Trump no es el único

Lo que sucede hoy es que este señor, en su egocentrismo inaudito, ha llevado a su país a una situación límite, en una loca carrera por la supremacía del orbe, produciendo, en tal empeño, la polarización extrema de su propia nación.

Así las cosas no es  extraño que la imagen internacional de EE.UU. se haya reducido  prácticamente a cero respeto,  sirviendo de colofón el bochornoso espectáculo de sus recientes elecciones. No trataré en estas letras de señalar las “excepcionales virtudes” de este multimillonario, no solo porque resultan repugnantes, sino porque a estas alturas son muy conocidas. Por tanto, permítame, eso sí,  algunas reflexiones intentando develar la génesis de su accionar que está llevando al mundo a una verdadera catástrofe.

Es que este pobre hombrecito –la expresión es por su carencia total de virtudes- es solo un eslabón más de un sistema que desde antaño tiene partos anómalos. Es decir, él y muchos más constituyen la consecuencia de una causa fundamental: el capitalismo brutal y ciego que engendra, sobre todo, un egoísmo que no tiene límite. De modo que este Trump es una  pieza más o  versión aumentada y sin corregir, de un modo de vida que no admite paz, armonía entre los pueblos, solidaridad humana; porque las personas que abrazan tales virtudes se consideran enemigos del gran imperio, o también delincuentes, agitadores comunistas etc. Es decir, si usted aprecia el comportamiento de Estados Unidos a través del tiempo, desde 1776 hasta la actualidad, se percatará inmediatamente que no hay una sola página de su historia que no esté manchada de sangre,  dominio, o conquista.

Recorra los períodos, como simples ejemplos, de los presidentes Theodore Roosvelt y su “Gran Garrote o Bick Stick”; de James Monroe, el guía de Trump,  por aquello de “América para los americanos”, y Jhon Quincy Adams y su tristemente célebre política de “La Fruta Madura”. Pero vuelvo al primero que mencioné (Roosvelt) y analice las siguientes ideas: “Es una torpe, perversa y estúpida moralidad la que prohíbe prácticas de conquista que convierten los continentes en asientos de poderosas y florecientes naciones civilizada”. Es decir, se trata de una justificación plena a la conquista a la que ellos y solo ellos tienen derecho. Fíjese también en el empeño que siempre tuvo EE.UU. para que Europa no le arrebatara posibles dominios.

Para tal objetivo, y hasta hoy, ha utilizado  los más diversos procederes, dígase guerras abiertas o encubiertas, invasiones, orientar y llevar a cabo golpes de Estado; introducir en países “enemigos” plagas para destruir la agricultura; voladura de avión y explosión de buques (caso Cuba); bloqueos criminales; apoyo a bandas terroristas, incluyendo su protección;  y un sinfín de acciones desestabilizadoras o, simplemente, destructoras de la paz y la coexistencia civilizada entre las naciones. Y tanta barbarie es la que nos obliga a reflexionar, porque la humanidad ha llegado a un punto extremadamente peligroso: el gran poder económico en busca perenne por más y más riquezas; y el mundo pobre es la consecuencia de que nos encontremos al borde del abismo.

Resumiendo un tanto: Donald Trump no es más que una simple pieza de un engranaje mayor, cuyo objetivo supremo es la dominación a escala planetaria porque, así lo han decidido –según dicen- por obra y gracia de alguna divinidad no conocida hasta ahora. Este tipo de hombre representa algo así como la metástasis de una gran enfermedad o pandemia. Éste lo detestan millones de seres con toda razón, pero antes hubo muchos también que han sido la negación de los más ansiados intereses humanos. Vea usted, como simples ejemplos, el caso de Harry Truman y sus bombas atómicas contra el pueblo japonés; los bombardeos a Panamá; la guerra sucia contra Afganistán; el bloqueo criminal a Cuba; el apoyo incondicional al régimen de Israel que tanto sufrimiento causa al humilde pueblo palestino; en fin... tanta maldad que no cabe en estas pocas cuartillas.

Vale la pena, finalmente, lo que en cierta ocasión manifestó Barack Obama, considerado por algunos como el presidente “menos malo”. Dijo creer en: “lo excepcional de Estados Unidos, y lo hacía convencido en cada fibra de su ser”; “quienes argumentan que EE.UU. está en declive y perdiendo su liderazgo global malinterpretan la historia”; “EE.UU. debe liderar el escenario mundial, si no lo hacemos nadie más lo hará”; “usarán la fuerza militar de manera unilateral si es necesario”.

Cesen los soberbios  y cesará la necesidad de levantar a los humildes”. José Martí.

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