¿Quieren ayudar al pueblo cubano?

A estas alturas de nuestros tiempos, y tras el peso brutal que Cuba viene sufriendo desde hace 60 años a consecuencia del bloqueo,  es más que evidente el macabro objetivo que persigue EE.UU. no solo contra su socialismo y gobierno, sino –y fundamentalmente- contra el pueblo rebelde que no acepta ni aceptará jamás ningún yugo o sometimiento.

Prácticamente no hay ningún discurso de cualquiera de los halcones yanquis que, con cinismo inaudito, proclame que quieren ayudar al pueblo para librarlo de un gobierno que integra el eje del mal junto a nuestros hermanos de Venezuela y Nicaragua.

¡Vaya manera curiosa y singular!  de ayudar al pueblo,  y sobre todo que lo afirme cualquier  representante del país de las guerras, las invasiones, el abuso, la injusticia, el robo de territorios y recursos, el mismo que  causó la muerte brutal a tantos miles de seres humanos con el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, para “ayudar” también al pueblo japonés; y que, en un alarde insólito de cinismo, el entonces presidente Truman, interrogado para que expresara si tenía algún arrepentimiento en su vida, aquel gran señor le respondió: “Sí, no haberme casado antes con mi esposa.”

Y todo esto sucede, como es costumbre, burlando y dando la espalda, a leyes internacionales que definen con claridad la imposibilidad de dañar a los pueblos de ninguna forma ante conflictos bélicos; todo lo cual fue determinado por la ONU tras los horrores de la II Guerra Mundial. Pero, en contraposición criminal EE.UU. se considera con derecho de instaurar, entre muchas acciones,  la odiosa Ley Helms-Burton, engendro jurídico que  posee, incluso, un carácter extra territorial. Es decir, llega a sancionar a toda nación, organismos, asociaciones etc que se atrevan a negociar con Cuba o, simplemente, que lo pretendan; porque como son los dueños del mundo se consideran con el derecho de matar de hambre a todo un pueblo y que nadie contribuya –en el ejercicio de su derecho soberano-a lo contrario.

Imagino que en cualquier momento tengan que cambiar la receta de sus discursos, porque las frasecitas demagógicas y mentirosas ya, además de ridículas, constituyen un verdadero insulto a la inteligencia humana. Al respecto vale la pena mencionar un solo ejemplo, entre muchos otros, que desnudan tanta maldad: EE.UU. con su indudable poderío impide que entren a Cuba medicamentos, equipos y material de diverso tipo, lo que obviamente incide muy negativamente en la población, con particular saña en la infancia. ¡Pero no pueden doblegarnos! ¿Por qué?, porque mientras el imperio aumenta cada día más su presupuesto para la guerra, en Cuba la salud, junto a la educación y otros rubros, obtienen, año tras año, la más alta preferencia en el presupuesto del Estado cubano.

Sin embargo, Cuba nunca fue bloqueada durante la dictadura de Fulgencio Batista, gorila millonario y sanguinario que enlutó al pueblo cubano pero, claro está, en vez de un bloqueo su gobierno gozaba de todo tipo de apoyo, no solo por su gran maridaje sátrapa-imperio, sino por el gran vínculo económico que favorecía a la pareja. Como se conoce Batista era dueño de centrales azucareros, hoteles, periódicos, centros turísticos,  y un sinfín de propiedades; pero también socio fuerte de la mafia, principalmente de la de Meyer Lansky, con casinos de juegos y  prostitución. Baste asegurar que de no haber llegado la Revolución en 1959, Cuba ya se encontraría partida en dos, de norte a sur, por el famoso Canal Vía Cuba que favorecía a millonarios yanquis, pero también convertida en paraíso de prostíbulos y salas de juego de lujo. ¿Y el pueblo? Es obvio, usted conoce la respuesta.

Claro que ni siquiera conocen a nuestro Martí; pero en ese caso debemos martillarles el cerebro con uno de sus pensamientos:

Antes de cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del sur con el mar del norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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