Un show prostituido donde todo vale

También se puede asegurar que las elecciones presidenciales en EE.UU. constituyen, en la práctica, una absurda y desvergonzada forma de anti democracia. En realidad es algo más, porque se trata de una verdadera burla a su propio pueblo, ya enajenado y hasta drogado por un sistema que, desde antaño, fue diseñado sobre bases de egoísmo y supremacía a ultranza.

Es decir, todo, absolutamente todo, responde a un diseño único donde el engaño se hace necesidad, la infamia un derecho, y la superioridad yanqui una necesidad de la humanidad. En eso sí hay que reconocer que fueron y son muy consecuentes.

Su sistema “democrático” de elecciones es como una estancia que, en su interior, despide fetidez, hay mucho polvo, desorden, y una anarquía omnipresente. No obstante, se atribuye el derecho de acusar de no democráticos a gobiernos que insisten en ser independientes y respetados, tales como Venezuela, Nicaragua y Cuba entre otros. Definitivamente, se requiere una enorme dosis de cinismo de tal sistema y no es posible, a la luz de la lógica y la razón, digerir tanta afrenta, incluso, a la inteligencia de los pueblos.

Vea usted simples ejemplos: no todos pueden votar aunque cuenten con tal derecho legal; el hecho de pertenecer a las minorías (léase perdedores)  como negros, afro descendientes, latinos ya constituye un impedimento; existe un engendro que concibe votos populares y electorales, lo que propicia que un candidato haya tenido más millones de votos que su adversario y, sin embargo, perder. Y aún así se permiten el lujo de auto declararse defensores de la democracia y los derechos humanos.

Pero aquí no termina todo. Aunque parezca increíble Trump ha declarado, incluso a viva voz, que no reconocerá el resultado de las próximas elecciones si resultan en su contra. Es decir, tiene que resultar vencedor , porque él es un enviado extra terrestre para asegurar que nada cambie, que todo permanezca en función de los macabros intereses de su retorcida mente fascista. Pero este personaje no tiene límite, y siempre salta olímpicamente las normas elementales de lo justo y de la convivencia humana. Ha llegado a pedir a sus seguidores que ejerzan el voto dos veces, tanto en persona como por correo, para obviamente duplicar los votos a su favor.

Cualquiera que intente oponerse a sus acciones los considera enemigos, terroristas, de una izquierda radical y perversa y que, además, incitan a la violencia. Lo que jamás dice es que el 93% de las manifestaciones que ejecuta el Movimiento Black Lives Matter son pacíficas. El colmo de los colmos son los shows o espectáculos constituidos por los debates entre uno y otro de los que pretenden la presidencia.

Se puede apreciar de todo, desde insultos, chismes, falta de respeto, acusaciones sin fundamento, bravuconería, amenazas…en fin de todo un poco; y en el  ocurrido recientemente,  se lució con su habitual prepotencia el señor presidente de Estados Unidos, el mismo que, por desgracia, tiene la posibilidad de poner a la humanidad al borde del abismo. Parece que ya no queda nada por ver, excepto que un día los contendientes sean  autorizados  a portar un arma de fuego para utilizarla en contra de su adversario, cuando lo considere necesario. ¡No os asombréis!

¡Todo puede suceder en la tierra de la libertad y el respeto a los derechos humanos!. Por eso es imprescindible la lucha. Hay que derrumbar la injusticia y, en su lugar, construir una sociedad humana en la que merezca la pena vivir en armonía y fraternidad.

Hay que recordar a nuestro Martí:

Ya se han cansado  nuestras frentes de que se tome sobre ellas la medida de los yugos, aunque hay frentes que no se cansan de esto nunca”.  “Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y rollizos, sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo”.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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