Las sombras sobre la realidad

A estas alturas está más que demostrado que al gran mundo rico le interesa, como objetivo básico, que las personas pierdan gradualmente la percepción de las grandes realidades tan lamentables que sufre el mundo, porque la perversidad más inaudita se enseñorea para esconder la enorme injusticia que reina en nuestro mundo.

Díagase guerras, robos, bombardeos contra pueblos infelices, golpes de estado, hambre, racismo, insalubridad, analfabetismo, niños convertidos en obreros en labores peligrosas, niñas empujadas a la prostitución por mentes putrefactas, desapariciones forzosas,  y muertes, muchas muertes en una carrera sin fin, son solo algunos ejemplos de un siniestro cuadro.

Y ante nosotros se presenta un gigante extraordinario de una fuerza verdaderamente colosal: internet, celulares, y cualquier otro medio que produce dos características muy bien definidas; de una parte –imposible negar- un beneficio evidente cuando se trabaja honestamente para producir conocimientos vitales en ámbitos culturales, políticos, económicos, sociales, etc. Pero, de otro lado, escondido tras bambalinas, aparece el monstruo para continuar haciendo daño, porque es una manera de continuar aumentando la gran bolsa de dólares.

Es algo así como lo advertido por nuestro Martí: “…el tigre regresa agazapado: No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima”.

Confieso que me causa una gran preocupación apreciando cómo hoy millones de seres  les resulta imposible, por ejemplo, prescindir de su móvil. Le he preguntado a una muchachita qué le sucedería si perdiera su celular y su respuesta increíble fue que “no lo concibe, me parece que estoy como muerta”; una pareja joven sentados en el muro del Malecón –que servía para el lógico romance- ahora es lugar ideal “para conectarse”; un juego de futbol donde muchos espectadores han dejado de lado la emoción de tal deporte solo para ocuparse también del aparatico. Digo más, he podido comprobar cómo un niño portando una memoria flash la instalaba en la computadora para “disfrutar” de un juego verdaderamente sangriento y apreciar como un bandido le golpeaba la cabeza a una pobre mujer y después contemplaba un verdadero charco de sangre.

Como es conocido por internet se puede conocer, desde asuntos realmente muy valiosos hasta chismes y pornografía. Y digo más. Usted no lo sabe, pero es blanco de vigilancia, se quiere saber su profesión, sus gustos, su filiación política y un sinnúmero de datos verdaderamente impresionantes, o dicho en otras palabras, está siendo vigilado.

Sé que a usted, apreciado (a) lector (a) no le he descubierto nada nuevo, e incluso le pido disculpas por ello. Pero lo que sí considero la sustancia principal del tema es que con la utilización de las redes sociales el gran poder económico de este mundo logra intervenirle su mente, despersonalizarlo, hacerlo incapaz de comprender las causas que producen tanta desgracia en este mundo y, sobre todo, causarle el daño de la evasión: “a mí no me importa la política”, “qué vamos a hacer”, “el mundo es así”.

Me permito reproducir unas notas que recién he leído: “las redes sociales son un experimento para alterar nuestra psicología e interacciones sociales, siendo los niños los principales conejillos de indias”, “sus mentes están siendo reconfiguradas para mantener su atención y después domesticarlos para que las corporaciones les vendan más cosas” ; “lo que realmente venden las grandes corporaciones como Google es el cambio gradual y casi imperceptible  de la conducta y percepción, así estas corporaciones  ganan dinero: cambiando lo que haces, lo que piensas, lo que eres”. Y qué decir del enorme daño que, a  través de las redes sociales,  el imperio y sus secuaces  causan a pueblos y gobiernos para obligarlos a la mansedumbre y la obediencia, renunciando  a sus aspiraciones de justicia y paz.

Sé que el tema es verdaderamente complejo. No obstante, solo solicito que lo dicho aquí sirva para la más serena reflexión. No soy enemigo a ultranza del desarrollo, pero sí de la maldad que se esconde a su espalda. Pero, por otra parte, ¿a qué llaman desarrollo?, ¿será miles de rascacielos y automóviles o armas sofisticadas para la muerte? No. Desarrollo es exactamente lo contrario que persigue el gran capital.

Es, en última instancia lo que nos dice nuestro maestro mayor:

No sé de venganza más dulce que la de producir una obra superior aún, a la que nos critican”. José Martí

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