Un llamado a la razón y la sensibilidad

Tengo la absoluta certeza de que – salvo muy escasas excepciones – a nadie le agrada la idea de provocar enfermedades o muerte a sus semejantes. Cuando nos enteramos de homicidios, guerras, accidentes y cualquier otro infortunio que en este sufrido planeta está a la orden del día, nuestra primera reacción es el espanto y, después, la censura y condena. La sensatez, el sentido común y la empatía nos mueven a comportarnos así. 

En primer lugar porque somos solidarios por naturaleza, gracias a la vida que compartimos en comunidad y que nos hace crecer de continuo en conciencia. Es la misma fuerza moral que impulsa hacia la empatía, que es ponernos en el lugar de quienes sufren, para identificarnos con el dolor de otras personas y acudir en su ayuda.   

Cada vez que son mencionados los trabajadores de la salud cubanos, mujeres y hombres de la Brigada Médica “Henry Reeve”, toda persona normal experimenta un sentimiento universal de gratitud. Baste pensar que esos seres humanos excepcionales van a cualquier confín del mundo del que se les llame, para curar enfermos, salvar vidas y devolver esperanzas a los que más sufren. Ellas y ellos son de la misma estirpe admirable de sus colegas que permanecen en el suelo natal para cumplir igual misión con el pueblo del que son parte.   

En esta hora crítica de la pandemia de la Covid-19, la labor humanista de la medicina cubana merece respeto y elogio absolutos. Demuestra con evidencias irrefutables que nuestro sistema de salud es óptimo y altamente funcional, a pesar del Bloqueo económico, comercial y financiero llevado a extremos más aberrantes por la actual Administración estadounidense, muy a diferencia de otros sistemas donde lo que está en primer lugar son las ganancias y el individualismo egoísta e insensible.

Lo antes expresado contrasta con actitudes – pocas, es cierto -, pero que por la naturaleza de la pandemia amenazan con crecimientos exponenciales de contagio. 

 

Cuba es un país donde todos los medios de difusión masiva orientan con claridad acerca del mal que azota hoy a la mayor parte del planeta. Nuestro país trabaja en conjunto con organismos globales como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud; se mantienen la comunicación y el intercambio con países que como el nuestro enfocan sus saberes y esfuerzos para procurar una rápida solución. 

¿Cómo es posible que haya individuos que a estas alturas desoigan las orientaciones sanitarias? Cierto que son minoría, pero sus actitudes irresponsables, ignorantes y carentes de disciplina ponen en riesgo la salud y la vida de decenas de miles – quizás más – de nuestros compatriotas. 

El Estado cubano no escatima esfuerzos ni recursos, de esos mismos que no abundan por culpa del Bloqueo, para atender y tratar dignamente a nuestros enfermos de Covid-19. La atención hospitalaria jamás ha faltado, como tampoco el apoyo total a las comunidades que ha sido necesaria aislar por haberse detectado focos de contagio. 

Todas las energías de esta tierra que nos vio nacer se mantienen activadas, desde el máximo nivel decisorio hasta los barrios, para erradicar esta terrible pandemia. Para que este gran esfuerzo resulte exitoso, es imprescindible toda la cooperación y fuerza ciudadana; tanto en el cumplimiento estricto de todas las medidas sanitarias, como el combate resuelto a quienes irresponsablemente las violan. 

El cumplimiento de las medidas es deber y obligación de cada uno de nosotros. Hacerlo, no por evitarse una multa – medida más que merecida para quien transgreda lo orientado -, sino porque ante todo hay que cuidar de la salud propia, de la familia, de las amistades y de cualquier ser humano. 

La Covid-19 contagia y mata, es un matador invisible y de eso todos sin excepción estamos bien informados. Por conocerse la letalidad de este flagelo, quien no cumple lo orientado en nada se diferencia de homicidas culposos o asesinos que premeditan un crimen. 

Mayoritariamente las cubanas y cubanos apostamos por la salud y la vida; es el sí por sí por todos, por mí, por mí; por un mundo mejor y posible que juntos vamos a edificar. Derrotaremos entre todos a la pandemia de la Covid-19, y seguiremos trabajando de manera mancomunada por el país próspero al que aspiramos y merecemos. 

Cerremos filas sin descanso haciendo propias, cumpliendo y exigiendo cumplir las disposiciones sanitarias de nuestro Estado y Gobierno. Nuestra opción es la vida, y por ella seguiremos luchando sin descanso. Es el reiterado llamado, sensato y justo, a la razón y la sensibilidad humana.

 

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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