El racismo es un crimen

Sí es un crimen, porque atenta contra la dignidad del ser humano; y lo es, además, porque no existe ni un solo argumento válido que lo justifique. Ninguna persona que cuente con decoro puede aceptar que se discrimine a alguien solo por el color de su piel. Digo más, la práctica del racismo, aún en nuestros días, debía interpretarse como delito de lesa humanidad.

Y lo  doloroso es que naciones que se jactan de respetar los derechos humanos son, precisamente, los que más practican ese horror. Ya nuestro Maestro Martí lo había dicho: “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”. Pero muchos aún se empeñan en demostrar exactamente lo contrario y desprecian al hombre negro tal si fuera un animal maligno,  como sucede en el imperio actual.

Un ejemplo puede ser el de Malcolm X, negro y tenaz luchador contra el racismo,  nacido el 19 de Mayo e 1925 y asesinado el 21 de Febrero de 1965 a consecuencia del extremismo de supremacistas blancos. Aquella víctima del racismo fue orador, ministro religioso, gran defensor de los derechos de  afro estadounidenses; llegó a convertirse en uno de los más influyentes luchadores negros en la historia de Estados Unidos, como obviamente lo fue ese otro hombre llamado Martin Luther King, también asesinado por grandes representantes de una sociedad carcomida por el odio.  

En el caso de Malcolm sus detractores lo acusaban siempre de predicar el racismo y la violencia, es decir, exactamente lo que practicaban sus victimarios. En su adolescencia y juventud llegó, incluso, a involucrarse en el hampa, llegando a cumplir varios años de prisión, todo ello consecuencia de una sociedad que lo despreciaba. Pero se hizo hombre.  

Se irguió sobre su propia desgracia. Toda su familia sufrió la violencia del Ku Kux Klan; la casa fue incendiada, el padre asesinado y su madre, internada en un manicomio. Puede imaginarse, sobre todo el joven lector, lo que significaba en aquella época ser víctima del mencionado Ku Kux Klan, sociedad siniestra de encapuchados blancos que, con el símbolo de la cruz ardiente,   podían asesinar, e incluso quemar a un hombre negro en plena calle con la indiferencia de la policía yanqui.

Toda esa degradación humana viene desde allá por 1776, ya que los padres fundadores de EE.UU. mantuvieron a los esclavos negros como parte de su patrimonio, bajo un estricto ordenamiento legal de separación racial. Los negros vivían hacinados en paupérrimos ghetos, y les estaba prohibido acceder a los sitios públicos reservados para blancos.

Es como un germen maligno que traen en la sangre vestido con un sistema eminentemente injusto. Así que no es de extrañar que un  presidente de aquella nación, Thomas Jefferson, advertía que “de Haití ( de mayoritaria población negra), provenía el mal ejemplo, y que  había que confinar la peste en esa isla”. Lo que no dicen es que ese mismo pueblo fue el primero en llevar a cabo una revolución en nuestra América Latina.

Así que fácilmente se puede entender el motivo por el que había que eliminar a Malcolm X y a tantos que cometieron el “gran delito” de luchar contra la barbarie del racismo.  Para ellos debe ser la gloria y para los bárbaros la oscuridad y el desprecio por tanta maldad. Se impone la lucha tenaz por combatir el racismo, porque aún hoy enseña sus garras.

 ¡Gloria a Malcolm X y a todos los que como él supieron enfrentarse al horror!

 

 

      

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