Obama, Ulises y las sirenas

Unas horas antes de partir de La Habana, el presidente Obama dijo que había venido a dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría. Con un discurso seductor e inteligente, también se apropió de Martí para extender una mano franca como la de los repetidos versos.

Incluso fue más lejos en su marketing político y hasta reconoció algunos éxitos de la Revolución Cubana y proclamó su respeto por nuestra soberanía y autodeterminación.

En poco más de media hora, Obama trató de hacer borrón y cuenta nueva con una centenaria historia de desencuentros que es imposible dejar a un lado ¿Cómo olvidar una sucesión de agravios que han costado lágrimas y mucha sangre? ¿Dónde poner las intervenciones militares, el expolio y las agresiones? Y sobre todo, ¿cómo soslayar que la Revolución Cubana ha sido el principal cambio que ha vivido esta sociedad?.

Con el equipaje lleno de su proverbial y cautivador carisma se fue de Cuba el presidente de Estados Unidos para marcar un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales.
Aquí Obama pidió cambios, pero olvidó explicar por qué se mantienen los fondos millonarios para la subversión interna o las transmisiones ilegales de Radio Martí.

Abogó por los derechos humanos, pero ni mencionó a los presos que están sin derechos legales en Guantánamo y, dicho sea de paso, ni se refirió a ese territorio cercenado a nuestro país.

Es verdad que fue respetuoso y hasta simpático, pero, dicho sea con toda honestidad, al presidente se le olvidaron muchas cosas o las soslayó con toda intención. En definitiva, la visita fue un paso de avance que ayuda a bajar viejas tensiones, pero también fue un canto de sirena, como aquellos que trataron de hacer naufragar a Ulises.

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