La decisión de continuar la lucha revolucionaria (IV)

Cuartel Moncada 00Tras haber regresado a la granjita Siboney, en horas de la mañana del 26 de julio de 1953, Fidel exhortó a los combatientes que habían retornado igualmente a este lugar a que lo secundaran en el empeño de dirigirse hacia las zonas montañosas de la provincia de Oriente para proseguir la lucha.  Varios de ellos lo apoyaron y se internaron con él en zonas rurales cercanas a Santiago de Cuba.

Pero en el transcurso de los días debido al desconocimiento de la zona, el cansancio, el hambre y otros factores el grupo se fue diezmando. Durante casi una semana el régimen dictatorial desató una feroz persecución contra los participantes en las acciones del “Moncada” y el “Carlos Manuel de Céspedes”, muchos de los cuales cayeron prisioneros.

Una gran parte de los capturados además de ser torturados fueron vilmente asesinados. En el transcurso de los días la matanza de los revolucionarios causó una gran repulsa por parte del pueblo y diversas instituciones sociales y religiosas se pronunciaron por el respeto de la vida de los prisioneros. Esto  impidió que varios de los combatientes hechos prisioneros en los días sucesivos, entre ellos el propio Fidel Castro, fuesen vilmente asesinados.

Acerca de su detención y cómo se logró que no lo asesinaran Fidel señaló en el juicio que se le siguió por lo acaecido el 26 de julio de 1953, en su alegato conocido como La Historia me Absolverá

Cuando sólo quedaban conmigo dos compañeros: José Suárez y Oscar Alcalde, totalmente extenuados los tres, al amanecer del sábado primero de agosto, una fuerza al mando del teniente Sarría, nos sorprendió durmiendo. Ya la matanza de prisioneros había cesado por la tremenda reacción que provocó en la ciudadanía, y este oficial, hombre de honor, impidió que algunos matones nos asesinasen en pleno campo con las manos atadas.”

Posteriormente el teniente Pedro Sarría  se negó, además,  a entregar a Fidel y sus dos compañeros  a un oficial de mayor graduación que la suya y los condujo ante la vista de la población al Vivac de Santiago de Cuba. Después Fidel fue internado en la cárcel de Boniato.

El 21 de septiembre de 1953 comenzó, en la Audiencia de Santiago de Cuba, a celebrarse el juicio por la Causa 37 radicada por el Tribunal de Urgencia. Fidel en su condición de abogado solicitó asumir su propia defensa, pero mediante ello, con preguntas muy certeras a los oficiales y soldados y otros testigos así como con sus argumentos iba poniendo en evidencia los crímenes que se habían cometido por las fuerzas de la dictadura y destruía las cobardes, alevosas y miserables calumnias que se lanzaron contra numerosos combatientes.

Entonces de pronto Fidel fue sacado del proceso ya que se alegó que se hallaba enfermo. 

Para denunciar esta maniobra él redactó una comunicación la cual tras ser ingeniosamente sacada la celda, donde se encontraba incomunicado, fue presentada por Melba Hernández en la tercera sesión del juicio efectuada el 26 de septiembre.

Fidel denunció que se trataba de impedir su presencia en el juicio y que destruyera las fantásticas falsedades que se habían tejido alrededor de los hechos del 26 de julio, y a su vez de impedir que se conociesen los horribles crímenes que se cometieron ese día en las personas de los prisioneros, que calificó como la más espantosa matanza que conoce la Historia de Cuba.

Tras pedir que otro grupo de médicos lo examinara para determinar su estado de salud y exponer otras consideraciones sobre el proceso judicial, Fidel enfatizó: “Por mi parte, si para mi vida tengo que ceder un ápice de mi derecho o de mi honor, prefiero perderla mil veces; “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

Pese a que los médicos forenses que lo examinaron determinaron que estaba bien de salud, Fidel no volvió a ser llevado a la Audiencia y finalmente fue juzgado, en medio de un total aislamiento y con la presencia armada de numerosos soldados,  el 16 de octubre de 1953 en una sala del hospital Saturnino Lora. Fidel pronunció su alegato que ha sido recogido con el nombre de La Historia me Absolverá, frase con la que concluyó su intervención.

De acusado en acusador, desafiando todos los peligros, Fidel se convirtió en el juicio del “Moncada” al exponer la caótica situación de la nación cubana, agravada al máximo con el golpe de estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, así como por poner de manifiesto los atroces crímenes contra sus compañeros.


Fidel La Historia Me Absolvera


Fidel igualmente delineó un programa revolucionario que serviría con posterioridad como fuente de inspiración para proseguir la lucha contra la dictadura batistiana y por la conquista de la plena independencia de la nación cubana. Con singular firmeza concluyó su intervención no pidiendo su libertad sino expresando su determinación de compartir con sus compañeros el presidio.

Así quedó plasmado:

En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá.”

Condenado a 15 años de prisión Fidel fue internado en el Reclusorio Nacional de Hombres de Isla de Pinos, comunmente conocido como Presidio Modelo, donde ya se hallaban otros de los asaltantes de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Pese a los rigores del presidio, el aislamiento  y la represión, Fidel convirtió los días de encierro en jornadas de lucha, de preparación y reafirmación revolucionaria.

En el presidio Fidel y los demás combatientes revolucionarios inicialmente crearon la academia “Abel Santamaría” en la cual trataban acerca de temas de carácter político. En la cárcel Fidel también reconstruyó el alegato que había pronunciado en el juicio.

Con singular habilidad lo que fue escribiendo se logró sacar de la prisión con vistas a ser impreso en un folleto y que de esta forma fuera de dominio público lo expresado por él en esa significativa ocasión. 

Prision Isla Pinos

Desde el presidio de Isla de Pinos, Fidel sigue además atento a la situación existente en Cuba, imparte instrucciones a compañeros suyos que no estaban encarcelados, o que habían sido liberados, como era el caso de Melba Hernández, quién había participado en el asalto al cuartel Moncada y tras cumplir, junto a Haydée Santamaría, varios meses de prisión resultó excarcelada y pensaba viajar hacia México.

Le indica cómo proceder ante la presencia de grupos opositores a Batista que en el extranjero movidos más por intereses personales que patrióticos contaban con recursos económicos y hacían planes y trataban de captar a personas. En la etapa final de 1954 con unas elecciones fraudulentas el dictador Fulgencio Batista trata de dar otra imagen ante el pueblo y consolidarse en el poder. 

Ya en los primeros meses de 1955 el régimen dictatorial anuncia que se decretaría una amnistía general e incluso trata de chantajear con ello a los combatientes revolucionarios encarcelados en Isla de Pinos. Sin lograr que los asaltantes de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes recluidos en el Presidio Modelo en Isla de Pinos claudicaran en sus principios, el régimen batistiano tuvo que decretar la amnistía general en la etapa inicial del mes de mayo de 1955. 

El 15 de ese mes Fidel y sus compañeros salían de dicho presidio y en el ferry El Pinero se trasladaron desde Nueva Gerona hacia el poblado de Batabanó y de ahí viajaron hacia la ciudad de La Habana. Pocas horas después de haber recobrado su libertad Fidel reiteró su compromiso de seguir luchando por la causa del pueblo cubano.

El día 16 de mayo en el periódico “La Calle” se publicó un manifiesto suyo en el que señaló en uno de sus párrafos:

“Nuestra libertad no será de fiesta o descanso sino de lucha y deber, de batallar sin tregua desde el primer día, de quehacer ardoroso por una patria sin despotismo ni miseria, cuyo mejor destino nada ni nadie podrá cambiar. El país se yergue formidablemente contra los que lo maltratan, se ve surgir una fe nueva, un despertar inusitado en la conciencia nacional. Pretender ahogarla es provocar una catástrofe sin precedente cuyos funestos resultados caerán sobre las cabezas de los culpables. Los déspotas pasan, los pueblos perduran”.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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