Del asalto a las fortalezas militares de Santiago de Cuba y Bayamo (III)

Después de haber participado en el homenaje del pueblo a José Martí, en enero de 1953, en ocasión del centenario de su natalicio, los integrantes del Movimiento dirigido por Fidel,  con absoluta discreción, intensifican los preparativos para materializar la ejecución de una acción que diera inicio a la lucha revolucionaria.

Ya en el mes de abril se está trabajando con tesón en la adquisición de armas y uniformes y también Fidel en un viaje que realiza a Santiago de Cuba  logra detectar el lugar ideal donde poder reunir a los combatientes revolucionarios antes de salir hacia el ataque al Moncada. En este caso sería la que históricamente ha sido conocida como la Granjita Siboney.

En la misma medida que pasan los días se perfila el plan de ataque a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.

Como prueba inequívoca de la ejemplar discreción mantenida por la dirección del Movimiento sólo un grupo muy reducido de compañeros participa en la elaboración del plan. Renato Guitart es el único residente en Santiago de Cuba que conoce la acción que se piensa realizar en esa ciudad y en Bayamo.

En la estrategia concebida por Fidel se contempla la decisiva participación del pueblo en el combate revolucionario como elemento fundamental para poder destruir el régimen dictatorial e iniciar un proceso de profundas transformaciones de la sociedad cubana.

Precisamente acerca de ello Fidel señalaría, años después, el 7 de enero de 1959 en la ciudad de Matanzas, cuando tras la destrucción de la dictadura batistiana se dirigía hacia La Habana al frente de la Caravana de la Libertad:

Nosotros nunca fuimos a los cuarteles a hacer conspiraciones, nosotros nunca fuimos a mendigar a las puertas de los cuarteles que nos ayudaran a resolver los problemas de Cuba.  Nosotros nunca fuimos a guataquearles a los militares para que nos recobraran nuestras libertades, porque los derechos —como dijo el Apóstol— se toman, no se mendigan; se arrancan, no se piden.”

Y agregó:

¿Qué hicimos nosotros?  Reunir un grupo de fusiles 22, de escopetas calibre 12, de revólveres y de pistolas, marchar hacia Santiago de Cuba y atacar el cuartel Moncada.  No había otra forma; si queríamos recobrar nuestros derechos y queríamos hacer una revolución de verdad, teníamos que empezar por quitarles los fusiles a aquellos que estaban utilizando los fusiles para oprimir al pueblo.”

Con absoluta precisión se elaboró el plan de ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, respectivamente.

Y para garantizar la movilización del pueblo se había previsto una vez que se hubiera logrado la ocupación del cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, hacerle un llamado a la población a través de la radio a la que se les entregaría las armas  para propiciar así una insurrección popular armada.

Precisamente con respecto a ello Fidel explicó en el discurso pronunciado en 1966, en la fecha del 26 de julio en el año 1966 en La Habana :

Si teníamos una absoluta fe en el pueblo, y toda la estrategia de la Revolución se basó siempre en el pueblo, siempre lo hemos dicho en otras ocasiones, en una gran confianza en el pueblo, en una gran convicción acerca de las enormes energías morales del pueblo, acerca de la enorme fuerza revolucionaria que se encerraba en el pueblo.”

Y agregó:  “Nosotros éramos un puñado de hombres, no pensábamos con un puñado de hombres derrotar a la tiranía de Batista, no; pero pensábamos que aquel puñado de hombres podía ocupar las primeras armas para empezar a armar al pueblo; sabíamos que un puñado de hombres podría bastar, no para derrotar aquel régimen, pero si para desatar esa fuerza, esa inmensa energía del pueblo que si era capaz de derrotar a aquel régimen.”

La inmensa mayoría, casi la totalidad de los combatientes revolucionarios que salen el 24 de julio de 1953 desde distintos puntos de La Habana hacia Santiago de Cuba y Bayamo desconocían hacia qué lugar del país se dirigían ni todavía sabían con precisión, aunque muchos lo suponían, que había llegado la hora del combate.

Ello evidenció la gran confianza que tuvieron los integrantes del Movimiento en la dirección de la organización, y en Fidel en especifico, y reflejó igualmente la discreción con que  se mantuvo el plan de ataque a las fortalezas militares de la tiranía.

En el caso de Santiago de Cuba después de haberse alojado en casas y en hoteles, los que participarían en el asalto al Moncada se concentraron en la noche del 25 de julio de 1953 en la granjita Siboney.

Fidel y Abel les hablan y detallan las características del plan a ejecutar.

Se forman tres grupos. Uno dirigido por Fidel, el más numeroso que tenía por objetivo tomar el cuartel por sorpresa. Un segundo grupo, dirigido por Abel Santamaría ,del cual formaba parte el doctor Mario Muñoz así como Haydée Santamaría y Melba Hernández, ocupó el hospital Saturnino Lora, situado cerca de la parte trasera de la instalación militar. Un grupo más reducido en el que se hallaba Raúl Castro se dirigió hacia el edificio de la Audiencia de la ciudad. 

La salida hacia los distintos lugares se produjo minutos después de las cinco de la madrugada. Factores imprevistos y circunstanciales, como fue el encuentro con una guardia cosaco que hacia un recorrido por los alrededores del cuartel, con motivo de haberse estado celebrando ese día los carnavales en Santiago de Cuba y la reacción del jefe de la posta por donde iban a entrar los combatientes, que logró activar el timbre de alarma, impidieron  la ocupación por sorpresas del Moncada.

Los combatientes revolucionarios no pudieron vencer la resistencia de los soldados que era una fuerza superior en cantidad de hombres y calidad de los armamentos y que se hallaba protegida por las instalaciones del cuartel. Después de un intenso combate, cuando  comprendió que era imposible cumplir el objetivo de ocupar dicha instalación Fidel ordenó el retiro y se trasladó entonces hacia la granjita Siboney para intentar reagrupar a los que estaban en disposición de dirigirse hacia las montañas para proseguir la lucha.

Acerca de ello Fidel expresó, años después, en el discurso que pronunció en La Habana el 26 de julio de 1966: 

Nosotros pensábamos ocupar las armas del campamento, pensábamos hacer un llamamiento a la huelga general de todo el pueblo, partiendo de la situación de descontento y de odio hacia Batista, y pensábamos utilizar las estaciones nacionales de radio para un llamamiento a la huelga general. Si no se lograba la paralización del país, el objetivo nuestro era después ir hacia las montañas para librar una guerra irregular en las montañas.”

El grupo de Abel Santamaría no pudo retirarse del hospital Saturnino Lora porque los soldados de la dictadura rodearon dicho centro. Con excepción de uno de los combatientes que pudo pasar inadvertido al ser protegido por un paciente, un veterano de las guerras de independencia de Cuba en el siglo XIX, que lo hizo pasar por su nieto, todos los demás fueron detenidos y trasladados al cuartel.

En el traslado hacia dicha instalación resultó asesinado el doctor Mario Muñoz. Los demás, con excepción de las dos mujeres que fueron las únicas que lograron sobrevivir, resultaron vilmente torturados y asesinados.

En Bayamo tampoco se pudo alcanzar la ocupación del cuartel Carlos Manuel de Céspedes, e incluso igualmente algunos de los que formaban del grupo que tendría a su cargo esa misión fueron capturados posteriormente y asesinados. Pero el 26 de julio, si bien no se alcanzaron los objetivos previstos, no fue una fecha que marcó una derrota definitiva.

Sobre ello Fidel también diría, en este caso en el acto realizado el 26 de julio de 1975 en la ciudad de Santiago de Cuba:

“El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias. No fue la única amarga prueba de la adversidad, pero ya nada pudo contener la lucha victoriosa de nuestro pueblo. Trincheras de ideas fueron más poderosas que trincheras de piedras. Nos mostró el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas, y nos dejó la lección permanente de la perseverancia y el tesón en los propósitos justos.”

 

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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