Los “elegidos” insisten en una cruzada final

Eeuu LibertadEn cierta ocasión el presidente de Estados Unidos, Roosevelt, afirmó que: “Es una torpe, perversa y estúpida moralidad la que prohíbe prácticas de conquista que convierten los continentes en asientos de poderosas y florecientes naciones civilizadas”. Pues imagínese, es algo así como querer convertir las grandes injusticias que ha cometido siempre EE.UU. en un derecho divino que ellos, como mesías,  poseen para someter a la humanidad a sus bárbaras apetencias de permanentes lobos hambrientos de recursos.

Por otra parte, como es conocido por cualquier persona medianamente informada, lo que sí han logrado es el empobrecimiento de grandes masas humanas, como consecuencia del despojo de recursos de las naciones “convertidas en poderosas y florecientes naciones civilizadas”  Pareciera que el imperio y sus siervos de siempre están convencidos que todos los pueblos del mundo, con la única excepción de ellos, son anormales, estúpidos e incapaces.

Por ejemplo, estos pueblos inferiores deben estar conscientes que China es la culpable de la gran pandemia que azota al mundo; la OMS tiene gran responsabilidad porque no informó a tiempo la existencia del Covid-19; Cuba y Venezuela son los ejes del mal que hay que destruir; y además, también deben creer las palabras del señorito Pompeo cuando afirma que: “Si alguna vez hiciéramos algo con Venezuela, se llamaría invasión”. Es decir, hasta ahora no han hecho nada contra la hermana nación. ¿Se piensa que pueda existir cinismo mayor?

Es evidente que el imperialismo está decidido a todo para conservar su hegemonismo en el mundo; conoce perfectamente que si no actúan con la mayor severidad se les escapará la última oportunidad de seguir sojuzgando, ya que está demostrado que el neoliberalismo está a un paso de despeñarse al abismo. Ello explica la extrema maldad que ejecutan en momentos tan difíciles para la humanidad: la ONU alertando sobre la hambruna que vendrá a escala global; el actual cambio climático; el envejecimiento de las poblaciones; las guerras; el terrorismo; el fenómeno de la emigración; guerra económica; destrucción de entidades de signo positivo, como de derechos humanos y ambientales; bloqueos criminales; planes de magnicidios; grandes inversiones para la guerra y pocas para la salud humana; amenazas de destruir la ONU y otras organizaciones de derechos humanos, mientras se mantiene  la OEA que sirve de testaferro del imperio.

¿Qué les queda a los pobres de este mundo para intentar salvarse de tanta maldad en medio de un panorama que, a todas luces, es siniestro? ¿Permitiremos que nuestra descendencia se convierta en seres anormales cuyo único objetivo es servir al gran señor imperial y, además, ofrecerle gratitud por las migajas que nos deja caer en el suelo? Es que definitivamente muchos no ven que de ese modo solo se vivirá muriendo como modo recurrente de seguir sufriendo. Por tanto, es mejor luchar sin descanso para que todos, en un solo haz, derrumbemos tanta infamia. No hay otra salida posible. En cierta ocasión nuestro Ché Guevara afirmó: “Sueña y serás libre en espíritu; lucha y serás libre en vida”.

“Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y rollizos, sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo”. José Martí

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