidos  es, sin duda,  el mayor y más prolongado contra pueblo alguno. Unas veces se ha calificado como brutal, otras criminal, pero cuando se analiza en toda su magnitud y graves consecuencias hay que llegar a la conclusión de que es un verdadero GENOCIDIO.

Vea cómo se definió por la Convención contra el Crimen en Ginebra 1948, según sus artículos b) y c): “es lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo humano”; “es sometimiento intencional del grupo humano a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial”. 

Se deduce por tanto que las agresiones sufridas por mi país se ajustan a las definiciones señaladas, si tenemos en cuenta, entre otras muchas acciones imperiales la invasión militar por vía mercenaria; guerra psicológica y bacteriológica, el propio bloqueo, sabotajes, atentados terroristas, guerra secreta de la CIA, utilización de grupos anticastristas con sede en Miami, voladura de un avión en pleno vuelo, explosión del vapor La Coubre; intentos de magnicidios contra el líder de la Revolución cubana y otros altos dirigentes; transmisiones ilegales contra nuestro pueblo, y una extensa etcétera.  

Fíjese usted que al principio de la Revolución un “buen señor” de apellido Mallory, entonces Sub Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos sugería como objetivo mayor …”provocar hambre y desesperación al pueblo cubano”. Y al reforzarse el bloqueo en 1996 se aseguraba que no podía levantarse en tanto un miembro de la familia Castro continuara en el poder.

Pero lo más indignante es que el imperio está convencido, desde que surgieron al mundo, que tiene derecho a causar genocidio a cualquier pueblo si de mantener su hegemonía se trata. Piense usted cómo quedó Irak tras la invasión Made en USA: un país masacrado, mutilado, destruido y hasta envenenado con uranio; se ha asegurado por distintas fuentes que costó la vida a un millón 455 mil 590 seres humanos y hasta la destrucción de su cultura milenaria. Entonces, teniendo en cuenta estas realidades ¿se puede dudar que el bloqueo contra Cuba es un acto de genocidio, ya que, como afirmé, el conjunto de sus medidas pretende matar de hambre y desesperación al pueblo cubano?

Claro, en cualquier análisis causa verdadera indignación constatar que Estados Unidos se burla descaradamente de la voluntad de todas los países que han expresado su voto en las Naciones Unidas para que se elimine definitivamente el bloqueo y, lejos de ello, cada día arrecian las medidas para ahogarnos.

La génesis de tanto mal hay que ir a buscarla allá desde 1776 en que surgieron al mundo, embarrados en sangre, como alguien dijo; y es que el sistema de injusticia que exhiben es el que hace parir la crueldad e, incluso, verdaderos monstruos que viven convencidos que son los amos del mundo, y por tanto  los pueblos, en su conjunto, resultan ser sus siervos.

Con una simple mirada a la historia comprobamos que son capaces no solo de golpes de Estado armados o blandos, también de genocidios como son los casos, entre otros, de Irak, Afganistán, o la tristemente célebre masacre de “El Chorrillo” en Panamá, entre otros muchos.

En el caso Cuba ellos están convencidos que este no es un pueblo de limosneros de derechos ni sabe inclinar la cabeza y mucho menos arrodillarse. Así que si intentan alguna brutal acción militar de gran envergadura deben asegurarse que no quede en pie ningún cubano o cubana, porque  la semilla  volverá a germinar para seguir luchando contra el imperio y demostrar que otro mundo SÍ es posible.

En otras palabras: con Cuba no haya arreglo. Como se ha dicho estamos dispuestos, como nación civilizada, a intentar relaciones normales pero sin condicionamientos que lesionen, ni en un ápice,  nuestro decoro, independencia y soberanía. Ni el genocida bloqueo ni la metralla podrán doblegarnos. ¡No tenga duda imperio!

Ninguna pluma que se inspire en el bien, puede pintar en todo su horror el frenesí del mal”.  “¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos?”. José Martí

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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