Una temible enfermedad

Aclaro que lo de enfermedad se lo adjudico al gobierno de Estados Unidos y su sistema imperial, aunque no escapan a ella todos los que en este mundo se unen vergonzosamente al monstruo insaciable. Unos con la mayor responsabilidad y otros sirviendo de cancerberos para que –increíblemente- se nos haga insoportable la vida en la Tierra. 

Es que prácticamente no hay un solo día en que no conozcamos de incontables y nuevos sucesos u otros de larga data que, en su conjunto, nos muestran un mundo que, poco a poco, se derrumba por la acción despiadada del gran capitalismo y muchos acomodaticios que se embriagan con maldad y, además, lo disfrutan.

No es el objetivo de estas letras describir una situación patética a ultranza que cause pavor entre gente honesta; pero sí es llamar a la conciencia colectiva para que nos enfrentemos a tanto derroche de maldad en la medida de las posibilidades de cada cual, pero todo unidos en un frente común. ¿Por qué?, porque está en juego, nada más y nada menos, que la vida. En tal contexto intento mencionar  gravísimos problemas que guardo en mi memoria, solo a modo de ejemplos entre un sinfín de ellos:

El “respetable” presidente de Estados Unidos prácticamente abandona la actual pandemia a pesar del crecimiento constante de cifras alarmantes de contagiados y muertos; y lo hace únicamente para dedicarse a tiempo completo a su reelección para la presidencia. No importa que EE.UU. sea la cúspide de la enfermedad, lo importante es Donald Trump; y ahora, para colmo, los que se enfrentan al racismo y la injusticia son terroristas comunistas.

Por otro lado, el señor presidente de Colombia, fiel al amo, es en realidad el causante principal de los asesinatos que se cometen a diario de líderes sociales e integrantes de las FARC-EP, ello independientemente de lo común que va siendo la violación de menores por parte de su ejército y, por supuesto, la crítica situación económica y social del pueblo.

Es como si volvieran las tristemente célebres hordas fascistas.

Vea usted otro ejemplo: el señor presidente de Israel mantiene sus órdenes para continuar bombardeando  a palestinos en su afán de robarles territorio; y todo ello sucede a pesar de que la ONU declare ilegal la ocupación por Israel de las tierras palestinas. Hace lo mismo que Trump porque no le importa la comunidad internacional, la misma que se ha declarado opuesta al bloqueo criminal contra Cuba que mantiene a la isla rebelde en permanente asedio.

Es que parece como una cruzada internacional contra todo lo que sugiera o sea bienestar para los humanos; es considerar que las víctimas de tanto horror son las victimarias, porque se atreven a levantarse contra la barbarie. Es por ello que EE.UU. hace hasta lo inimaginable para destruir acuerdos positivos como el nuclear; mantener medidas de sanciones y actos delincuenciales contra Irán, Venezuela, Nicaragua o cualquier otro país desobediente del mandato imperial. Y para colmo, veo recientemente una información dando cuenta de que Trump se niega a pagar su deuda millonaria a la OMS, precisamente cuando más se necesita.

En este festín de la barbarie se pueden incluir muchas decenas de ejemplos y hasta algunos de ellos históricos que llenarían grandes volúmenes, tales como las bombas contra Hiroshima y Nagasaki; masacres inauditas como las del “Chorrillo” en Panamá; múltiples invasiones; robos de territorios; apoyo a regímenes sangrientos; las miles de toneladas de Napalm arrojadas sobre Viet Nam, quemando vivos a miles de seres;  amparo y resguardo en territorio yanqui de todo tipo de lacra delincuencial, asesinos, torturadores etc. que mucho hicieron sufrir a sus pueblos. Y todo ello –el colmo del cinismo- ha sido en nombre de la democracia, los derechos humanos y los grandes valores de la nación norteamericana.

El asesino más grande de la historia, los EE.UU., lleva muchos años impune en la Casa Blanca, y NO SUCEDE NADA.

 Luchar por salvar a la humanidad de una destrucción apocalíptica, significa luchar por salvar a cientos de millones de vidas de hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y de niños”  Fidel Castro Ruz, definiendo el significado de la lucha por la paz. (1962)

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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